El retorno de Puigdemont sigue sin fecha: el expresident admite que su vuelta ‘está por ver’ y prepara ‘dos o tres escenarios’.
Lo cuenta en una entrevista al diario británico The Sunday Times, publicada este domingo, en la que el líder de Junts reconoce que Catalunya ya no es lo que era cuando se marchó. Nueve años de exilio dan para muchas cosas, y ninguna es una hoja de ruta cerrada. De los escenarios que maneja, ni un detalle más: ni fechas, ni condiciones, ni quién le acompaña.
El expresident de la Generalitat quiere, en sus propias palabras, ‘palpar de nuevo, sentir y oler’ el país. Una inmersión en la realidad catalana, sostiene, antes de dar cualquier paso en firme. La formulación tiene su lógica: quien lleva casi una década fuera corre el riesgo de llegar con el guion de 2017 en la boca a un territorio que, en muchos aspectos, ha hecho la mudanza sin él.
Qué hay detrás de los ‘dos o tres escenarios’ que nadie concreta
Junts no ha querido precisar nada más. Ahí empieza lo interesante. Los escenarios que encajan con el marco legal y político actual son tres, y ninguno es cómodo. El primero, una comparecencia pública de alto impacto y regreso inmediato al exterior. El segundo, la vuelta con aparición ante el Tribunal Supremo, con el riesgo de detención si la amnistía no le cubre la malversación. El tercero, un retorno escalonado: actos sectoriales, visitas territoriales y un regreso institucional más adelante. Su biografía política invita a pensar en el primero; su defensa, en el tercero.
Por qué Junts no pone fechas, y por qué esa ambigüedad también le sirve

La dirección del partido se mueve en la misma niebla, según fuentes conocedoras de la conversación consultadas por este medio y sin confirmación oficial. La lectura tiene fundamento. Mientras no haya fecha, el retorno sigue funcionando como horizonte movilizador y no como problema operativo. En cuanto se anuncie un día concreto, cambia todo: la seguridad, el protocolo judicial, la respuesta del Estado, y la posición de los socios.
Y hay un cálculo que nadie hace en voz alta. Si Puigdemont vuelve y es detenido, el tablero catalán se reordena en 24 horas y el relato pasa a ser otro. Si vuelve y no ocurre nada, tendrá que explicar para qué tanto tiempo fuera. Ninguna de las dos salidas es neutra para un partido que sostiene al Gobierno de España por abstención y compite en casa con ERC y con Aliança Catalana.
Nueve años de distancia no se recorren con un billete de vuelta: se recorren con un relato que aguante el primer minuto en suelo catalán.
A eso se suma el calendario judicial. La aplicación de la ley de amnistía a su caso continúa en manos de los tribunales, con la causa por malversación todavía sin cerrar en el Supremo y el alcance de la norma discutido en instancias superiores. Traducido al idioma de la política: hoy nadie en Junts puede firmar un plan de regreso con garantías escritas. Nadie firma eso hoy.
Nueve años de exilio: lo que enseña el precedente de agosto de 2024
Ya hubo un ensayo general. El 8 de agosto de 2024, el expresident apareció en Barcelona, pronunció un discurso breve junto al Arc de Triomf, saludó a los suyos y desapareció. Horas después estaba de vuelta en Bélgica y un agente de los Mossos d’Esquadra acabó detenido por facilitar su salida. La operación funcionó como golpe de efecto y, también, como aviso: un regreso se gestiona en minutos, no en semanas.
Aquella jornada dejó tres lecciones que siguen vigentes. La logística de una vuelta relámpago es posible, pero consume a quien la organiza. El coste político recae sobre los que se quedan aquí. Y el relato se agota rápido: hay que reponerlo cada pocas semanas.
Lo que observamos es que el tablero de enfrente también se ha movido. El Govern de Salvador Illa sostiene la estabilidad como bandera, negocia la financiación singular con Moncloa y necesita que el ruido no le desordene el curso político. Un regreso con detención sería el peor escenario posible para la Generalitat: obligaría a posicionarse a todos, empezando por ERC, y devolvería al primer plano la pregunta que el Palau de la Generalitat lleva dos años esquivando.
Queda la duda de fondo, la que ningún escenario resuelve. Catalunya no es la misma y Puigdemont tampoco. La inmersión que anuncia es, en realidad, un reconocimiento: hay que volver a aprender el país antes de volver a liderarlo.
Por ahora, todo sigue en el terreno de los ‘dos o tres escenarios’. El primer pleno ordinario del Parlament de Catalunya tras el parón estival y la reunión del Consell Executiu del próximo martes servirán para medir si alguien mueve ficha. Nadie espera novedades. Y, aun así, en Junts nadie se atreve a descartarlas.
