Dormir mirando las estrellas por varios cientos de euros tiene un problema: el desayuno del hotel burbuja puede arruinarte la mañana. Y no, no es una exageración de redes sociales.
La creadora de contenido Laia Sauleda ha grabado en TikTok el momento en el que le sirven la primera comida del día en uno de estos alojamientos. Lo que debía ser el broche de una escapada especial acabó convertido en el vídeo más comentado de su estancia: una bandeja de productos de supermercado por la que, asegura, se pagan unos 30 euros.
La expectativa tampoco era alta. Antes de abrir, la pareja lo dice en voz baja: ‘A ver si hoy tenemos más suerte’. El listón, ya ven, venía bajito.
El primer golpe llegó con el menaje. Entre los platos y los cubiertos hay piezas que, según muestran a cámara, llegan sucias. ‘Esto no puede ser’, comenta Sauleda mientras sigue revisando el contenido de la caja.
El desayuno de 30 euros, producto a producto
Dentro aparecen dos yogures de La Fageda, uno de limón y otro de frutos del bosque. Son, probablemente, el producto más cuidado de todo el conjunto. A partir de ahí, la lista es la de cualquier despensa: café, mantequilla, mermelada y tomate para acompañar el pan, más zumos de naranja y de piña.
El apartado salado lo firman un poco de fuet, dos cortes de queso y dos lonchas de jamón cuyo grosor comparan directamente con ‘un filete’. Se suma alguna pieza de bollería, entre ellas un pan con chocolate. Un desayuno correcto en casa, pero muy lejos de lo que se espera cuando la noche ya ha costado varios cientos de euros y la primera comida se cobra aparte, unos 30 euros según la propia creadora.
Cuando una escapada cuesta varios cientos de euros, hasta un yogur y una loncha de jamón acaban pasando su particular examen.
Sencillo, sí. Caro, también.
La valoración final no deja margen: ‘Tú no puedes dar esto y cobrar 30 pavos’, sentencia Sauleda. Y remata con un ‘no lo recomiendo nada, horrible’ que explica por qué el desayuno se llevó todo el protagonismo de una estancia que, sobre el papel, iba de dormir bajo las estrellas.
Las tres claves del descontento
- Precio sin jerarquía: se factura a 30 euros una bandeja de productos envasados que cualquiera reconoce de su supermercado habitual, sin elaboración propia detrás.
- El menaje rompe la magia: platos y cubiertos que llegan sucios marcan el tono antes del primer bocado. Es el detalle que más pesa en el vídeo.
- La comparación inevitable: quien paga por dormir bajo las estrellas mide el desayuno contra un hotel de lujo, no contra una acampada. Ahí no hay vuelta atrás.

Expectativa contra realidad: lo que dicen los comentarios
El vídeo ha arrastrado decenas de respuestas y la mayoría de los comentarios que aparecen bajo la publicación critica la relación entre el precio y lo recibido. ‘Carísimo y no dan ni ganas’, escribe una usuaria. Otra lo despacha en tres palabras: ‘Nos pasó igual’.
No todo es reproche. Una usuaria cuenta que estuvo alojada allí la semana anterior y que ‘todo súper bien’. El mismo desayuno, por tanto, puede parecer aceptable o un timo en función de lo que cada huésped creyera haber comprado al reservar.
Y no es un caso aislado. En los alojamientos tipo burbuja o glamping, la temporada alta dispara los precios y llena la ocupación, justo el escenario en el que la distancia entre lo pagado y lo servido se hace más incómoda. Un yogur, un café y una tostada pesan mucho más cuando la factura ya ha pasado de los tres dígitos.
Cómo evitar el chasco al reservar un hotel burbuja
La primera regla es tan obvia que casi nadie la aplica: preguntar por escrito qué incluye el desayuno y cuánto cuesta antes de cerrar la reserva. Si la respuesta es una bandeja con productos envasados, ya sabes lo que hay.
La segunda, mirar reseñas recientes —no las de hace tres años— y fijarse en las fotos que suben los propios huéspedes, porque son las que enseñan el menaje real y el tamaño de la ración. La tercera, valorar si compensa desayunar fuera: en buena parte de estos alojamientos la primera comida se cobra aparte, así que un café y una tostada en el pueblo más cercano pueden ahorrarte los 30 euros y el cabreo.
Dormir con el cielo por techo sigue siendo un plan magnífico. Lo que ya no cuela es que la experiencia termine midiéndose por una loncha de jamón.

