El jamón de bellota Mercadona que cuesta 12,87 euros y conquista en cada picoteo

El envase loncheado listo para servir ronda los 13 euros y evita el engorro de la máquina de corte. La clave está en atemperar las lonchas antes de abrir el blíster para que no se rompan.

Hay una diferencia abismal entre un jamón loncheado que se deshace en la boca y otro que se rompe en tiras al separar las lonchas. Casi nunca depende del precio. Depende de la temperatura, del grosor del corte, y de si alguien ha tenido la paciencia de sacarlo de la nevera veinte minutos antes.

El jamón de bellota ibérico loncheado de Mercadona cuesta 12,87 euros el envase y llega listo para servir, sin hueso y sin la liturgia del cortador. En casa lo compramos desde hace un par de temporadas y ya forma parte del ritual del aperitivo del sábado.

No es el jamón de una bodega de Jabugo ni pretende serlo. Es un loncheado honesto, pensado para abrir, colocar y comer.

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Lo que de verdad marca la diferencia es la grasa infiltrada. Se funde con el calor del paladar y deja ese regusto mantecoso que separa a un ibérico de bellota de un curado de supermercado. Ahí está el mérito del producto, más que en la etiqueta.

El secreto del éxito

  • Atemperar antes de abrir: si el blíster está frío, las lonchas se pegan y se desmenuzan. Déjalo entre 20 y 30 minutos fuera de la nevera; si hay prisa, sumerge el envase cerrado en un bol de agua tibia.
  • Separar desde la esquina: tira suavemente de cada loncha por un extremo, nunca del bloque entero. El jamón se rompe cuando se fuerza, no cuando se espera.
  • Nada de montones: coloca las lonchas extendidas en un plato plano. Apiladas sueltan humedad, sudan y pierden esa textura sedosa que las hace buenas.

Ninguno de los tres trucos cuesta dinero ni obliga a comprar nada más. Solo cambia el orden en que haces las cosas, y la diferencia en el plato se nota desde el primer bocado.

Un buen jamón loncheado no se estropea en la fábrica: se estropea en los cinco minutos que pasa en el plato antes de que alguien lo pruebe.

La ficha del producto

  • Jamón de bellota ibérico loncheado, el formato que da nombre al producto
  • 12,87 euros el envase, precio habitual en la web oficial de Mercadona
  • Listo para consumir: sin deshuesar, sin cortar y sin máquina
  • Presentación en blíster, se conserva en la nevera hasta el momento de servir

El precio es el argumento que más se repite, pero no es el único. A menos de 13 euros el pack, poner jamón en la mesa deja de ser un lujo de domingo y pasa a ser una decisión de compra semanal. Y eso, con la Navidad a la vuelta de la esquina y la cuesta de enero esperando al otro lado, pesa más de lo que parece.

Para quien compara, conviene tener claro qué se está comprando: un loncheado de bellota listo para servir, no una pieza para cortar en casa. El jamón ibérico de bellota se distingue por la grasa infiltrada y el aroma, y eso se nota incluso en formato blíster.

Cómo servirlo sin arruinarlo

Saca el envase de la nevera media hora antes. Si lo abres en frío, las lonchas se rompen y el plato parece improvisado. Con el jamón atemperado, en cambio, se separan solas y el aroma llena la mesa antes de que llegue el primer invitado.

Coloca las lonchas en un plato plano, ligeramente superpuestas pero sin amontonar, y deja que cojan temperatura ambiente durante cinco minutos más. Ahí alcanzan el punto exacto.

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El acompañamiento clásico funciona: un vermut frío, unas aceitunas y pan con tomate. También un cava brut nature, que limpia la grasa entre bocado y bocado sin tapar el sabor. Lo que no recomiendo es servirlo recién sacado junto a quesos muy curados: el contraste de temperaturas deja al jamón en desventaja.

Si sobra, cosa poco probable, vuelve a cerrar el blíster, guárdalo en la nevera y consúmelo en 24 horas. Al día siguiente el corte pierde brillo y la grasa se oxida. Se puede comer, pero ya no es lo mismo.

Variaciones y maridaje

Para el aperitivo de diario, el jamón va solo con pan y un chorro de aceite. Para una ocasión más seria, monta una tostada con tomate rallado, una loncha gruesa y unas escamas de sal. Son un par de ingredientes más y un plato completamente distinto.

En cuanto a la bebida, el vermut rojo es el maridaje más honesto: sus notas amargas cortan la grasa sin competir con el jamón. Si prefieres vino, un blanco con algo de crianza o un fino bien frío funcionan mejor que un tinto potente, que se come literalmente al ibérico.

Y si el plan es Nochebuena o una comida de empresa, el blíster resuelve el problema logístico de la mesa de embutidos sin pasar por la charcutería. No es lo mismo que una pieza cortada a cuchillo, pero queda digno. Bastante más digno, desde luego, que un plato vacío.

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