El portavoz de Junts en el Parlament, Albert Batet, ha expresado la preocupación de su grupo ante la investidura de Illa. Batet ha manifestado su confianza en que el expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pueda llegar al Parlament y «ejercer sus derechos» antes de que finalice el pleno de investidura. Esto evidencia la tensión existente entre los partidos independentistas y el candidato socialista.
Batet ha criticado duramente a los republicanos, acusándolos de haber «asumido definitivamente y sin disimular el marco mental de los socialistas«. Según el portavoz de Junts, la investidura de Illa equivaldría a un nuevo «155», es decir, a una injerencia del Gobierno español en los asuntos internos de Cataluña. Batet ha advertido que un Govern de la Generalitat con Illa al frente estaría «supeditado a los intereses del PSOE».
La Reacción de los Independentistas
Las declaraciones de Batet reflejan la preocupación de los partidos independentistas ante la posible investidura de Illa. Consideran que este hecho representaría una continuación del artículo 155 de la Constitución, que fue aplicado por el Gobierno español en 2017 tras la declaración unilateral de independencia de Cataluña.
Los independentistas temen que la presencia de Illa como president de la Generalitat limitaría la capacidad de Cataluña para tomar decisiones autónomas y estaría sujeta a los intereses del PSOE a nivel nacional. Esta percepción de un «nuevo 155» evidencia la profunda brecha que aún persiste entre los partidarios de la independencia y los defensores de la unidad española.
Es importante destacar que la entrada de manifestantes independentistas en el recinto del Parlament, denunciada por Batet, agrega una capa de tensión adicional a este escenario político ya de por sí complejo. La eventual investidura de Illa podría, según los independentistas, suponer una amenaza a la autonomía catalana y a los avances logrados en los últimos años.
En conclusión, la investidura de Salvador Illa como candidato a la Presidencia de la Generalitat ha generado una fuerte reacción por parte de los partidos independentistas, quienes temen que esto implique un nuevo «155» y una subordinación de Cataluña a los intereses del Gobierno central. Este escenario pone de manifiesto la persistencia de las profundas divisiones políticas en la región y la necesidad de encontrar soluciones consensuadas que respeten la diversidad y la autonomía de Cataluña.
