1Firmas un contrato de temporada: el truco para que no tengas derecho a renovación
El contrato de temporada existe en la Ley de Arrendamientos Urbanos para cubrir necesidades transitorias reales: un curso de estudios, un traslado laboral con fecha de fin, un tratamiento médico. Pero se ha convertido en el disfraz favorito para alquilar una vivienda a quien busca hogar estable sin darle ninguno de los derechos de la residencia habitual. La mecánica es simple: el casero ofrece once meses bajo la etiqueta de «temporada», una figura que, al tratarse de un uso distinto del de vivienda, se rige por la voluntad de las partes y queda fuera de la prórroga obligatoria de cinco o siete años que la LAU reserva al arrendamiento permanente. Cuando el plazo se agota, el propietario puede no renovar, encadenar otro contrato corto o subir la renta sin tope, mientras el inquilino, que vive ahí todo el año con sus hijos y su trabajo, no tiene ningún derecho a quedarse. El resultado se mide en cifras: en Barcelona, estos contratos llegaron a rozar el 32% de los nuevos alquileres en 2024, un salto que no responde a más estudiantes o desplazados, sino a la huida de los caseros hacia una fórmula sin prórrogas ni control de precios.
Lo que muchos firmantes ignoran es que el título del documento no decide nada: la ley y los tribunales miran el uso real de la vivienda. Si usted reside allí de forma permanente, está empadronado y tiene arraigo laboral en la ciudad, ese contrato «de temporada» es en fraude de ley y puede impugnarse para que se reconvierta en vivienda habitual, con prórroga de cinco o siete años y, en zona tensionada, tope de renta. Cataluña ya ha blindado esa vía: el Decreto Ley 1/2025 invierte la carga de la prueba, de manera que si el arrendador no acredita con documentos la causa de la temporalidad, se presume que el alquiler es permanente, con sanciones que en los casos muy graves alcanzan los 900.000 euros. A escala estatal, la proposición de ley que ya se tramita en el Congreso plantea que cualquier contrato que supere los nueve meses o encadene más de dos renovaciones consecutivas se considere vivienda habitual desde el primero. Quien haya firmado uno de estos papeles por pura desesperación conserva, aunque no lo sepa, la posibilidad de reclamar la reconversión y la devolución de lo pagado de más.
