La izquierda afronta el 29-N con casi todos los elementos en contra. Las ambiciosas políticas sociales impulsadas durante los últimos años no han conseguido evitar el deterioro de las condiciones materiales de buena parte de la población. La pérdida de poder adquisitivo, la crisis de la vivienda y el desgaste acumulado tras ocho años de Gobierno han ido erosionando las expectativas electorales del bloque progresista a pesar de la debilidad del PP y de las grietas programáticas de la ultraderecha. A ello se suma el impacto de los casos de corrupción que han golpeado al PSOE, con José Luis Ábalos en el centro de la tormenta y las investigaciones que afectan presuntamente a Santos Cerdán y José Luis Rodríguez Zapatero.
Tampoco ha ayudado el accidente ferroviario de Toledo, aunque la dimisión Óscar Puente ha cambiado el paso de la precampaña. El Gobierno que durante los últimos años se ha proyectado como un referente internacional por su posición frente al genocidio que sufre Palestina llega a la cita electoral con un panorama interno mucho más complicado.
Sin embargo, el contexto internacional también ofrece algunos motivos para el optimismo de la izquierda. La caída de Viktor Orbán, la remontada de Lula da Silva en Brasil, la amarga victoria de Benjamín Netanyahu, que podría ser desalojado del poder y quizá acabe juzgado por crímenes contra la humanidad, y la debacle electoral de Donald Trump en las elecciones de medio mandato son señales que los progresistas pueden interpretar como síntomas de agotamiento de la ultraderecha internacional.
Las posibilidades de que la izquierda consiga gobernar no parecen especialmente elevadas. Pero la cita electoral tiene otros objetivos. Frente a un PP liderado por Alberto Núñez Feijóo, al que algunos sectores consideran falto de carisma y condicionado por una parte de la derecha mediática y por la siempre polémica Isabel Díaz Ayuso, el bloque progresista necesita evitar que la derecha y Vox alcancen una mayoría suficiente para imponer su agenda.
Ayuso, que ha perdido parte del aura política que la acompañó durante los últimos años por las controversias relacionadas con su pareja y Quirón, su viaje a México y la compra del ático, también forma parte de un escenario en el que la ultraderecha aspira a condicionar las decisiones del PP. El pacto en el Senado, las propuestas involucionistas y los discursos negacionistas sobre la violencia de género, el cambio climático o la memoria histórica dibujan algunos de los frentes que preocupan a la izquierda.
A todo ello se añaden las sospechas sobre determinadas actuaciones de la UCO, las maniobras de algunos medios de comunicación que quieren maniobrar en el campo político, algunos guiños conservadores de Zarzuela, la brutalidad policial conta protestas sociales y decisiones judiciales, como que el corruptor Víctor de Aldama esté en prisión, o el retraso de los juicios contra la corrupción del PP, han alimentado el debate sobre la existencia de sectores del ‘Estado profundo’ interesados en propiciar un cambio de Gobierno.
La izquierda tiene por delante trece objetivos que van desde evitar una debacle histórica hasta conservar su capacidad de movilización social.
1. Evitar una debacle histórica
El primer objetivo es impedir que el bloque de la derecha y la ultraderecha consiga una mayoría abrumadora. Algunas encuestas apuntan a que PP y Vox podrían superar conjuntamente los 200 escaños, una cifra que les permitiría disponer de una fuerza parlamentaria extraordinaria y abrir la puerta a reformas de gran calado, incluida la constitucional.
Una mayoría de esas dimensiones podría facilitar modificaciones legislativas sobre cuestiones como el aborto, el régimen foral de Navarra o los derechos sociales. La izquierda, al menos, necesita evitar que la suma de las derechas alcance una capacidad de transformación institucional que vaya mucho más allá de un simple relevo en el Gobierno.
2. La carambola de Pedro Sánchez
Pedro Sánchez no es un presidente que dé una batalla por perdida y varias encuestas no ligadas al CIS pronostican que puede luchar por su tercera victoria electoral tras las dos de 2019. En 2014, pocos apostaban por él y consiguió hacerse con la Secretaría General del PSOE. En 2017 volvió a imponerse en unas primarias que parecían cuesta arriba. En 2018 llegó a la Moncloa mediante una moción de censura antes de que sus adversarios lo calificaran de okupa. Y en 2023 volvió a protagonizar una remontada electoral que pocos anticipaban.
El presidente aspira ahora a repetir una de esas carambolas. Pese al desgaste del Gobierno, la corrupción y el accidente ferroviario de Toledo, el PP no termina de crecer con toda la coyuntura a su favor. Sánchez podría conformarse con mantener los escaños del PSOE e incluso sueña con mejorar sus resultados, aunque las posibilidades de conservar el poder no sean evidentes.
El líder socialista también tiene un objetivo personal. Un buen resultado le permitiría continuar al frente del partido o, en caso de que decidiera dar un paso atrás, tutelar la sucesión a su manera. En 2023, el PP defendía que debía gobernar la lista más votada. Una victoria socialista o un resultado suficientemente competitivo podría devolver ese argumento al debate político.
3. Frente Amplio: el reto de la unidad
El Frente Amplio, encabezado por Ada Colau, aspira a salvar los muebles gracias a la participación de los comunes, Más Madrid, Izquierda Unida y Movimiento Sumar. La apuesta pasa por construir una estructura menos dependiente de los liderazgos de los últimos años y con una representación más equilibrada de las distintas organizaciones.
Yolanda Díaz ha sido considerada por muchos una magnífica ministra, pero una líder con dificultades para cohesionar a la izquierda alternativa. La verticalidad que caracteriza a Sumar y el excesivo peso de Más Madrid han dado paso a una negociación en la que otras organizaciones reclaman mayor protagonismo.
La prioridad es conservar un grupo parlamentario fuerte con presencia de Más Madrid, Catalunya en Comú, IU, Movimiento Sumar y sus aliados territoriales: Chunta Aragonesista, Més, Compromís y Nueva Canarias.
4. El sueño de Podemos
Podemos afronta una de sus pruebas más delicadas. Irene Montero mantiene un gran tirón en sectores de la izquierda y su apuesta pasa por recuperar protagonismo. Su pacto con Gabriel Rufián supone una apuesta arriesgada que podría darle visibilidad, pero también dejar a los morados fuera del Congreso si la estrategia no funciona.

Pablo Iglesias sostiene que el Frente Amplio ha terminado subordinado al PSOE y que Podemos podría aprovechar esa situación para reconstruir un espacio propio. La situación morada recuerda a otros momentos de la política española: Alberto Garzón consiguió representación en 2015 con IU e Íñigo Errejón lo hizo en 2019 con Más Madrid. Ahora Irene Montero y otros dirigentes de Podemos aspiran a demostrar que todavía existe un electorado dispuesto a respaldar una candidatura diferenciada.
Su programa es, además, más ambicioso en términos económicos y sociales que el del PSOE y el del Frente Amplio. Entre sus principales propuestas figuran:
- Subir el salario mínimo interprofesional hasta los 1.800 euros y reducir la jornada laboral a 30 horas semanales.
- Rebajar por ley un 40 % los precios de los alquileres y prohibir los pisos turísticos.
- Crear empresas públicas en sectores estratégicos, como el farmacéutico y el energético.
- Romper con la actual política exterior mediante la salida de la OTAN y un embargo total de armas a Israel.
5. El independentismo, una fuerza decisiva
Las formaciones independentistas y nacionalistas pueden volver a desempeñar un papel determinante. EH Bildu aspira a consolidar su crecimiento, acercarse a sus mejores resultados históricos en Euskadi y dejar muy atrás al PNV. El Bloque Nacionalista Galego también llega con el objetivo de mantener el impulso que le permitió alcanzar su mejor resultado electoral.
ERC, por su parte, necesita recuperar parte de la fuerza que tuvo en abril de 2019. Aunque parece complicado repetir aquellos resultados, la presencia de Gabriel Rufián, convertido en uno de los dirigentes más reconocibles de la izquierda, puede ayudar a movilizar a su electorado y a proyectar su influencia más allá de Cataluña.
6. Los acentos territoriales
Compromís, Més per Mallorca, Nueva Canarias y Chunta Aragonesista representan cuatro de los acentos territoriales que pueden resultar determinantes para el espacio progresista. Sus alianzas con el Frente Amplio y, en algunos casos, con Podemos, podrían ayudar a darles voz en el Congreso.
Los acuerdos han sido posibles en buena medida allí donde las negociaciones no han estado dirigidas exclusivamente por el entorno de Yolanda Díaz. La incógnita es también el papel de Adelante Andalucía, que se convirtió en una de las revelaciones de las últimas elecciones autonómicas y aspira a estrenarse en el Congreso. Algunas encuestas apuntan a que podría convertirse en una de las sorpresas del 29-N.
7. Evitar que Feijóo salga reforzado
Alberto Núñez Feijóo también se juega mucho. Una victoria insuficiente o un resultado que no mejore sustancialmente los números del PP en 2023 podría convertirlo en un líder debilitado, incluso aunque consiguiera quedar por delante del PSOE.
Una amarga victoria, sin capacidad para gobernar o con Vox en una posición de fuerza desproporcionada, dejaría al errático presidente popular en una situación incómoda. La izquierda podría aprovechar ese escenario para recuperar la iniciativa política y volver a movilizarse en las calles frente a un Gobierno condicionado por la ultraderecha.
8. Que Vox no marque la agenda
La relación entre PP y Vox constituye otro de los grandes objetivos de la izquierda. Algunos sectores socialistas no descartan que el PSOE pueda ofrecer sus votos para evitar que la ultraderecha entre en determinados gobiernos, aunque esa estrategia dependería de las circunstancias políticas y de los resultados.
El precedente de Extremadura es significativo. María Guardiola pasó de enfrentarse a Vox y rechazar sus exigencias a terminar aceptando un acuerdo con la formación de Santiago Abascal pese a que el PSOE le ofreció la abstención.
9. La responsabilidad política frente a la gestión de las tragedias
El accidente ferroviario de Toledo ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre las responsabilidades políticas. La dimisión de Óscar Puente contrasta con la situación de Carlos Mazón, que sigue siendo parlamentario de les Corts y se mantiene al frente de una comisión muy bien pagada que rara vez se reúne.

La permanencia de Mazón en la política valenciana, su continuidad como diputado y el mantenimiento de su aforamiento han alimentado las críticas por el papel cómplice de Génova 13. También resulta polémico que presida una comisión vinculada a la reconstrucción mientras conserva los beneficios económicos e institucionales de su cargo.
10. La vivienda, el gran problema social
La vivienda es uno de los principales puntos débiles del Gobierno. Pese a los anuncios y a la aprobación de medidas legislativas que comunidades como la madrileña se han negado a aplicar, el acceso a un alquiler asequible sigue siendo una de las mayores dificultades para millones de personas, especialmente jóvenes y familias con rentas medias y bajas.
El PP, por su parte, apuesta por medidas centradas en combatir la ocupación como si este marginal fenómeno fuera el único problema del sector. Una estrategia que, a juicio de sus críticos, desvía la atención de un problema mucho más amplio: la falta de oferta asequible, la especulación y el encarecimiento de los alquileres.
La huelga general convocada por los sindicatos y las movilizaciones de los colectivos sociales pueden convertirse en un elemento decisivo para mantener la vivienda en el centro del debate. El movimiento de inquilinos y las organizaciones sociales reclaman respuestas que vayan más allá de los anuncios electorales.
11. La campaña: Sánchez frente a Feijóo y la batalla mediática
La campaña será otro terreno decisivo. El PP lleva tiempo preparando el asalto electoral, mientras Sánchez confía en su capacidad para conectar con el electorado y protagonizar una campaña de alto impacto mediático.
Los formatos de entretenimiento y los espacios de conversación política también tendrán protagonismo. La posible presencia de los candidatos en programas como ‘El Hormiguero’ o en espacios de entrevistas y debate, como el de Jordi Wild, puede ampliar la audiencia de los mensajes políticos y llegar a votantes que no siguen habitualmente la actualidad.
Los debates electorales serán especialmente importantes. Un cara a cara entre Sánchez y Feijóo y un debate a cuatro permitirán medir la capacidad de cada bloque para defender sus propuestas. En la izquierda alternativa, Ada Colau aspira a tener presencia en esos espacios, mientras Irene Montero intentará utilizar una agenda propia para diferenciarse del resto de candidaturas.
12. Evitar una mayoría absoluta en el Senado
El Senado puede convertirse en otro frente de la batalla electoral. La izquierda necesita impedir que PP y Vox alcancen una mayoría absolutísima que les permita utilizar la cámara territorial como una herramienta antiprogresista.
La coalición Senado de Progreso aspira a limitar el insólito pacto entre PP y la ultraderecha.
13. Que no haya una hecatombe y volver a la calle
El último objetivo es, en realidad, el que condiciona todos los demás: evitar una hecatombe electoral que deje a la izquierda sin capacidad de influencia política y social. Incluso si el resultado no permite gobernar, conservar una representación parlamentaria suficiente será fundamental para mantener la oposición a las políticas de PP y Vox.
Pero la batalla no termina en las instituciones. La izquierda necesita recuperar su capacidad de movilización, reforzar los sindicatos, mantener su presencia en los medios de comunicación y reconstruir los vínculos con los colectivos sociales.
La movilización de los sindicatos, las asociaciones de inquilinos y las organizaciones sociales puede resultar tan importante para el próximo ciclo como el reparto de escaños.
