Los embalses de la provincia de Cádiz superan el 75% de capacidad al inicio del año hídrico

La provincia gaditana encadena el mejor arranque del ciclo hídrico de los últimos años, con Guadalcacín por encima del 84% y 70 millones invertidos en cauces y trasvases. El sector agrario de la campiña afronta la próxima campaña de riego con menos incertidumbre.

Los embalses de la provincia de Cádiz arrancan el año hídrico 2026-2027 por encima del 75% de su capacidad.

Guadalcacín supera el 84% y la provincia encadena un arranque de ciclo con holgura

La cifra supone dejar atrás los años más duros de la sequía y coloca a las reservas gaditanas en una situación que no se veía al inicio de un ciclo hídrico desde hacía varias campañas. El balance lo ha trasladado Fran Moreno, delegado de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía en Cádiz, que ha subrayado la mejoría registrada respecto al año anterior.

«Nos hemos pasado de una época de sequía a comenzar este ciclo hídrico con bastante agua en nuestros embalses», ha manifestado el responsable autonómico. El cambio de escenario es notable en una provincia que en 2023 y 2024 arrastró restricciones en el regadío y dotaciones ajustadas para el abastecimiento urbano.

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El embalse de Guadalcacín, el más grande de la provincia de Cádiz, se sitúa por encima del 84% de su capacidad tras el cierre de la temporada de riego. Es la infraestructura que da servicio a buena parte de la campiña de Jerez de la Frontera y al regadío de la comarca, y su nivel funciona como termómetro de todo el sistema hidráulico gaditano. Con estos números, la próxima campaña de riego se afronta con margen, algo impensable hace apenas dos años.

No obstante, Moreno ha puesto el acento en la prudencia: «Tenemos que velar por cada gota de agua que sale de cada uno de nuestros embalses». El mensaje tiene recorrido en un territorio donde compiten por el mismo recurso el regadío de la campiña, el abastecimiento de los municipios de la sierra y de la Bahía, el uso industrial del polo petroquímico y el consumo turístico de la costa.

Para quien vive del campo en Villamartín, en Arcos de la Frontera o en la campiña jerezana, la diferencia entre un embalse al 40% y otro al 84% es la diferencia entre ajustar siembras y planificar la cosecha con tranquilidad. Ahí está el valor real del dato: menos incertidumbre para el olivar, los cítricos y los cultivos de regadío que sostienen miles de empleos en la provincia.

Andalucía abre el año hídrico con los embalses de Cádiz por encima del 75%: ha vuelto la lluvia, pero la gestión del agua sigue siendo la asignatura pendiente.

70 millones para limpiar cauces y reparar el trasvase Guadiaro-Majaceite

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La Junta de Andalucía no se ha limitado a mirar los niveles de los embalses. Tras los temporales, ha ejecutado un paquete de obras de emergencia para devolver la operatividad a las infraestructuras hidráulicas de la provincia, con una inversión de 70 millones de euros destinada al acondicionamiento de los cauces fluviales gaditanos.

La maquinaria trabaja en la limpieza de vegetación, el ensanchamiento de secciones y la retirada de tapones en arroyos y ríos como el Guadalporcún y el Guadalete, a su paso por Villamartín, Arcos de la Frontera y Jerez de la Frontera. En el ámbito del desarrollo rural, la Delegación ultima además la reparación de los caminos rurales declarados de interés autonómico, una actuación clave para el tránsito agrícola de los municipios afectados.

El capítulo más delicado ha sido el del trasvase Guadiaro-Majaceite, una infraestructura esencial para combatir los periodos de sequía. El incremento del caudal del arroyo de Garganta Barrida provocó desprendimientos en los taludes por la fuerza con la que discurría el agua, y la administración autonómica ha respondido con el reacondicionamiento del canal mediante escolleras y la limpieza completa del vaso del trasvase, algo que se ha acometido por primera vez.

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Con estos remates concluidos, la Junta considera que las infraestructuras hidráulicas de Cádiz quedan preparadas para los episodios de borrascas que suelen llegar con el otoño. El calendario no es casual: octubre y noviembre concentran buena parte de las lluvias que decidirán cómo evolucionan las reservas y cuánto margen tendrán los regantes cuando arranque la próxima campaña, ya en 2027.

La Lectura Andaluza

En Andalucía, el agua se mide en cosechas y no en titulares. El año hídrico que arranca este 1 de octubre en Cádiz no es una convención administrativa: es el marco en el que se contabiliza el agua disponible durante los doce meses siguientes y del que dependen las dotaciones de riego, las reservas para el abastecimiento urbano y la planificación de la industria. El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) recoge cada ejercicio las disposiciones que ordenan ese reparto, y este año la provincia gaditana parte con ventaja.

La sequía estructural ha marcado la última década en la comunidad, con ciclos de restricciones que obligaron a activar medidas de emergencia y a repartir el agua con criterios de excepcionalidad. Cádiz llega a este punto de partida con los deberes hechos: 70 millones de euros ya movilizados en cauces y trasvases, caminos rurales en reparación y el trasvase Guadiaro-Majaceite operativo tras una intervención sin precedentes. La política hidráulica vuelve con regularidad al Parlamento de Andalucía y a las mesas del sector agrario, y frente a los años en que el debate se centraba en cuánto había que recortar, ahora la conversación puede girar en torno a cómo aprovechar el margen acumulado.

Para el lector de a pie, el impacto es tangible. Un regante de la campiña de Jerez de la Frontera afronta la próxima campaña sin la amenaza de un nuevo ajuste en su dotación; una familia de Arcos de la Frontera no teme restricciones en el grifo; una cooperativa de Villamartín planifica envasado y comercialización con precios menos volátiles. La proyección inmediata pasa por las borrascas de este otoño. Si octubre y noviembre responden, los embalses de Cádiz podrían cerrar el año en máximos; si no lo hacen, el colchón acumulado permitirá llegar a la primavera de 2027 con holgura suficiente para no repetir los peores escenarios. Con los pantanos llenos y la obra pública ejecutada, a Cádiz solo le queda una tarea: no volver a olvidarse del agua cuando deje de llover.