Los huevos han pasado de ser casi un enemigo en la cocina a recuperar poco a poco su sitio en el plato, durante años se les señaló por su relación con el colesterol, especialmente a las yemas, y mucha gente acabó reduciendo su consumo casi por miedo, cambiándolos por opciones más “ligeras” que en realidad tampoco aportaban lo mismo a nivel nutricional.
Hoy la conversación es otra, la ciencia ha ido afinando el foco y lo que antes parecía una verdad indiscutible ahora se matiza bastante más; los huevos ya no están en el punto de mira como antes y cada vez hay más estudios que obligan a replantearse si realmente tenía sentido evitarlos o si el problema estaba en otra parte de la dieta.
2No son los huevos, es el conjunto de la dieta
Aquí es donde está la clave que muchas veces se pasa por alto, los huevos en sí no suelen ser el problema, lo que realmente influye en el colesterol son las grasas saturadas que acompañan a esos huevos en el plato. No es lo mismo comerlos con verduras o pan integral que con mantequilla, embutidos o fritos en exceso de grasa.
El cuerpo, además, produce la mayor parte del colesterol en el hígado, no lo obtiene directamente de lo que comes, y ahí entran en juego factores como la genética o el estilo de vida, por eso hay personas que reaccionan de forma distinta al consumo de este alimento, pero en general los expertos coinciden en que es más importante vigilar el conjunto de la dieta que señalar a un solo elemento.

