Las gambas en papillote en 5 minutos: la cena rápida, sabrosa y sin ensuciar que salva cualquier miércoles

Una cocción dentro del paquete de aluminio sella el vapor y concentra su sabor sin añadir grasas. El resultado es un plato limpio, listo en cinco minutos y con una sola bandeja que limpiar.

Las gambas en papillote llegaron un martes en el que no quería ni oler la sartén. No había ganas de freír, ni de limpiar salpicaduras, ni de enfrentarme a una cena de pescado que dejara la cocina oliendo a fritanga.

La técnica no puede ser más simple: metes las gambas dentro de un paquete cerrado, el horno hace el trabajo y el vapor se encarga de cocinarlas sin que pierdan ni una gota de jugo. La primera vez que las hice, impaciente, abrí el paquete a los tres minutos y acabé devolviéndolas al horno; ahora sé que el cierre y el tiempo son las dos únicas cosas que importan.

El secreto del éxito

  • El paquete sellado: si cierras bien los bordes, el vapor no escapa y las gambas se cuecen en su propio jugo, no en una cama de grasa.
  • El aceite en dos capas: pintar el papel y las gambas evita que se peguen y crea una película que retiene el sabor.
  • Justo cinco minutos: a 180 ºC, ni uno más. En cuanto cambien de color y se hinchen ligeramente, sácalas del horno.

Ingredientes

  • 500 g de gambas (frescas o descongeladas)
  • Sal gruesa al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra, un buen chorro

Paso a paso

Calienta el horno a 180 ºC mientras montas el paquete; no necesita más temperatura para unas gambas tan delicadas.

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Extiende una lámina de papel de aluminio sobre la bandeja y pincélala con aceite de oliva. Coloca las gambas en fila, sin amontonar, y vuelve a pintar la superficie con un poco más de aceite. Remata con sal gruesa, uno de los detalles que potencia el sabor marino.

Cierra el aluminio formando un sobre y dobla bien los bordes. El cierre importa más de lo que parece: si hay una fisura, el vapor se escapa y las gambas quedan secas.

El vapor no es un capricho: es el único fuego que debería tocar unas gambas delicadas.

Mete la bandeja en en el horno y hornea durante cinco minutos exactos. Abre el paquete con cuidado porque saldrá un golpe de vapor y ese aroma a mar te dice que la cena ya está lista.

Sirve las gambas directamente en la mesa, con el propio papel como fuente. Prueba a acompañarlas con patatas baby asadas con mantequilla, una ensalada de alubias con berros, cherry y ventresca, o verduras a la plancha.

Variaciones y maridaje

Para beber, un albariño fresquito o una manzanilla de Sanlúcar respetan la delicadeza del marisco sin taparlo. Es mejor no arriesgar con tintos; este plato pide blancos o generosos secos.

En airfryer, coloca el paquete bien sellado en la cesta a 180 ºC durante cinco o seis minutos; la convección hace el mismo trabajo sin encender el horno. No abras antes de tiempo, o el vapor se escapa.

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Estas gambas no guardan bien recalentadas, porque el marisco se apelmaza. Si sobra, pélalas y enfríalas para una ensalada fría al día siguiente.