Trump prepara una fuerte rebaja de los estándares de emisiones de Biden y agranda la brecha con la UE

La NHTSA rebajará la media exigida en 2031 de 50,4 a 34,5 millas por galón. La decisión reduce unos 930 dólares el precio del coche nuevo y amplía la distancia con las normas CO2 europeas.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El secretario de Transporte, Sean Duffy, anunció el lunes que la administración Trump rebajará los estándares federales de consumo. La propuesta de la NHTSA recorta el objetivo medio de 2031 de 50,4 a 34,5 millas por galón.
  • ¿Quién está detrás? La NHTSA y la Casa Blanca, con el respaldo del Congreso de mayoría republicana, que ya eliminó multas y el crédito fiscal al coche eléctrico en 2025.
  • ¿Qué impacto tiene? Un coche nuevo costaría unos 930 dólares menos, pero se consumirían 100.000 millones de galones más hasta 2050 y crecería la distancia con las normas de CO2 europeas.

Donald Trump prepara una rebaja profunda de los estándares federales de consumo que dejó Joe Biden. La NHTSA, la agencia federal de seguridad vial y consumo, proyecta un objetivo medio de 34,5 millas por galón para 2031, frente a las 50,4 exigidas hasta ahora. La señal reglamentaria es la más clara en cuatro años.

El anuncio lo hizo el lunes el secretario de Transporte, Sean Duffy, durante un acto en Michigan, el corazón industrial de Detroit. Traducción libre de su mensaje: nada de mandatos federales. ‘Queremos que Detroit construya los coches que los estadounidenses quieren comprar, no los coches que los demócratas quieren que Washington imponga’, afirmó.

La propuesta, difundida en diciembre por la NHTSA, no solo fija la media de 2031. También rebaja el estándar que se aplicaba desde 2022 y limita las subidas anuales a una horquilla de entre el 0,25% y el 0,5% hasta 2031. Con Joe Biden, las exigencias crecían un 8% anual en 2024 y 2025, un 10% en 2026 y un 2% anual a partir de 2027.

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El objetivo declarado es abaratar el coche nuevo. La propia agencia calcula un precio inferior en unos 930 dólares por vehículo. La factura llega después: 100.000 millones de galones adicionales hasta 2050 y un 5% más de emisiones de CO2. El encarecimiento del combustible asociado ronda los 185.000 millones de dólares.

Washington ya ha hecho movimientos legislativos en la misma dirección. En 2025, el Congreso eliminó las multas federales para los fabricantes que no alcanzaran los objetivos, acabó con el crédito fiscal de 7.500 dólares para coches eléctricos y revocó el permiso de California para prohibir la venta de coches nuevos de gasolina a partir de 2035. California ha llevado esa revocación a los tribunales.

Detrás del ajuste hay una decisión estratégica: devolver a Detroit la libertad de fabricar según la demanda, asumiendo más consumo y más emisiones.

Así queda el estándar y qué cambia con Biden

El cambio no se limita a 2031. La propuesta también se aplica de forma retroactiva al estándar de 2022, lo que otorgaría a los fabricantes créditos de cumplimiento adicionales que podrán arrastrar a ejercicios futuros. La industria de Detroit lo lee como un balón de oxígeno: cada ejercicio fuera de objetivo dejaba de estar penalizado en la práctica.

Para entender la magnitud conviene traducir las cifras al consumo europeo. Las 50,4 millas por galón de la era Biden equivalen a unos 4,7 litros a los cien kilómetros; las nuevas 34,5 se acercan a 6,8 litros. No es un simple ajuste técnico, es un cambio de régimen regulatorio.

El coste para el bolsillo y el desacople con Europa

El alivio inmediato está en el concesionario: 930 dólares menos por coche nuevo según las proyecciones de la NHTSA. La contrapartida es estructural: más consumo de combustible, más gasto para las familias y un repunte de emisiones.

La brecha con la Unión Europea no es semántica. Bruselas mantiene objetivos de CO2 para turismos y furgonetas cada vez más estrictos, mientras Washington relaja las exigencias de economía de combustible. Eso tensa a los fabricantes globales que operan en ambos mercados. Y ahí entran las plantas españolas de componentes en en Michigan y Tennessee, como las de Gestamp o CIE Automotive, que siguen el texto final con atención.

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Para la industria española de automoción, la relajación americana no es una victoria automática. Vende en dos mercados con exigencias opuestas y no puede fabricar a dos velocidades sin asumir costes adicionales. Es el mismo dilema que afrontan los grandes grupos europeos con presencia en Estados Unidos.

La Lógica de Washington

Detrás de la relajación hay una apuesta electoral y económica muy concreta. Trump quiere abaratar el coche nuevo, proteger el empleo industrial de Michigan, Ohio y Pensilvania, y devolver a Detroit la capacidad de responder a la demanda real del consumidor. Su coalición en el Partido Republicano ya no se siente identificada con los mandatos federales de electrificación.

El precedente histórico es claro: Ronald Reagan congeló los estándares de consumo en los años ochenta para dar aire a Detroit, y el propio Trump ya revirtió en 2020 las normas de Obama. Washington está repitiendo el mismo manual que entonces. La diferencia con Europa no es solo técnica, es doctrinal: la administración americana entiende la regulación como una carga y no como una palanca industrial.

Para España, la lectura es doble. Por un lado, los proveedores españoles instalados en el Medio Oeste pueden verse beneficiados por menores costes regulatorios. Por otro, el desacople transatlántico de estándares complica la planificación de las plantas europeas que exportan a Estados Unidos. La próxima ventana será la publicación de la regla definitiva de la NHTSA. Ahí se verá si la industria europea negocia una equiparación o asume un mercado a dos velocidades.

Ficha del Caso

  • El caso: La administración Trump prepara una rebaja de los estándares federales de consumo para coches y camiones ligeros, deshaciendo el marco dejado por Joe Biden.
  • Datos clave: Media de 2031: 34,5 mpg frente a 50,4 mpg. Aumentos anuales del 0,25%-0,5% frente al 8%-10% de Biden. Ahorro de 930 dólares por coche nuevo y 100.000 millones de galones más de combustible hasta 2050.
  • Para España: La brecha regulatoria con la UE se agranda y plantea un dilema a la industria de componentes y a los fabricantes con operaciones en ambos mercados. La próxima regla definitiva de la NHTSA será la referencia.