Podemos deja en fuera de juego a Sumar con la regularización de migrantes

La regularización extraordinaria de personas migrantes anunciada por el Gobierno ha supuesto algo más que un avance relevante en materia de derechos: ha evidenciado un cambio en el equilibrio de fuerzas dentro del espacio a la izquierda del PSOE.

Podemos, fuera ya del Ejecutivo pero con capacidad de presión parlamentaria y política, ha logrado capitalizar una medida largamente demandada por organizaciones sociales y por el propio socio de coalición, Sumar, que esta vez ha quedado en un segundo plano.

En un movimiento que combina eficacia y discurso ideológico, los morados han demostrado una mayor eficacia para convertir una reivindicación histórica en una decisión concreta del Consejo de Ministros.

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El acuerdo alcanzado permitirá iniciar, por vía administrativa y mediante un procedimiento de urgencia, una regularización que podría beneficiar a más de 500.000 personas. Podrán acogerse quienes acrediten estar en España antes del 31 de diciembre de 2025, carezcan de antecedentes penales relevantes y demuestren una permanencia mínima de cinco meses en el momento de la solicitud.

Se trata de un real decreto que no necesitará convalidación parlamentaria, lo cual es un detalle clave en un Congreso fragmentado donde una iniciativa de este tipo tendría serias dificultades para salir adelante. La fórmula no es nueva, pero sí políticamente significativa.

Desde 1986, España ha aprobado seis regularizaciones extraordinarias —tres de ellas bajo gobiernos del Partido Popular— que permitieron documentar a más de un millón de personas. La más conocida, la de 2005 impulsada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, es el precedente directo de la actual.

Con esta decisión, Pedro Sánchez se sitúa en una senda ya recorrida por Aznar y Zapatero, aunque en un contexto político mucho más polarizado y con la migración convertida en un campo de batalla simbólico.

Para Podemos, el acuerdo es una victoria estratégica. Tras meses de negociaciones discretas, el partido ha logrado situar su agenda en el centro y presentarse como garante de derechos en un momento en el que Sumar aparece más constreñido por su papel institucional. Irene Montero lo resumió con una consigna clásica del espacio: «los papeles son derechos».

Montero Moncloa
Irene Montero podría liderar a Podemos en las próximas elecciones generales. Foto: EP.

No se trata solo de un mensaje identitario, sino de una demostración de que la presión externa puede resultar más eficaz que la gestión interna cuando el PSOE se muestra reticente o teme el coste político. La medida persigue, según el propio texto que autoriza su tramitación urgente, mejorar y agilizar el acceso a autorizaciones de residencia por circunstancias excepcionales, reforzar la seguridad jurídica de las personas extranjeras y garantizar el ejercicio efectivo de sus derechos.

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En términos sociales, supone sacar de la invisibilidad legal a cientos de miles de personas que ya viven, trabajan y forman parte del tejido económico y comunitario del país, pero que lo hacen en condiciones de extrema vulnerabilidad administrativa.

ENFADO DE LA DERECHA Y ULTRADERECHA

Pese a ello, la reacción política no se ha hecho esperar. Desde la derecha y la ultraderecha se ha acusado al Gobierno de electoralismo y de abrir la puerta a una supuesta laxitud migratoria. Parte de ese discurso se apoya en bulos recurrentes: que no se comprobarán antecedentes penales o que la regularización equivale a conceder la nacionalidad.

Ninguna de las dos afirmaciones es cierta. La residencia no otorga derecho a voto en elecciones generales ni autonómicas, y solo permite participar en comicios municipales en supuestos muy concretos.

Tampoco se prescinde de controles legales básicos. El debate real, sin embargo, va más allá de la confrontación partidista. La regularización tiene implicaciones profundas en términos de cohesión social, mercado laboral y funcionamiento de los servicios públicos.

Aflorar población que ya está aquí permite combatir la economía sumergida, mejorar las condiciones de trabajo en sectores precarizados y facilitar la actuación de las administraciones. No es casual que actores tan diversos como organizaciones empresariales o la Iglesia católica hayan expresado su apoyo a la iniciativa, subrayando que la estabilidad administrativa favorece tanto la convivencia como el crecimiento económico.

El Partido Popular, por su parte, ha elevado el tono y amenaza con llevar la cuestión a Bruselas, pese a que sus propios gobiernos recurrieron en el pasado a regularizaciones similares. La competencia con Vox explica en buena medida este endurecimiento discursivo.

La migración se ha convertido en un elemento central de la disputa cultural, más allá de los datos y de la experiencia acumulada durante décadas. Este episodio refuerza la narrativa de Podemos como fuerza incómoda pero eficaz, capaz de arrancar concesiones al PSOE desde fuera del Consejo de Ministros.

También tensiona la relación entre ambos proyectos, en un momento en el que la fragmentación de la izquierda no socialista sigue siendo uno de los principales problemas estratégicos del bloque progresista. Mientras Sumar apuesta por la moderación institucional, Podemos vuelve a demostrar que la confrontación selectiva puede dar resultados.