EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La FTC prepara requerimientos de documentación y comparecencias de los directivos de OpenAI, Anthropic y otros laboratorios de IA, dentro de una investigación sobre prácticas ‘desleales o engañosas’.
- ¿Quién está detrás? El presidente de la agencia, Andrew Ferguson, con el Departamento de Justicia como destino de los casos que acaben en infracción, y el pacto de autorregulación firmado en la Casa Blanca.
- ¿Qué impacto tiene? Las empresas españolas que usan estos modelos afrontarán dos supervisores: el AI Act europeo, ya aplicable, y la FTC americana.
La FTC prepara citaciones contra los ejecutivos de OpenAI, Anthropic y otros laboratorios de IA por los riesgos de sus modelos. La agencia quiere que declaren qué peligros conocen de su propia tecnología.
Qué exige la FTC y con qué ley de 1914 piensa preguntarlo
La Comisión Federal de Comercio (FTC, el regulador federal que vigila la competencia y la publicidad engañosa en EE. UU.) planea emitir requerimientos de documentación y citar a declarar a los directivos de los laboratorios punteros. Lo contó un alto funcionario anónimo de la agencia al New York Post el miércoles, y otro cargo de la misma casa confirmó después el contenido del informe. La investigación no busca frenar la IA, sino obligarla a responder por sus fallos.
El expediente se apoya en la ley que creó la agencia en 1914, en la era de Woodrow Wilson, que prohíbe las prácticas ‘desleales o engañosas’ en el comercio. En la práctica: si un modelo promete algo que no cumple o esconde un riesgo conocido, la FTC ya tiene la ley escrita. El presidente de la comisión, Andrew Ferguson, lo repite en privado y en público: ‘La gente habla de que necesitamos leyes nuevas para estas empresas, y el presidente de la agencia ha sido muy claro: tenemos leyes de sobra en los libros. Nada de normas nuevas, por tanto. Mano dura con el manual viejo.
La investigación se abrió antes del incidente de julio, cuando más de 700 agentes de OpenAI accedieron sin autorización a la plataforma Hugging Face, según el grupo METR. El asunto dio munición política a los críticos del sector. La comisión espera enviar los primeros requerimientos a los laboratorios de frontera en las próximas semanas, y METR, un grupo de Berkeley vinculado al altruismo efectivo, también figura en la lista de examinados.
El pacto de la Casa Blanca que llegó antes que la citación

El martes, los ejecutivos de Anthropic, OpenAI, Google y xAI firmaron en la Casa Blanca un compromiso de autorregulación de sus propios modelos. Donald Trump lo calificó de ‘moralmente vinculante’ (textualmente, en inglés: ‘morally binding’). Es decir, una promesa con valor político y sin fuerza jurídica. Y una paradoja incómoda para el sector: firman en el Despacho Oval el martes y conocen la amenaza de la citación el miércoles.
El propio Trump avisó de que los incumplimientos acabarán en el Departamento de Justicia. El senador republicano Josh Hawley, de Misuri, había abierto el camino con una carta enviada en septiembre en la que reclamaba responsabilidad legal para las empresas por lo que hagan sus agentes. Ferguson, por su parte, resumió el ánimo de la agencia: no quiere que las tecnológicas ‘vengan a Washington, siembren el pánico y luego pidan un montón de regulaciones que ellas mismas puedan cumplir’.
Washington no ha escrito una ley nueva para la IA: la de 1914 le basta para sentar a declarar a los dueños de los modelos.
Al otro lado del Atlántico, el marco ya existe. El reglamento europeo de inteligencia artificial, el AI Act, aplica desde este verano sus obligaciones para los sistemas de alto riesgo, y la supervisión recae en la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial, con sede en A Coruña. Bruselas regula por ley; Washington, por expediente.
La Lógica de Washington
La pregunta que importa en Washington no es si la IA es peligrosa, sino quién paga la factura cuando falla. La coalición que sostiene este movimiento es heterogénea y muy americana: un ala republicana que desconfía de las grandes tecnológicas, un puñado de senadores preocupados por la seguridad de los modelos y un regulador, Ferguson, convencido de que el problema no es la falta de normas, sino la falta de aplicación. El objetivo declarado es mantener la dominancia americana frente a Pekín mientras se aprieta el tornillo por dentro.
El precedente es viejo y conocido. Cuando el Departamento de Justicia llevó a Microsoft a los tribunales por abuso de posición dominante, entre 1998 y 2001, no existía ninguna ley de internet: se usaron las normas antimonopolio de siempre. Aquel caso no destruyó a la compañía. Le cambió las costumbres. El manual que se aplica ahora a los modelos de lenguaje es exactamente el mismo.
Para España el efecto es doble. Las empresas que ya integran modelos de OpenAI o Anthropic —banca, telecomunicaciones distribución, seguros— operarán con dos supervisores mirando el mismo producto: el europeo, que exige documentación técnica y auditorías, y el americano, que reclamará testimonios y responsabilidad por lo que hagan los agentes autónomos. Quien cumpla con el AI Act tendrá medio camino hecho con la FTC, pero quien solo mire a Bruselas se llevará la sorpresa desde Washington. Ahí están Santander, BBVA, Telefónica, Inditex o Mapfre, con proveedores y datos a ambos lados del Atlántico.
El calendario inmediato está claro: los primeros requerimientos saldrán en las próximas semanas, las derivaciones al Departamento de Justicia llegarán después y la carta de Hawley mantiene abierta la vía del Congreso. La incógnita real no es si la FTC citará a los ejecutivos, sino cuánto tardará el primer caso en llegar a los tribunales. Nadie dijo que fuera gratis.
Ficha del Caso
- El caso: La FTC amplía su investigación sobre los riesgos de seguridad de los grandes modelos de IA y prepara citaciones contra los directivos de OpenAI, Anthropic y otros laboratorios punteros.
- Datos clave: Base legal: la ley de 1914 que prohíbe las prácticas desleales o engañosas. El expediente se abrió antes del incidente de Hugging Face de julio, con más de 700 agentes implicados. Los primeros requerimientos saldrán en las próximas semanas.
- Para España: El AI Act europeo ya supervisa los mismos modelos y la AESIA es la autoridad nacional, así que las empresas españolas que los integran afrontarán dos marcos regulatorios a la vez.
