El PP de Madrid da por cerrada la polémica del ático de Chamberí, aunque el asunto sigue vivo antes de las elecciones. La comparecencia del consejero de Presidencia, Miguel Ángel García, en el Pleno de la Asamblea de Madrid ha servido para recomponer la piña interna, no para apagar una tormenta que ya dura casi dos meses.
Nadie en la dirección regional se llama a engaño. El objetivo declarado de la sesión era dejar claro que no hay caso —el ‘no caso’ del ático— y Alfonso Serrano, número dos de Ayuso, aprovechó su turno para repasar a la izquierda y fijar el relato. Así lo sitúa la información publicada por ABC, que coloca el calendario electoral como telón de fondo de cada movimiento.
Dentro del partido, la música sonó bien. La letra también, aunque con un regusto agridulce: la polémica sigue abierta. ‘Con esto debe terminar la polémica, se acabó’, resumía un cargo popular con más deseo que certeza.
Qué se dijo en el Pleno y qué no resuelve el expediente
Lo explicado en el hemiciclo fue el expediente sobre el ático de Chamberí, un asunto que el PP quiere reducir a un problema de comunicación. Lo que esa comparecencia no arregla es la percepción: para buena parte del electorado, la discusión dejó de ser jurídica hace semanas. Dos meses de desgaste pesan más que cualquier intervención parlamentaria.
El detonante llegó a finales de julio, cuando la polémica estalló entre explicaciones confusas y pasos repentinos. Uno de ellos, la puesta en venta fulminante del ático, se leyó en la dirección como un intento de cortar el ruido; a la postre, añadió preguntas. El desconcierto de aquellas semanas, eso sí, se ha diluido en una bronca que ha vuelto a polarizar la política madrileña.
En Madrid las polémicas no mueren cuando se agotan los argumentos, sino cuando dejan de costar votos.
El cálculo interno: cuánto pesa el ático en la mayoría que gobierna en solitario
El reconocimiento, siempre en voz baja, es que el lío se podía haber evitado. Fuentes autonómicas consultadas por ABC describen dos efectos que se retroalimentan: movilización de la izquierda, y desafección en el centro derecha, con votos que se irían a la abstención o a Vox. La consecuencia, añaden, es que está en juego la mayoría que permite gobernar en solitario.
Otros regidores del PP lo niegan con rotundidad. La mayoría no corre peligro, sostienen. El pulso entre ambas lecturas es hoy el verdadero estado de la cuestión y explica por qué Ayuso subió el tono en el debate sobre el estado de la región, cuando retó a la izquierda con un ‘si he mentido, dimito; si no, dimitan ustedes’. Hacia dentro, esa apuesta funcionó como cierre de filas. Hacia fuera, subió la apuesta.
El diagnóstico interno es crudo: si el asunto no se cierra, la factura llegará en las urnas. Dejémoslo en un ‘ya veremos’.
El precedente que el PP tiene grabado: Cifuentes y el máster
La política madrileña tiene un manual para estos casos y el PP lo conoce de memoria. En 2018, el caso del máster de Cristina Cifuentes se gestionó durante semanas con la misma estrategia que ahora: minimizar, exhibir unidad y confiar en que el ruido se apagara solo. No ocurrió. La entonces presidenta de la Comunidad acabó dimitiendo en abril de aquel año, cuando el coste de mantener el pulso superó el de la salida. La lección que se repite en privado es sencilla: no cierra la polémica quien mejor argumenta, sino quien deja de pagarla. Hay, eso sí, una diferencia relevante. Aquel asunto terminó con comisión de investigación, comparecencias y papeles sobre la mesa; este se mueve, de momento, en el terreno de las intenciones. Y ahí el debate puede durar indefinidamente, como resume una fuente autonómica citada por ABC. La máxima que los propios cargos populares repiten lo dice todo: si no lo puedes explicar, no lo hagas.
El siguiente hito está en el calendario parlamentario: el Pleno ordinario de octubre, ya con el periodo de sesiones en marcha, medirá si el asunto se enfría o vuelve al orden del día. Después llegarán las elecciones autonómicas y municipales previstas para 2027, y entonces se sabrá si el ático de Chamberí fue una anécdota de verano o algo más. Nadie firma eso hoy.
