La Cumbre Iberoamericana de Madrid arranca sin Lula ni Sheinbaum y deja a Sánchez como única voz de la izquierda regional. La trigésima edición de la cita, que en La Moncloa se venía trabajando como la gran oportunidad para reflotar el foro, se queda sin los dos países más grandes de Latinoamérica y con Javier Milei como referencia más visible de la derecha continental.
La ausencia de Luiz Inácio Lula da Silva llega, además, en su mejor momento político. El brasileño acaba de ser reelegido para otro mandato de cuatro años y encarna al bastión de la izquierda que aún resiste en un continente que lleva tiempo escorándose hacia la derecha. México, la otra economía que sostiene el espacio iberoamericano, estará representado sin su presidenta, Claudia Sheinbaum. Son dos sillas vacías que no son protocolarias.
Con ese mapa, la XXX Cumbre Iberoamericana se convierte en un escenario incómodo para el Gobierno español. Moncloa ha descartado un encuentro bilateral entre Sánchez y Milei, según la información publicada por El País, una decisión que evita convertir el foro multilateral en el plató de un cara a cara con quien ha hecho de la confrontación su marca de fábrica.
El cálculo es sencillo. Una foto de pasillo con el presidente argentino se leería en clave de tensión y no de agenda, y desplazaría a un segundo plano los ejes que la comunidad iberoamericana trabaja desde hace años: cooperación al desarrollo, migración ordenada, financiación, y transición energética. En Ferraz y en La Moncloa se comparte la misma tesis: el valor de una cumbre se mide por lo que firma, no por la teatralidad de sus reencuentros.
Una cumbre sin las dos economías que la sostienen
La historia del foro ayuda a dimensionar lo que está en juego. Desde la primera cita de Guadalajara, en 1991, el sistema de cumbres iberoamericanas ha funcionado como una red de cooperación que dio a España una posición de interlocución difícil de replicar: programas de movilidad académica, convenios culturales, cooperación técnica y una agenda compartida con veintidós países. Nada de eso desaparece porque falten dos presidentes, pero todo se debilita cuando la foto principal queda coja.
A eso se suma el ruido bilateral. La relación con Argentina quedó congelada desde la crisis diplomática de 2024, cuando Madrid retiró a su embajadora en Buenos Aires después de que Milei dedicara insultos a la esposa del presidente del Gobierno en un acto político celebrado en Madrid. Cualquier gesto de distensión en el marco de la cumbre habría tenido un coste político inmediato en España. La Moncloa ha elegido el marco multilateral y ha dejado el bilateral fuera del calendario.
Una cumbre no se mide por la altura de sus ausencias, sino por la solidez de lo que firma quien se queda en la sala.
Por qué La Moncloa prefiere el marco multilateral a la foto bilateral
La decisión no es solo protocolaria. Sentarse a solas con Milei habría regalado al presidente argentino el escenario que busca: un cara a cara con el jefe de un Gobierno europeo al que lleva dos años usando como antagonista en su relato. En La Moncloa lo tienen claro. Nadie gana un titular frente a quien vive de los titulares.
El formato, en cambio, protege la posición española. España ejerce de anfitriona, ordena el debate, fija el orden del día y aparece en la foto colectiva junto a veintidós delegaciones. El saludo protocolario en la sesión plenaria se resolverá con la cortesía que exige el reglamento y sin sustancia política. La puesta en escena importa tanto como el comunicado final.

La oposición ya tiene su marco. El PP sostiene que la cita evidencia el aislamiento internacional del presidente y que España pierde peso cuando sus socios naturales de la región no acuden. El argumentario socialista responde con datos de otra naturaleza: España acoge la cumbre, la preside y la utiliza para cerrar acuerdos de cooperación que sobreviven a cualquier ausencia. La discusión, en el fondo, no es sobre Lula ni sobre Sheinbaum, sino sobre qué significa gobernar en un mundo sin mayorías cómodas.
El Eje del Poder Socialista
En Ferraz la lectura es institucional antes que táctica. La dirección federal considera que la cumbre consolida a Sánchez como el socialdemócrata de referencia en un espacio donde la izquierda ha perdido casi todas sus posiciones de poder. El Grupo Parlamentario Socialista ha respaldado sin fisuras el multilateralismo como seña de identidad, y los ministros del área internacional han defendido que la política exterior no se improvisa en un cara a cara. Los barones acompañan sin ruido: Illa rentabiliza la proyección catalana en los foros económicos y Page guarda silencio, que en su caso también es una posición.
El aterrizaje territorial existe y suele pasar desapercibido. Los convenios de cooperación que se firman en estas citas llegan después a las comunidades autónomas en forma de programas universitarios, movilidad de investigadores, hermanamientos culturales y contratos para empresas españolas con presencia consolidada en Latinoamérica. Ahí está el valor tangible: en los papeles que se firman y en las redes que se mantienen abiertas cuando el escenario político cambia. Ferraz lo resume con una idea simple. Las instituciones aguantan lo que las fotografías no aguantan.
El riesgo, eso sí, es real. Si la declaración final sale descafeinada, el relato del declive se instalará durante una semana y el PP tendrá su titular servido. La lectura a medio plazo es otra: Sánchez queda como el último líder socialdemócrata de peso en un mapa regional y europeo donde los gobiernos progresistas gobiernan en minoría y resisten con dificultad. La próxima cita iberoamericana será la prueba de si Madrid ha servido para reconstruir el foro o solo para sostenerlo. Ese es el reto estratégico que la dirección federal tiene sobre la mesa.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: España como puente institucional y la cumbre como músculo diplomático, frente al ruido de los bilaterales y de la política-espectáculo.
- Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
- Próximo hito: Lectura de la declaración final de la XXX Cumbre Iberoamericana y rueda de prensa de cierre en Madrid.

