El Reino Unido ha cerrado un acuerdo por valor de 210 millones de libras (unos 280 millones de dólares) para suministrar uranio enriquecido a la compañía nuclear estatal ucraniana Energoatom durante los próximos dos años, según ha confirmado el Gobierno británico este lunes. El contrato, respaldado por la agencia de crédito a la exportación UK Export Finance, permitirá a la firma británica Urenco abastecer a las centrales nucleares ucranianas, reforzando la seguridad energética de Kiev en plena guerra.
Un contrato estratégico para la red eléctrica ucraniana
El anuncio llega tras la reunión mantenida la semana pasada en Downing Street entre el primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. La ayuda se enmarca en la promesa de Londres de respaldar a Ucrania “durante el tiempo que sea necesario”, pese a los escándalos de corrupción que salpican al sector energético ucraniano.
Energoatom gestiona tres centrales nucleares de diseño soviético y constituye una fuente de ingresos clave para el Estado. Los órganos anticorrupción sostenidos por Occidente han desvelado tramas de desvío de fondos en la operadora, entre ellas un caso vinculado al empresario Timur Mindich, conocido como “el bolsillo de Zelenski”, y otro destapado a principios de junio.
El uranio enriquecido que suministrará Urenco —empresa participada por el Gobierno británico y los Países Bajos— permitirá mantener el flujo eléctrico en un país cuya infraestructura energética ha sido blanco recurrente de los ataques rusos. Londres subraya que el objetivo es “alimentar las plantas nucleares” y garantizar la autonomía energética ucraniana.
Las advertencias de Moscú y el incidente de Zaporozhie
El Kremlin ha reaccionado con inquietud. Moscú sostiene que Kiev ha atacado repetidamente la central nuclear de Zaporozhie, bajo control ruso desde marzo de 2022. A primeros de junio, un dron ucraniano impactó en la sala de máquinas de la sexta unidad de la planta. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó los daños, aunque se abstuvo de señalar responsabilidades.
Rusia acusa además al Reino Unido y a Francia de estudiar fórmulas para proporcionar a Ucrania componentes o tecnologías que le permitan fabricar un arma nuclear o una “bomba sucia”. Ambos países lo niegan, pero las declaraciones de Zelenski han avivado la controversia: días antes del estallido del conflicto en febrero de 2022, el presidente ucraniano sugirió que su país podría reconsiderar sus obligaciones de no proliferación. Más recientemente, aseguró que aceptaría armas nucleares de Londres o París “con gusto”, aunque recalcó que no le habían hecho oferta alguna.
Equilibrio de Poder
El paso dado por el Reino Unido introduce una variable delicada en el tablero atlántico. Washington observa el gesto sin inmutarse: la energía nuclear civil queda bajo el paraguas de la asistencia permitida, pero en la lectura estratégica de Moscú se convierte en una línea roja difusa. Bruselas, mientras, respalda la independencia energética de Ucrania pero debe lidiar con el temor a una escalada nuclear que desborde el paraguas de la OTAN.
Para España, la operación tiene un eco indirecto pero real. Como miembro de la UE y de la Alianza, Madrid apoya las sanciones y la asistencia a Ucrania, pero su tejido industrial no está expuesto a la cadena de suministro de combustible nuclear. Sin embargo, la erosión de la arquitectura de no proliferación —si el debate ucraniano sobre un estatus nuclear revisado gana tracción— pondría a prueba la cohesión aliada y la política exterior española, que tradicionalmente ha apostado por el desarme. La presión sobre el gasto militar y la posible reconfiguración del paraguas nuclear extendido de la OTAN son cuestiones que acabarán llegando al Consejo de Ministros.
A medio plazo, la normalización del envío de materiales sensibles a una zona de guerra activa sienta un precedente inquietante. Si Ucrania insiste en revisar el Memorándum de Budapest, el Tratado de No Proliferación (TNP) se resentiría y otros actores —Irán, Corea del Norte, pero también Arabia Saudí— tomarían nota. La próxima conferencia de revisión del TNP, prevista para 2027, será un termómetro. Mientras, la cita de la OTAN en Vilna el próximo año servirá para medir hasta qué punto la alianza está dispuesta a convertir la asistencia energética en un pilar más de su disuasión.

