Rusia intensifica sus operaciones encubiertas en Europa con un intento de asesinato en Varsovia, según el Soufan Center.
El centro de estudios de Washington sostiene que un agente del Kremlin intentó asesinar en agosto a un estadounidense de origen ucraniano en Varsovia. Le adelanto que la fuente pide cautela: se trata de una afirmación por verificar, sin confirmación oficial ni detención comunicada. La trama fue desbaratada, pero el episodio confirma una lógica operativa cada vez más descarnada en suelo europeo.
La denegabilidad plausible está siendo sustituida por señales abiertas. El informe cita la visita del director de la CIA, John Ratcliffe, a Moscú la semana pasada como un gesto de alarma: antes de detenerse en el Kremlin hizo escala en Riga, en solidaridad con los países bálticos. Lo vengo repitiendo desde hace meses: la frontera entre operaciones encubiertas y hostilidad declarada se está disolviendo.
Un intento de asesinato en Varsovia y la lógica del agente desechable
El movimiento no es gratuito. Moscú busca compensar su desventaja estratégica en Ucrania: Kiev cuenta con profundidad defensiva y apoyo logístico europeo; Rusia, no. Por eso recurre a agentes desechables, sabotajes de bajo coste y campañas de desinformación. La intención es clara: hacer que a la OTAN le duela cada vez más seguir armando a Ucrania.
En esta escalada, los incidentes no buscan ocultar su origen del todo. Las autoridades británicas detectaron mensajes cruzados tras el empleo de misiles Storm Shadow por parte de Ucrania contra territorio ruso. Moscú denunció al Reino Unido y se declaró con derecho a responder contra objetivos británicos, dentro y fuera de Ucrania.
Un ex viceministro de Exteriores ruso, Andrei Federov, insinuó incluso que los fabricantes de drones británicos podrían convertirse en objetivo de fuentes ‘desconocidas’. Dicho de otra forma: la negación plausible ya no se sostiene. Me consta que en las cancillerías de Europa del Este se lee con preocupación, porque normaliza el asesinato como herramienta de política exterior.
La denegabilidad plausible se está convirtiendo en un lujo que Moscú ya no se molesta en preservar.
El historial de sabotajes: del dron explosivo en Leipzig al incendio en Estonia
El patrón no se limita a Varsovia. En Alemania, las autoridades creen que Rusia colocó un dron cargado de explosivos en el aeropuerto de Leipzig, probablemente contra un carguero ucraniano. En Estonia, el fabricante de drones Milrem Robotics sufrió un incendio provocado que se atribuye también a Moscú. Son operaciones baratas, pero imponen costes desproporcionados a los objetivos.
Si usted revisa el historial reciente, la escalada es evidente. Los expertos, consultados por el Soufan Center advierten de que llamar ‘híbridos’ a estos incidentes puede restarles gravedad: son cada vez más cinéticos y claramente atribuibles a Moscú. La clasificación lo cambia todo. El lenguaje condiciona la respuesta de los servicios.
La paradoja es que la agresividad rusa está uniendo a Europa. Los discursos alineados con el Kremlin ganaron tracción entre la derecha radical durante años, pero la brutalidad de los atentados ha consolidado el apoyo a Ucrania en casi todo el arco político. Donde Moscú sí avanza es en la división de la OTAN, sobre todo con Washington ensimismado y despegado de la alianza.
Dossier Moncloa: Ojos en la Sombra
Mi lectura es clara. La guerra híbrida que se veía como una teoría académica es ya una doctrina operativa con asesinatos y sabotajes en el territorio de la Unión. El vector de amenaza es doble: infiltración HUMINT —agentes reclutados o enviados con misiones letales— y acciones de sabotaje con medios técnicos sencillos pero eficaces. No se equivoque conmigo: no es ciberguerra sofisticada; es violencia física con intermediarios.
Las agencias implicadas son los servicios rusos, presumiblemente el FSB o el GRU, sin que el Soufan Center precise la atribución interna. Los defensores son los servicios de inteligencia de Polonia, Alemania, Estonia y el Reino Unido, con la OTAN como paraguas. Los terceros son la CIA, que envió a su director a Moscú, y los servicios aliados, incluido el CNI español, que monitoriza estos movimientos sin estar directamente en el plano operativo. A juzgar por la naturaleza del material, estimo que el nivel de clasificación de las comunicaciones intervenidas estaría entre Confidencial y Secreto.
Le pongo un contexto histórico. Moscú lleva al menos desde 2006 —el asesinato de Alexander Litvinenko en Londres con polonio-210— empleando la liquidación selectiva en territorio europeo. El intento de Salisbury contra Serguéi Skripal en 2018, con Novichok, confirmó que el método no era un residuo de los años noventa. Cada nueva operación sobrevive a la anterior en descaro. Yo lo tengo escrito en El quinto elemento: el próximo ataque masivo no vendrá de un ejército regular, sino de una acción que empiece como un incidente aislado.
No veo motivos para esperar una invasión directa de la OTAN, y ahí coincido con el Soufan Center: a Moscú le interesa más el equilibrio asimétrico. Lo que sí anticipo es más presión sobre la frontera este y más incidentes con agentes desechables. La próxima prueba será la respuesta de los servicios europeos: si empiezan a tratar estos crímenes como actos de guerra y no como notas policiales, el cálculo ruso cambia. La mayoría de los incidentes europeos tiene una atribución rusa cada vez más clara.

