El expresident Jordi Pujol comparece este lunes ante la Audiencia Nacional en Madrid, una cita que la familia ha querido blindar de cualquier acompañamiento político. La declaración llega después de meses de aplazamientos médicos y se produce, según el calendario judicial, el 27 de abril, una fecha que para el clan Pujol coincide significativamente con la víspera del Dia de la Mare de Déu de Montserrat.
El gesto que ha marcado las últimas horas no es jurídico, sino político. Junts ofreció acompañar al expresident en su desplazamiento a Madrid y la familia rechazó la propuesta sin matices. La calificó, según ha trascendido en Crónica Global, de ‘oportunismo’ por parte del partido fundado por Carles Puigdemont. La distancia entre el pujolismo histórico y la actual dirección de Junts vuelve a quedar expuesta justo cuando más altavoz mediático tiene el caso.
Por qué la familia Pujol cierra la puerta a Junts
La relación entre el expresident y Junts nunca ha sido sencilla desde que en 2014 Pujol confesó la existencia de fondos no declarados en el extranjero. Convergència, primero, y el espacio postconvergente, después, se distanciaron del patriarca para sobrevivir políticamente. Una década más tarde, con el juicio en marcha y los siete hijos también imputados en distintas piezas, la familia interpreta cualquier acercamiento como un cálculo electoral.
Fuentes próximas al entorno familiar consultadas por medios catalanes apuntan a que el ofrecimiento de Junts llegó sin contacto previo discreto, en formato más bien público. Y eso, en clave Pujol, es exactamente lo contrario de lo que se espera de un aliado. La negativa, por tanto, no sorprende a quien conoce los códigos del clan: cuando la lealtad no se cultivó en los años duros, no se reclama en los días señalados.
Junts, por su parte, intenta recolocarse en un terreno incómodo. La formación necesita reactivar el relato de defensa institucional del catalanismo histórico, ahora que la legislatura del president Salvador Illa avanza con el apoyo de ERC y deja a Junts en una oposición crecientemente ruidosa. Acompañar a Pujol a Madrid era, en esa lógica, una imagen poderosa. La familia lo ha leído así y por eso ha dicho que no.
La cita judicial y lo que está en juego
La comparecencia del lunes se enmarca en la causa que la Audiencia Nacional sigue por la presunta financiación irregular de la familia y el origen de la fortuna ocultada en Andorra durante décadas. Pujol, que cumplió 96 años el pasado mes de junio, llega al tribunal con un estado de salud delicado que ha justificado los aplazamientos previos. Su defensa pedirá que la declaración sea breve y, si es posible, no se repita.
El expresident afronta esta cita después de que en los últimos años se hayan ido cerrando piezas separadas contra varios de sus hijos, con Jordi Pujol Ferrusola como figura más expuesta. La estrategia de la familia ha sido siempre presentar al patriarca como ajeno a la operativa financiera, una tesis que la fiscalía rebate con el rastro documental aportado por las investigaciones suizas y andorranas.
El pujolismo se despide del Madrid judicial sin querer compartir foto con quienes, durante años, prefirieron no compartir trinchera.
El simbolismo del calendario tampoco es menor. Que el desplazamiento a Madrid coincida con la víspera de la patrona de Catalunya es un detalle que la familia no ha desmentido y que en los círculos catalanistas se lee como una declaración de identidad. Un mensaje sutil. La defensa del legado, dicen los suyos, pasa por no diluirlo en la coreografía de otros.
Lo que esta declaración significa para el tablero catalán
Analizamos esta cita más allá del expediente judicial. La fotografía que no se va a producir el lunes en la Audiencia Nacional dice mucho del momento de Junts: un partido que busca anclajes históricos para legitimar su discurso actual y se encuentra con que esos anclajes prefieren mantenerse al margen. Hace una década, Convergència desactivó cualquier defensa pública del pujolismo. Hoy, los hijos políticos de aquella decisión piden volver a la casa común y la casa contesta que la puerta ya no se abre así.
El precedente más comparable es el del propio 2014, cuando la confesión de Pujol provocó un terremoto interno que aceleró la refundación de Convergència. Entonces, los liderazgos emergentes—Mas, Puigdemont, después Turull—optaron por la distancia sanitaria. La familia lo recuerda. Y lo factura ahora, en el momento en que un acompañamiento mediático les habría sido útil a quienes en su día prefirieron no estar.
Para el Govern de Illa, la escena tiene un valor añadido: cualquier gesto de Junts hacia el pujolismo que no fructifique debilita a la oposición soberanista y consolida la narrativa de que el espacio postconvergente no controla ni siquiera su propio relato fundacional. ERC observa con discreción. El PSC, también.
La declaración del lunes marcará la siguiente fase del procedimiento. Habrá que ver si el tribunal admite el formato reducido que la defensa pedirá y si abre la puerta a futuras comparecencias por escrito. La próxima cita procesal relevante está prevista, según el calendario de la Sala, para las semanas posteriores a la pausa judicial de mayo.
