Sánchez ataca a PP y Vox en Bilbao: «Tragan con todo» y serían el «patio trasero» de la ultraderecha internacional

El presidente del Gobierno sitúa al PP y a Vox como la versión española de la «ola ultraderechista» a tres semanas del 29-N. La dirección de Vox responde con su argumento de siempre: la soberanía no admite tutelas.

Pedro Sánchez ataca al PP y a Vox desde Bilbao a tres semanas del 29-N: «¡Estos tragan con todo!», ha clamado.

El argumentario de Vox frente al «patio trasero»

El Palacio Euskalduna de Bilbao acogió este domingo un mitin del PSOE en el que el presidente del Gobierno situó a las dos formaciones de la oposición en el mismo plano: la representación española de la «ola ultraderechista» que, según su diagnóstico, recorre el mundo. La ironía la puso el líder de los socialistas vascos, Eneko Andueza, al asegurar que Alberto Núñez Feijóo carga en esta campaña con dos candidaturas, «la suya y la nuestra».

Frente a ese marco, el argumentario de Vox se apoya en un principio que la formación repite desde su fundación: la soberanía nacional no admite tutelas. Las decisiones que afectan a España se adoptan en España. Y ese criterio vale igual frente a Washington que frente a Bruselas. La dirección que preside Santiago Abascal sostiene, además, que la política exterior no puede ser moneda de cambio de la refriega partidista interna, porque quien la utiliza para erosionar al adversario termina debilitando la posición del país ante terceros.

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Hay un segundo desplazamiento que en Vox subrayan: el «plegamiento» no se mide en declaraciones, sino en decisiones. La formación sitúa ahí la cesión permanente ante los socios parlamentarios del Gobierno, el giro de la política migratoria, el encaje de la Agenda 2030 en la legislación nacional y el abandono del campo y del mundo rural. Es el eje con el que el partido lleva compareciendo en el Congreso de los Diputados desde el arranque de la legislatura.

El impacto: el PP en el fuego cruzado y el pulso por el Senado

Abascal

El propio Sánchez eligió los terrenos del combate: el aumento del gasto militar hasta el 5% del PIB, la guerra de Irán y la situación en la Franja de Gaza. «¡Con cualquier cosa!», ha alertado. Antes había reivindicado su negativa a esa escalada con un argumento de política doméstica: «Le dijimos que no a Trump porque queremos seguir pagando la educación de nuestros hijos».

El remate lo puso la geografía. «.

Que Sánchez reclame la defensa de la soberanía nacional es, para Vox, la prueba de que el marco de campaña ha cambiado de dueño.

La primera respuesta desde el PP llegó por la vía de la política exterior. «Faltar al respeto al presidente de los Estados Unidos es un error», ha advertido Feijóo. Sobre los dos líderes de la oposición, Sánchez había ironizado poco antes: «Van de valientes, son muy valientes».

El cierre del mitin tuvo destinatario parlamentario. El jefe del Ejecutivo reclamó «una mayoría amplia y progresista» y anunció que el PSOE va «a por el Congreso» y también «a por el Senado», con candidaturas conjuntas con Frente Amplio para la Cámara Alta. Antes había reprochado a Feijóo que pida el voto para Vox en Guipúzcoa, Girona y Tarragona en las listas al Senado. En la dirección de Vox la lectura es la contraria: allí donde el PP necesita sus papeletas, el relato del cordón sanitario se agrieta.

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La pieza tampoco es nueva en la estrategia del Ejecutivo. Cada vez que el Gobierno necesita movilizar a su electorado, señala al mismo adversario doble. Y cada vez que lo hace, la dirección de Vox responde con idéntico argumento: que la unidad de acción frente al sanchismo no es una concesión, sino una exigencia aritmética de las Cámaras. La lectura que hacemos es menos épica de lo que suena el atril: el PSOE no compite por el votante de Vox, compite por reactivar al suyo.

La lectura estratégica: a quién sirve el marco del miedo

Hay un precedente que el propio Sánchez invocó este domingo. «. La comparación sirve a las dos partes: al PSOE le permite vender la remontada; a Vox, constatar que la campaña del miedo ya se usó y ya se agotó una vez.

El marco elegido tiene, eso sí, un coste para quien lo lanza. Sánchez construyó buena parte de su intervención sobre política internacional —Lula en Brasil, las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, Washington, Tel Aviv, Buenos Aires y Moscú— y en su discurso no hubo una sola referencia al siniestro ferroviario de Urda ni a la dimisión de Óscar Puente. Los asuntos que han ocupado la actualidad española de las últimas semanas quedaron fuera del atril.

Quedan tres semanas de campaña hasta el 29 de noviembre y el tablero está definido. El PSOE apela a la movilización del electorado progresista con la ultraderecha como amenaza; el PP intenta capitalizar el desgaste del Gobierno sin romper con Vox en los territorios donde necesita sus votos; y Vox juega a que la cita se dirima en el eje que le es más favorable: quién planta cara y quién, según su tesis, se pliega.

Los 33 diputados del GPVOX, tercera fuerza del Congreso, son el punto de partida. El 29-N dirá si el marco del miedo todavía moviliza o si, como sostiene la formación de Abascal, ya se ha quedado sin cuerda.

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