Las elecciones Francia 2027 arrancan con un movimiento relevante en la izquierda: Olivier Faure, primer secretario del Partido Socialista francés, ha confirmado que peleará por el Elíseo. La decisión no era un secreto, pero convierte en realidad una candidatura que tendrá que superar primero las primarias de la izquierda y, sobre todo, una doble presión: las encuestas de Marine Le Pen y de Jean-Luc Mélenchon.
El PS se mide en primarias: Faure contra la hegemonía de Glucksmann
Según la agencia Efe, Faure anunció su candidatura este domingo por la noche en TF1, con una declaración clara: ‘Soy candidato a la presidencia de la República porque quiero una Francia más justa’. El líder socialista, de 58 años, añadió que el mandato de Emmanuel Macron ‘ha sido un desastre’. La frase sitúa su campaña en la ruptura con el macronismo y en la pelea por reagrupar a una izquierda que hoy aparece fragmentada en varias plataformas electorales.
El formato elegido es la primera vez que Faure se somete a unas primarias presidenciales con otras formaciones. En 2022 cedió el paso a la entonces alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que obtuvo un 1,7% y hundió al partido. Ahora el favorito de esas primarias es el eurodiputado Raphaël Glucksmann, líder de Plaza Pública. Faure, preguntado por la ventaja de Glucksmann, respondió: ‘Los sondeos son los sondeos y las elecciones son las elecciones’.
Calendario, candidatos y la sombra de Hidalgo en la izquierda francesa

Las primarias de la izquierda se celebrarán durante dos fines de semana de octubre, el 9 y 10 y el 16 y 17. Junto a Faure y Glucksmann competirán algunos barones socialistas como Jérôme Gedj, Emmanuel Maurel y Philippe Brun, además de la exministra Ségolène Royal, que ya fue candidata al Elíseo en 2007.
Quien no participará en las primarias es el expresidente François Hollande, de 72 años. Mantiene viva su ambición de ser candidato directamente en las presidenciales del 18 de abril y 2 de mayo de 2027. La doble vía socialista —primarias frente a candidatura directa— muestra la dificultad del PS para cerrar una candidatura única y competir con una izquierda radical más disciplinada.
France 24 recoge que la extrema derecha y la izquierda radical lideran los sondeos: Le Pen domina la primera vuelta y Mélenchon aparece como el único líder de izquierda con opciones reales de llegar a la final. Faure intentó enfriar el debate sobre un acuerdo con el líder de La Francia Insumisa: ‘No hay acuerdo posible’, dijo, porque ambos son candidatos; pero acto seguido lanzó un ‘cada cosa en su tiempo’ que deja abierta una alianza en segunda vuelta.
Sin una izquierda unida, la segunda vuelta puede quedar secuestrada por los dos polos que más tensan el marco comunitario francés.
El Eje del Poder Europeo
La disputa por el Elíseo no es solo francesa: define la capacidad de la UE para sostener el eje franco-alemán y evitar un desplazamiento brusco del tablero comunitario. Marine Le Pen encarna un desafío al núcleo de la integración europea; su presidencia podría llevar al repliegue nacional de Francia en temas clave como el presupuesto de la UE y la política migratoria. Jean-Luc Mélenchon representa otra fractura, más orientada a impugnar el Pacto Verde y el equilibrio fiscal desde una lógica social.
Para España, el resultado puede condicionar la agenda mediterránea y la gestión de los fondos europeos. Moncloa ha aprendido a negociar con París bajo el macronismo; una Francia gobernada por la extrema derecha no solo ralentizaría la agenda comunitaria, sino que debilitaría el contrapeso del sur frente a Berlín. El precedente de 2002, cuando Jean-Marie Le Pen entró en la segunda vuelta y la izquierda tuvo que votar a Chirac, vuelve a planear sobre la política francesa.
Berlín sigue con cautela el ascenso de Le Pen. La experiencia de la crisis migratoria de 2015 y la guerra de Ucrania ha demostrado que sin París no se cierran los expedientes energéticos ni los presupuestos. Si Francia opta por una presidencia hostil al marco comunitario, la UE perderá al socio que, junto con Alemania, ha sostenido la ampliación y la política industrial europea desde el Tratado de Maastricht.
Lo que observamos es un Partido Socialista atrapado entre la moderación europeísta de Glucksmann y la necesidad de no quedarse fuera de la posible alianza con Mélenchon. Faure apuesta por existir en primera vuelta, pero su candidatura también sirve para impedir que la izquierda se anime a elegir un candidato único demasiado pronto. El pulso real no es solo entre Faure y Glucksmann: es sobre si la izquierda francesa será capaz de formar un dique electoral creíble antes de las elecciones Francia 2027.
La próxima ventana crítica son las primarias de octubre. Si el PS no consolida una candidatura competitiva, la dinámica de la campaña presidencial quedará dominada por los dos polos que hoy están al frente de los sondeos. El Elíseo se decidirá dentro de algo más de siete meses, y Bruselas lo sabe: ninguna cumbre del Consejo Europeo puede planificarse al margen de lo que suceda en Francia.

