Montejo de la Sierra vuelve a ser, un año más, el destino de otoño más codiciado de la Comunidad de Madrid. A poco más de 100 kilómetros de la capital y con un trayecto de hora y media en coche, el hayedo que da nombre al pueblo empieza a preparar su transformación anual: la que convierte sus hayas en un mar de amarillos, ocres y naranjas durante apenas unas semanas.
No es una escapada improvisada. El acceso está limitado por ley desde hace décadas, así que quien quiera verlo en su mejor momento necesita moverse con antelación. Aquí te contamos cuándo ir, cómo conseguir la entrada y qué te vas a encontrar si lo logras.
Montejo, el bosque que solo se ve unas semanas al año
El hayedo de Montejo ocupa 250 hectáreas en las laderas de la sierra de Ayllón, dentro del término municipal de Montejo de la Sierra. Es un bosque de hayas —árbol propio de climas centroeuropeos, no mediterráneos— que sobrevive aquí gracias a un microclima muy particular: la humedad que capta la ladera umbría ha permitido que estas hayas se mantengan desde épocas postglaciales.
Aunque puede visitarse todo el año, es entre mediados de octubre y mediados de noviembre cuando el paisaje alcanza su punto álgido. Las hojas pasan del verde al amarillo, luego al ocre y finalmente al marrón intenso, en un proceso que los guías del centro de información describen como progresivo y cambiante semana a semana.
Un tesoro protegido desde 1974
El Montejo que hoy visitan miles de personas cada otoño fue declarado Sitio Natural de Interés Nacional ya en 1974, mucho antes de que el turismo de naturaleza se pusiera de moda. Desde entonces, el acceso nunca ha sido libre: solo se puede entrar mediante visitas guiadas gratuitas, gestionadas por el Centro de Información de la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón. El hayedo forma parte, además, de la extensión de los Hayedos Primarios de los Cárpatos y otras regiones de Europa, distinción otorgada por la Unesco en 2017.
Un dato que sorprende a muchos visitantes: no es el hayedo más meridional de Europa, como suele repetirse. Ese honor corresponde a un bosque situado en la ladera sur del Etna, en Sicilia. Aun así, sigue siendo uno de los ejemplos más singulares del sur del continente, y el hecho de sobrevivir tan lejos de su hábitat natural es parte de lo que lo hace único.
Cómo conseguir entrada sin quedarte fuera
Las plazas se reparten por un sistema de solicitud previa: quien quiera visitar la primera quincena de un mes debe pedirlo entre los días 16 y 20 del mes anterior, y el sistema sortea aleatoriamente el orden de asignación. También existe la opción de conseguir pase presencial el mismo día, aunque los cupos son mucho más reducidos y conviene llegar temprano al centro de información en Montejo de la Sierra.
Entre semana se permiten unas 10 visitas diarias, mientras que los fines de semana la cifra sube a 65. Durante octubre y noviembre, ante la altísima demanda, también se habilitan visitas los lunes, algo que no ocurre el resto del año.
Qué encontrarás dentro del bosque
Una vez dentro, el recorrido dura entre una hora y hora y media, siempre acompañado por un educador ambiental. Las rutas más habituales —la Senda del Río y la Senda de la Ladera— son sencillas y aptas para toda la familia, mientras que la Senda del Mirador exige algo más de esfuerzo físico. En ningún caso se puede salir del camino marcado, ni recoger plantas, setas o ramas: la fragilidad del ecosistema es la razón de fondo de todas estas restricciones.
Antes de planear la visita conviene tener en cuenta estos puntos:
- Llegar en coche propio, ya que no existe transporte público directo hasta el hayedo.
- Llevar calzado de trekking y ropa de abrigo, porque la humedad hace que la temperatura sea sensiblemente más baja que en Madrid capital.
- Reservar con semanas de antelación en temporada alta, especialmente los fines de semana de octubre y noviembre.
- Evitar las horas punta, optando por días laborables si el horario lo permite.
Un ecosistema con nombre propio
Dentro del hayedo hay ejemplares centenarios que los guías bautizan con nombre propio, como la Primera, la del Trono o la del Ancla. La más admirada de todas es la haya de la Roca, que supera los 250 años de vida y se ha convertido en una parada obligada del recorrido.
Además de las hayas, el bosque alberga robles, cerezos silvestres, acebos y abedules, y una fauna variada que incluye corzos, jabalíes, tejones e incluso el esquivo gato montés. Es precisamente esta biodiversidad, sumada al reducido tamaño del espacio, lo que obliga a mantener el férreo control de aforo que caracteriza a Montejo desde hace medio siglo.
Lo que viene: un otoño con más presión que nunca
Cada año la demanda de plazas crece, y todo apunta a que este otoño no será una excepción. El boca a boca, sumado a la proyección en redes sociales de sus colores otoñales, ha convertido lo que antes era un secreto entre senderistas en un destino que se agota con semanas de antelación.
La buena noticia es que el sistema de reservas, pese a la presión, sigue garantizando el acceso gratuito y ordenado que ha permitido conservar este espacio durante más de cincuenta años. Si tienes pensado ir, el consejo de quienes ya lo han hecho es simple: muévete pronto, entra al sistema de solicitud en cuanto se abra el plazo del mes que te interese, y ten un plan B de fechas por si el sorteo no te favorece a la primera.


