EN 30 SEGUNDOS
- ¿A quién afecta? Vecinos de Puente de Vallecas y de Retiro, usuarios del intercambiador de autobuses y conductores que cruzan a diario el nudo con la M-30.
- ¿Cuándo ocurre? Las obras arrancan en octubre de 2026 y se prolongan hasta la primavera de 2028.
- ¿Qué cambia? Cinco pasos de peatones nuevos, aceras más anchas en la avenida de la Paz y Monte Ulía, una calle peatonal y parterres con arbolado.
Las obras del puente de Vallecas arrancan en octubre para ganar 3.770 metros peatonales en un nudo con 300.000 vehículos diarios. La Junta de Gobierno aprobó el proyecto el jueves 17 de septiembre, con la vicealcaldesa Inma Sanz como portavoz en la rueda de prensa posterior.
La intervención se enmarca en la transformación del entorno del scalextric, un paquete que suma más de 11 millones de euros y que aspira a coser dos distritos separados por hormigón. De ese total, 5,2 millones corresponden a las obras bajo el puente, que ejecutará el Área de Obras y Equipamientos y que se extenderán hasta la primavera de 2028.
Hoy la zona inferior al puente funciona como un muro. El ámbito peatonal está fragmentado, los pasos quedan alejados de las intersecciones y la conexión entre Retiro y Puente de Vallecas, en la práctica, no existe. Hay que rodear. El proyecto busca justo lo contrario: dar continuidad a recorridos hoy inconexos para cruzar de un distrito a otro y para recorrer el puente de norte a sur sin pisar la calzada.
Cinco pasos nuevos para dejar de dar rodeos
El plan ordena el tránsito con cinco pasos de peatones: cuatro generan dos conexiones nuevas entre los distritos y el quinto une las dos márgenes de la avenida de la Albufera. Los usos bajo el puente también se recolocan. El extremo sur concentra el intercambiador de autobuses y un local para Madrid Calle 30 y EMT Madrid; el centro se acondiciona como espacio estancial; y el extremo norte queda reservado a un equipamiento municipal que no entra en este proyecto.
Fuera del puente, los cambios se notan en la trama de calle. En Puente de Vallecas se peatonaliza la calle del Monte Olivetti, se ensanchan las aceras de la avenida de la Paz y de Monte Ulía y se plantan parterres con arbolado que separan al peatón del tráfico. Un paso nuevo en la avenida de la Albufera unirá ambas aceras y cerrará el recorrido paralelo al puente.
En el tramo afectado de la avenida de la Peña Prieta se renueva la pavimentación, se sustituye la escalera por una rampa accesible y se completan las alineaciones de árboles existentes. En el lado de Retiro, la actuación llega a los límites del bulevar del parque de Martin Luther King, junto a la avenida de la Ciudad de Barcelona, para mejorar el acceso a esa zona verde y la conexión entre distritos.
Un puente que llevaba décadas funcionando como frontera entre dos distritos se juega ahora su reconversión en plaza.
Retiro y Vallecas, unidos por el recuerdo del arroyo Abroñigal
El proyecto se permite un guiño histórico. El arroyo Abroñigal, afluente del Manzanares hoy desaparecido, delimitaba los términos de Madrid y Vallecas, y su cruce con la antigua carretera de Valencia dio origen al puente que nombra al distrito. El espacio central bajo el viaducto recorrerá longitudinalmente ese trazado imaginario. Los pilares se pintarán en verde, como la ribera, y en azul, como el cauce, con configuraciones distintas en cada pórtico que simulan la vibración del agua. El guiño es literal.
Dos años y medio de obras y tres flecos sin resolver
Madrid ya ha hecho este ejercicio antes. El soterramiento de la M-30 y la posterior apertura de Madrid Río demostraron que devolver superficie al peatón en un nudo de tráfico mejora la vida del barrio, aunque el proceso se mida en legislaturas y no en meses. Barcelona afronta algo parecido en Glòries, con la cobertura de la Ronda de Dalt como horizonte. La comparación sirve para calibrar expectativas: los 3.770 metros cuadrados ganados para el peatón equivalen a algo más de medio campo de fútbol, una cifra modesta dentro de los 23.900 metros cuadrados de espacio público que el plan dice mejorar. Queda obra.
Hay tres flecos que esta fase deja fuera. El equipamiento del extremo norte, los locales para Madrid Calle 30 y EMT Madrid, y la propia reforma del puente, que Madrid Calle 30 está terminando con pantallas antirruido y jardines verticales en sus cuatro estribos. La transformación completa depende, por tanto, de varias manos y de varios calendarios. Dos años y medio.
Para los vecinos, la reivindicación no es nueva. La zona lleva años en la lista de puntos negros de accesibilidad del distrito, y el propio Consistorio reconoce que la configuración actual del nudo penaliza a quien va a pie. La duda que queda en el aire es si esos metros ganados se notarán también en la avenida de la Albufera, la gran barrera de tráfico que sigue partiendo barrios por dentro del propio distrito. El detalle del proyecto está en la Junta de Gobierno del 17 de septiembre y el origen del barrio, ligado al arroyo y a la carretera de Valencia, se puede consultar en la entrada de Wikipedia del distrito.

