La ampliación del Museo Thyssen sumará 10.000 metros cuadrados en el antiguo Palacio de Hielo de Duque de Medinaceli. Los ministros de Cultura y Hacienda, Ernest Urtasun y Arcadi España, presentaron ayer jueves el proyecto, una operación que devuelve uso a un inmueble cerrado desde 2007 y que traslada el arte del siglo XXI al centro de la colección.
El reparto de tareas quedó claro en el acto de presentación. Hacienda cede el edificio y asume la rehabilitación integral a través de la Dirección General del Patrimonio del Estado. Cultura y el propio Museo Nacional Thyssen-Bornemisza se encargan de la museografía, el equipamiento y la dotación. El Ministerio del Interior financiará la parte del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, que tendrá aquí su sede en Madrid junto a la de Vitoria-Gasteiz. Rehabilitado, el inmueble tendrá unos 19.500 metros cuadrados construidos y un patio-jardín de 1.500 metros abierto a exposiciones y actos al aire libre.
Qué entrará en los 10.000 metros cuadrados nuevos
El grueso del espacio se dedicará al arte del siglo XXI, el terreno por el que el museo lleva años moviéndose. El Thyssen mantiene desde 2018 un acuerdo con la Colección TBA21, presidida por Francesca Thyssen-Bornemisza, y ese vínculo es el que ahora sostiene la operación: la familia dona más de 180 obras y presta a largo plazo casi otras tantas piezas contemporáneas. Con ese fondo llegarán nombres como Ai Weiwei, Marina Abramović, John Akomfrah, Olafur Eliasson, Bill Viola o Candice Breitz.
Urtasun defendió que el objetivo no es solo ganar metros: ‘no queremos simplemente un museo más grande; queremos un museo más útil’. Arcadi España puso el acento en la convivencia de usos del edificio, que definió como un lugar ‘donde convivirán la cultura y la memoria.
No es un inmueble cualquiera. El Palacio de Hielo y del Automóvil se inauguró en 1922 y fue una de las primeras construcciones de Madrid levantadas con hormigón armado, un material de vanguardia en la época. Por sus plantas pasaron el Centro de Estudios Históricos y la primera sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Desde 2007 permanecía sin uso.
Madrid recupera un edificio cerrado durante casi dos décadas, pero no para abrirlo mañana: la fecha marcada en rojo es 2032.
Quién paga la obra y por qué no arranca hasta 2029
El calendario va largo. Conviene decirlo sin adornos. A lo largo de 2026 se definirá el programa y se convocará el concurso de proyectos de arquitectura; entre 2027 y 2028 se redactará el proyecto del estudio ganador; las obras empezarán en 2029 y la previsión oficial sitúa el edificio en uso en torno a 2032. El coste total, sumando proyecto y ejecución, ronda los 90 millones de euros que asume Hacienda. Queda tiempo. Bastante.
La aportación privada casi iguala esa cifra. La donación incorpora 16 millones de euros en activos al patrimonio artístico público, el préstamo a largo plazo está valorado en otros 10 millones y las obras históricas que Francesca Thyssen-Bornemisza ya tenía cedidas al museo se tasan en unos 70 millones. En conjunto, el compromiso de TBA21 con el Estado español se acerca a los 100 millones de euros.
Un museo a dos sedes y una duda razonable
Madrid ya ha vivido operaciones parecidas. La rehabilitación de la antigua central eléctrica del Mediodía para convertirla en CaixaForum, abierta en 2008, demostró que un edificio industrial puede reordenar un eje cultural entero entre Atocha y el Paseo del Prado. La ampliación del Reina Sofía con el edificio Nouvel, en 2005, ensanchó de forma notable su superficie expositiva y cambió su manera de mostrar las colecciones más recientes. Ninguna de las dos se anunció con un horizonte de seis años por delante.
Ese es el nudo. Entre el anuncio y la apertura caben dos legislaturas completas, varios presupuestos generales del Estado y una cesión patrimonial que todavía no es efectiva. Que Hacienda sea a la vez propietaria y financiadora da seguridad jurídica, pero deja el proyecto colgado del ciclo político. Ya hemos visto cómo se comportan las infraestructuras culturales cuando cambia el inquilino de La Moncloa.
Para el barrio, el efecto es otro. Duque de Medinaceli está a cinco minutos de la plaza de las Cortes, entre Antón Martín y Sevilla, con la L1 y la L2 a mano y Cercanías en Sol. Un segundo Thyssen en esa esquina tensionará aún más una zona ya saturada de visitantes y con pocas plazas de aparcamiento. El museo promete talleres escolares, investigación, conciertos, y espacios abiertos, justo lo que el actual Palacio de Villahermosa no puede ofrecer.
El primer hito verificable es el concurso de arquitectura, cuyo programa debería quedar definido antes de que acabe 2026. Habrá que comprobar si la cesión se firma en plazo y si el nuevo Thyssen abre de verdad al barrio o solo al visitante de paso. De momento, es un anuncio.

