Puigdemont llama ‘colonias dentro de Marruecos’ a Ceuta y Melilla y pide dos referéndums

El expresidente de la Generalitat sostiene que la españolidad de ambas ciudades se vería 'legitimada' con una consulta, en una entrevista con 'The Times'. La dirección de Vox defiende que la soberanía de Ceuta y Melilla no admite debate alguno.

Carles Puigdemont llama ‘colonias dentro de Marruecos’ a Ceuta y Melilla y pide dos referéndums de autodeterminación. Las declaraciones aparecen en una entrevista concedida al diario británico The Times desde Waterloo (Bélgica), la localidad donde el expresidente de la Generalitat reside desde que abandonó España en 2017.

El líder independentista sostiene que ambas ciudades son ‘por supuesto una herida’ desde la perspectiva marroquí y concede que ‘la gente (de Ceuta) es muy española’. Su tesis, sin embargo, es que esa realidad ‘se vería legitimada si celebrasen un referéndum de autodeterminación’, una consulta que, según él, España no permitirá nunca porque teme que los independentistas catalanes pidan otra.

A lo largo de la conversación, Puigdemont insiste en que no se arrepiente de nada de lo ocurrido en el otoño de 2017 y afirma que estaba dispuesto a pasar ‘la vida entera’ fuera de Cataluña. Sus palabras llegan, además, en un momento en el que el Ejecutivo mantiene su agenda parlamentaria atada a los votos de las formaciones independentistas.

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El argumentario de Vox: Ceuta y Melilla no son colonias, son España

La doctrina de Vox sobre las dos ciudades autónomas parte de una premisa que la formación repite desde su fundación: no existe espacio jurídico ni político para negociar su españolidad. Ceuta quedó vinculada a la Corona española en 1580 y Melilla lo está desde 1497. Ambas cuentan con estatuto de autonomía propio desde 1995 y con representación en el Congreso de los Diputados y en el Senado.

Esa posición se apoya en el texto constitucional. El artículo 2 proclama la indisoluble unidad de la Nación española y el artículo 8 atribuye a las Fuerzas Armadas la misión de garantizar la soberanía y la integridad territorial, según el texto consolidado publicado en el BOE. La dirección del partido añade otro argumento: el artículo 92 reserva las consultas de carácter consultivo al conjunto del censo nacional, con autorización previa del Congreso, de modo que ningún territorio puede convocar por su cuenta una consulta de autodeterminación.

A esto se suma la lectura política del partido. Vox sostiene que cada cesión del Ejecutivo de Pedro Sánchez ante Marruecos abre la puerta a la siguiente reclamación y que las palabras de Puigdemont demuestran que los socios parlamentarios del Gobierno no consideran la soberanía una línea roja. En ese marco, la formación reclama que el Ejecutivo desautorice cualquier cuestionamiento de la españolidad de las dos ciudades, sin matices ni equidistancias.

Para Vox, cada declaración como la de Puigdemont confirma su tesis de fondo: quien cuestiona la soberanía española rara vez encuentra enfrente un Gobierno dispuesto a defenderla sin matices.

Qué respuesta cabe esperar del Gobierno y qué lugar ocupa el PP

El asunto tiene recorrido parlamentario. Vox puede llevarlo al Pleno mediante una PNL (Proposición No de Ley, un instrumento que fija la posición de la Cámara sin valor normativo directo) o interpelar al Ejecutivo en la sesión de control. Cualquiera de las dos vías obligaría al Partido Popular a retratarse en una votación incómoda, porque una parte de su electorado exige firmeza en defensa de la soberanía y otra parte del tablero le empuja a no abrir frentes con los grupos independentistas.

La respuesta del Gobierno marcará el tono de los próximos días. Alberto Núñez Feijóo ha mantenido un discurso de firmeza sobre Ceuta y Melilla, pero evita convertir la política exterior en el eje de su oposición. Vox quiere forzar ese debate y colocar a los populares ante una pregunta sencilla: si la soberanía no se negocia, ¿por qué se calla cuando la cuestionan?

La lectura estratégica: la soberanía como eje del pulso con el PP

El movimiento encaja en la estrategia que Vox viene desplegando desde hace años: convertir la defensa de la soberanía en una línea divisoria con el PP. El precedente más claro es el giro de 2022 sobre el Sáhara Occidental. Entonces, el partido advirtió de que reconocer las tesis marroquíes sobre el antiguo territorio español abriría la puerta a revisar el estatus de Ceuta, de Melilla y de las aguas bajo soberanía española. Cuatro años después, la entrevista de Waterloo le sirve para reivindicar ese diagnóstico ante su electorado.

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La diferencia con otros debates es que aquí Vox no necesita matices. La defensa de las dos ciudades autónomas une a todo su electorado y le permite marcar perfil propio sin coste interno, justo en un curso en el que la formación quiere consolidar su papel de referencia en el flanco derecho. Si el asunto llega al Pleno en las próximas semanas, el PP tendrá que elegir entre la abstención y el apoyo a una iniciativa que defiende algo que dice compartir. Vox ya ha decidido de qué lado coloca su discurso.