Los «eternos» del Congreso: El ranking de diputados que llevan 30 años en el escaño y han ganado 1,3 millones de euros

- Una investigación revela quiénes son los diputados que llevan más de 30 años en el Congreso.
- El ranking destaca que el veterano número uno ha podido ganar más de 1,3 millones de euros brutos, reabriendo el debate sobre los sueldos y la renovación en la política española.

La política española, a menudo percibida como un escenario de cambios constantes y volatilidad electoral, esconde en sus filas un grupo selecto de parlamentarios para quienes el Congreso de los Diputados no es un lugar de paso, sino una residencia permanente. Estos perfiles, conocidos coloquialmente como los «patas negras» de la Cámara, han logrado sortear crisis de partido, adelantos electorales y renovaciones de listas para encadenar décadas en sus asientos. Según el análisis de los registros económicos actuales y la evolución salarial de las últimas legislaturas, los diputados más veteranos del hemiciclo han podido acumular una retribución bruta que supera los 1,3 millones de euros, una cifra que pone el foco sobre la profesionalización de la representación pública en España.

La estructura salarial de un diputado no se limita únicamente a la asignación constitucional básica, que tras las recientes subidas aplicadas se sitúa en torno a los 3.367 euros mensuales. A esta base hay que sumar una serie de complementos por cargo en comisiones, gastos de representación y, sobre todo, la indemnización por gastos de alojamiento y manutención, que para los diputados de fuera de Madrid está libre de tributación. Esta arquitectura financiera permite que los parlamentarios con mayor trayectoria, aquellos que suman más de ocho o nueve legislaturas, hayan percibido a lo largo de su carrera sumas que triplican el patrimonio medio de los ciudadanos a los que representan. La acumulación de trienios y el acceso a presidencias de comisión elevan el listón económico de estos perfiles de manera exponencial.

El mapa de la veteranía: nombres que sobreviven a las eras políticas

En el actual panorama parlamentario, nombres como los de Ignacio Gil Lázaro, ahora en las filas de Vox pero con una amplísima trayectoria previa, destacan por encabezar el ranking con hasta 11 legislaturas. Junto a él, figuras del Partido Popular como José Antonio Bermúdez de Castro y Sandra Moneo representan la máxima fidelidad al escaño, acumulando 10 legislaturas cada uno. Estos políticos han visto pasar a varios presidentes del Gobierno desde su asiento, convirtiéndose en guardianes de la memoria reglamentaria de la Cámara. No son los únicos; el incombustible Rafael Hernando, con 9 legislaturas, o el propio Aitor Esteban, portavoz del PNV que suma ya 8 ciclos legislativos, son ejemplos de esa estabilidad que permite a sus grupos mantener una influencia constante. Incluso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se sitúa en este grupo de veteranía con 7 legislaturas a sus espaldas, consolidando una estabilidad salarial garantizada por el erario público.

Publicidad

El debate sobre la limitación de mandatos vuelve a la mesa cada vez que se publican las cifras de los salarios acumulados por los diputados más antiguos. Mientras que en otros sistemas democráticos la rotación es una exigencia no escrita, en España la elaboración de las listas electorales por parte de las cúpulas de los partidos permite que ciertos perfiles se eternicen en el cargo. Para un diputado que ha permanecido 25 o 30 años en las Cortes, la suma de sueldos base y dietas —que pueden rondar los 2.000 euros adicionales al mes para los electos por provincias distintas a Madrid— supone una inyección económica que, bien gestionada, garantiza un retiro dorado. La transparencia del Congreso permite hoy desglosar estas cifras, revelando que los parlamentarios más experimentados han ingresado, solo en concepto de salario bruto, cantidades que marean al contribuyente medio.

La paradoja de la representación y el sueldo de sus señorías

Resulta llamativo que, pese a la crispación política, exista un consenso tácito entre las principales fuerzas para actualizar las retribuciones conforme a la subida de los funcionarios. En 2026, tras las últimas actualizaciones, el sueldo mínimo anual se sitúa en niveles históricamente altos, sin contar los pluses por responsabilidad que perciben los portavoces o presidentes de comisión. Para los diputados que han hecho de la política su única profesión desde la juventud, este sistema supone una protección ante la precariedad del mercado laboral externo. La crítica no se dirige tanto a la cuantía mensual, que muchos consideran acorde a la responsabilidad del cargo, sino a la perpetuación en el poder que desvirtúa la idea de la política como un servicio temporal a la ciudadanía.

La realidad económica de los diputados con más solera se aleja de la de los nuevos parlamentarios que llegan con formaciones académicas diversas pero sin el respaldo de la «maquinaria» de partido. Los veteranos no solo cobran más por su experiencia y cargos acumulados, sino que han desarrollado una red de influencias y conocimientos que los hace indispensables para sus formaciones. Sin embargo, el hecho de que un pequeño grupo de personas pueda acumular más de un millón de euros brutos en sueldos públicos genera una brecha de percepción. La ciudadanía observa con recelo cómo, mientras el salario mediano en España apenas crece, la élite parlamentaria consolida su estatus económico bajo el amparo de un reglamento que ellos mismos tienen el poder de modificar.