La Assemblea Nacional Catalana releva a Lluís Llach por motivos de salud y entrega la presidencia a Josep Vila, hasta ahora coordinador de la entidad. El cantautor pasa a la vicepresidencia y mantiene presencia institucional, pero deja el día a día tras dos años al frente del activismo soberanista organizado.
El movimiento se ha conocido este sábado y ha pillado a buena parte de la militancia con el pie cambiado. Pocos esperaban un relevo en plena reorganización del independentismo. La Permanent Nacional —el órgano ejecutivo de la ANC— ha avalado el cambio y lo elevará a ratificación del Secretariat en las próximas semanas, según fuentes de la entidad consultadas por Moncloa.com.
Quién es Josep Vila y por qué llega ahora
Vila no es un recién llegado. Coordinador general de la ANC durante el mandato de Llach, conoce el aparato territorial de la entidad y ha sido pieza central en la articulación de las últimas movilizaciones de la Diada. Su perfil es menos mediático que el del cantautor, pero más operativo. En la propia web de l’Assemblea figura como uno de los rostros que han pilotado la transición organizativa interna del último año.
La salida de Llach, en cambio, sí ha sorprendido por la forma. Hasta esta semana no había trascendido que el presidente saliente atravesase un problema de salud que le obligase a dar un paso atrás. Según ha avanzado el diario Ara, la decisión se ha precipitado en cuestión de días. Llach mantiene la vicepresidencia para preservar continuidad simbólica y no dejar a la entidad sin la figura más reconocible de su mandato.
El relevo llega en el peor momento del soberanismo organizado
Aquí es donde la lectura política se complica. La ANC vive su período de menor empuje desde 2012. La Diada del año pasado evidenció una caída sostenida de la movilización, con cifras de asistencia muy alejadas de los picos del procés. La entidad, además, ha entrado en colisión abierta con Esquerra Republicana y, en menor medida, con Junts, a los que ha acusado de haber renunciado a la unilateralidad.
Vila hereda esa ANC: una organización con bases envejecidas, presupuesto menguante y un debate interno no resuelto sobre el papel que debe jugar respecto a los partidos. La hoja de ruta que defendió Llach —presión sobre las formaciones soberanistas, distancia crítica con el Govern de Salvador Illa, rechazo frontal a los pactos de financiación— no necesariamente sobrevivirá intacta al nuevo liderazgo.
Lo que observamos en esta redacción es que la elección de un perfil interno como Vila, frente a alternativas más rupturistas que sonaron en su momento, apunta a continuidad estratégica con menos voltaje mediático. Es decir: misma línea, otro tono.

Lo que este cambio significa para Illa, ERC y Junts
Para el president de la Generalitat, la noticia es ambivalente. Una ANC con menor capacidad de presión callejera alivia tensión sobre el flanco soberanista del Govern, especialmente en lo relativo a la negociación de la financiación singular con Moncloa. Pero un Vila menos abrasivo en las formas también resta el argumento del ‘extremismo de la calle’ que ciertos sectores del PSC manejaban para justificar movimientos. La ecuación cambia, no se simplifica.
El relevo en la ANC no es solo una sustitución personal: redibuja, aunque sea discretamente, el equilibrio entre la calle independentista y los despachos del Palau y de Moncloa.
Para ERC, el cambio supone un respiro. La relación con Llach había alcanzado un punto crítico tras los reproches públicos del cantautor a la dirección republicana. Vila tiene mejor sintonía personal con cuadros de Esquerra, según fuentes parlamentarias consultadas por este medio, aunque eso no garantice paz a medio plazo. Junts, por su parte, observa con cautela: la ANC nunca ha sido un activo cómodo para Carles Puigdemont y no se espera que el relevo altere ese vínculo distante.
Análisis: una transición silenciosa en una entidad descapitalizada
Conviene recordar precedentes. Cuando Elisenda Paluzie dejó la presidencia en 2022 y entró Dolors Feliu, la ANC también vivió un cambio de tono más que de fondo. Feliu radicalizó el discurso, Llach lo moderó parcialmente y ahora Vila tendrá que decidir si profundiza esa moderación o vuelve a tensar la cuerda. La historia reciente sugiere que cada nuevo presidente promete refundación y entrega gestión.
El reto principal es financiero. La entidad ha perdido socios de manera continuada desde 2018, según los datos de la propia organización. Sin recursos no hay capacidad de movilización, y sin movilización la ANC pierde el argumento que le da peso ante los partidos. Vila lo sabe.
El próximo Secretariat ratificará el cambio y fijará la nueva hoja de ruta. La Diada de septiembre será el primer examen serio. Hasta entonces, calma aparente. Después, ya veremos.

