Merz se juega las regionales del 20-S: la CDU en caída libre en Mecklemburgo y Berlín

La AfD llega como favorita en Mecklemburgo-Antepomerania y Berlín tras el 43,8% de Sajonia-Anhalt. La debilidad del canciller alemán amenaza con restar peso a Alemania en el Consejo Europeo y complica los equilibrios con España.

El canciller alemán Friedrich Merz afronta las regionales del 20-S con la CDU en caída libre y la AfD al alza.

El doble examen del 20-S: la CDU frente a sus demonios

La debacle en Sajonia-Anhalt el pasado domingo no fue un aviso: fue un terremoto. La AfD se impuso con el 43,8% de los votos en un ‘land’ de 2,1 millones de habitantes, según el recuento provisional difundido por los medios alemanes. La CDU, el partido del canciller, quedó lejos y encara la doble cita del 20 de septiembre con sondeos que huelen a catástrofe.

En Mecklemburgo-Antepomerania, la CDU caería al 7%, frente al 13,3% de 2021. En Berlín rondaría el 21%, lejos del 28,2% de 2023. La AfD lidera el primer territorio con el 37% de intención de voto, mientras el SPD de Manuela Schwesig recorta hasta el 34%. En la capital, Die Linke encabeza con el 23% gracias al tirón de Elif Eralp, que podría convertirse en la primera alcaldesa gobernadora de izquierda.

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La popularidad de Manuela Schwesig, que centra su campaña en presentarse como dique contra la ultraderecha, podría concentrar el voto útil. No es del todo descartable que en una semana la socialdemócrata consiga adelantar a la AfD en Mecklemburgo-Antepomerania.

La fragmentación no es lo peor para la CDU. La impopularidad del canciller se ha convertido en un lastre estructural. Una encuesta del instituto INSA publicada por Bild sitúa en solo el 14% el porcentaje de alemanes que consideran a Merz la persona idónea para el cargo.

Julia Reuschenbach, politóloga de la Universidad de Hamburgo, describe el resultado de Sajonia-Anhalt como ‘un verdadero terremoto para la CDU’. Y añade: ‘La CDU ahora tiene una imagen de partido perdedor con la que debe lidiar; es increíblemente impopular a nivel federal, y el canciller es más impopular que nunca’. La AfD, explica Reuschenbach, ‘persigue explícitamente el objetivo de destruir a la CDU’.

La crisis de la CDU no se agota en Alemania: un canciller sin crédito interno difícilmente podrá ejercer de contrapeso en el Consejo Europeo.

Reacciones y fantasmas internos: la sombra de Wüst

AfD

Merz reaccionó el lunes con un ‘rendirse no es una opción’ y el miércoles acusó a Alice Weidel de usar el término ‘remigración’ como sinónimo de limpieza étnica. La AfD anunció una denuncia judicial. Pero en la CDU el debate va por otro carril: la supervivencia electoral y el liderazgo.

El nombre de Hendrik Wüst, presidente de Renania del Norte-Westfalia, circula desde verano como posible sustituto. Wüst desmiente, pero el runrún persiste en Berlín y en Bruselas. La cancillería no es un cargo que sobreviva a dos elecciones regionales desastrosas con un líder en el 14% de aprobación.

En Mecklemburgo-Antepomerania hay diputados democristianos que temen no superar el umbral del 5% y desaparecer del Parlamento regional. En Berlín, la CDU no repetirá la alcaldía: Kai Wegner no se presenta y el partido perderá ese bastión.

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El canciller intentó subir el tono el miércoles en el Bundestag, pero la AfD no se movió. La denuncia contra Merz por calumnias es más ruido que riesgo jurídico inmediato; lo relevante es que la CDU llega al 20-S con un relato defensivo en plena crisis de identidad.

El Eje del Poder Europeo

Lo que ocurra el 20-S no se quedará en los parlamentos regionales. El impacto se trasladará al Consejo Europeo, donde Alemania sigue siendo el socio imprescindible para desbloquear presupuestos, sanciones, migración y defensa. Si Merz llega a la próxima cumbre tocado o con un partido en rebeldía, el eje franco-alemán pierde capacidad de arrastre.

Para España, el debilitamiento de Merz tiene una lectura geopolítica directa. Moncloa necesita un Berlín previsible para negociar la agenda económica y migratoria, y para contener las posiciones de los países frugales del norte. Un canciller acorralado por la AfD puede verse tentado a endurecer su discurso migratorio o a frenar los avances en defensa común, algo que sí altera los equilibrios en en el Consejo Europeo.

La politóloga Reuschenbach recuerda que 10,3 millones de alemanes votaron a la AfD en las generales de 2025. ‘Dada la historia de este país, el mero hecho de que un partido de extrema derecha haya ganado con tan alto porcentaje unas elecciones regionales representa una ruptura con el pasado. Esto no había sucedido desde 1945’. El matiz importa: la democracia alemana sigue siendo sólida, pero la CDU ha dejado de ser el ancla de contención.

La comparación con 2025 no es gratuita. La AfD no solo gana elecciones; está devorando al partido que durante décadas estructuró la derecha alemana y europea. Si la CDU cae por debajo de umbrales críticos en Mecklemburgo-Antepomerania, el centro-derecha comunitario pierde a su referencia más estable, y el PPE tendrá que decidir entre imitar tonos ultras o aislarse aún más.

La próxima ventana crítica será el Consejo Europeo ya otoñal, donde la agenda migratoria y la ampliación de la Unión exigen una Alemania con autoridad. Si el canciller sigue atado a su supervivencia interna, España y el resto del sur europeo pueden verse obligados a negociar con un Berlín errático o, peor, con un Berlín ausente.