Los huevos han pasado de ser casi un enemigo en la cocina a recuperar poco a poco su sitio en el plato, durante años se les señaló por su relación con el colesterol, especialmente a las yemas, y mucha gente acabó reduciendo su consumo casi por miedo, cambiándolos por opciones más “ligeras” que en realidad tampoco aportaban lo mismo a nivel nutricional.
Hoy la conversación es otra, la ciencia ha ido afinando el foco y lo que antes parecía una verdad indiscutible ahora se matiza bastante más; los huevos ya no están en el punto de mira como antes y cada vez hay más estudios que obligan a replantearse si realmente tenía sentido evitarlos o si el problema estaba en otra parte de la dieta.
1El cambio de mirada sobre los huevos y el colesterol
Durante décadas se pensó que comer huevos elevaba directamente el colesterol en sangre, por eso las recomendaciones eran bastante estrictas y se hablaba de no superar ciertos límites diarios, además, la yema quedó marcada como la gran culpable y mucha gente la eliminó casi por completo de su alimentación.
Sin embargo, esa idea empezó a tambalearse cuando los estudios más recientes no encontraron una relación tan clara entre el colesterol de los alimentos y el riesgo cardiovascular, de hecho, desde 2016 ya no se mantiene ese límite tan rígido y en investigaciones más actuales se ha visto incluso que incluir huevos dentro de una dieta equilibrada y baja en grasas saturadas no empeora el colesterol, sino que puede mejorar algunos indicadores.

