EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos ha añadido 43 empresas chinas a la lista de entidades vinculadas al trabajo forzado uigur, elevando el total a 187.
- ¿Quién está detrás? El secretario Markwayne Mullin, bajo la administración de Donald Trump, lidera esta ampliación sin precedentes de la Ley de Prevención del Trabajo Forzado Uigur (UFLPA).
- ¿Qué impacto tiene? A partir del 1 de agosto, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) bloqueará las importaciones de estas empresas a menos que los importadores demuestren que no hay trabajo forzado. Las cadenas de suministro europeas y españolas pueden verse afectadas si dependen de estos proveedores.
El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) ha publicado este jueves la mayor ampliación de su lista negra de empresas vinculadas al trabajo forzado de la minoría uigur en China, añadiendo 43 compañías y elevando el total a 187. La medida, que entrará en vigor este viernes 1 de agosto, impedirá la entrada de productos de sectores como el aluminio, el algodón o el cobre a menos que los importadores demuestren su origen lícito.
Una ampliación sin precedentes en la guerra comercial
La actualización de la Uyghur Forced Labor Prevention Act (UFLPA) Entity List es la más grande desde que la ley entró en vigor. Las 43 nuevas entidades operan en sectores marcados como prioritarios por las autoridades federales: aluminio, confección, cobre, algodón, tomates y productos derivados. El DHS ha bloqueado ya más de 24.300 envíos valorados en casi 1.000 millones de dólares desde que la UFLPA comenzó a aplicarse, y esta ampliación intensifica el escrutinio sobre productos de aluminio y otros bienes intermedios que alimentan las fábricas europeas.
El secretario Markwayne Mullin lo dejó claro en un comunicado: “Estamos añadiendo 43 empresas chinas a la Lista de Entidades UFLPA y el DHS se asegurará de que sus productos no entren en nuestro país”. Mullin argumentó que las compañías que se benefician del trabajo forzado obtienen una ventaja injusta frente a las empresas estadounidenses y añadió que “el trabajador americano no debe ser menoscabado ni estafado por empresas extranjeras que utilizan mano de obra esclava”.
La lucha contra el trabajo forzado se ha convertido en un arma comercial de la administración Trump, y las cadenas de suministro europeas están en el punto de mira.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) aplicará desde el viernes la presunción de que todas las mercancías de estas empresas están vinculadas al trabajo forzado y, por tanto, prohibidas. Solo podrán entrar si los importadores presentan pruebas convincentes que desvirtúen esa presunción, un listón cada vez más alto que desincentiva el comercio con la región de Xinjiang.
El impacto en las cadenas de suministro europeas y españolas
La lista negra estadounidense no distingue entre productos destinados al mercado norteamericano y componentes que cruzan el Atlántico dentro de cadenas de valor globales. Muchas empresas españolas que importan textiles, componentes electrónicos o materias primas desde China pueden encontrar sus envíos bloqueados si alguno de sus proveedores figura ahora en la lista.
España exportó a Estados Unidos en 2025 bienes por valor de más de 18.000 millones de euros, muchos de ellos con componentes asiáticos. Sectores como la confección (con gigantes como Inditex, Mango o Desigual) o la maquinaria industrial dependen en parte de suministros chinos. Si esos insumos quedan bajo sospecha, los fabricantes se verán obligados a buscar fuentes alternativas —más caras— o a asumir costosos procesos de trazabilidad para demostrar que no hay trabajo forzado.
La medida también amenaza con fragmentar aún más las cadenas de suministro globales en un momento de tensiones comerciales ya elevadas. Bruselas tiene su propio reglamento contra el trabajo forzado, pero la aplicación estadounidense es mucho más agresiva y rápida, lo que puede generar un desplazamiento de proveedores hacia mercados no occidentales.
La lógica de Washington
Detrás de esta ampliación hay una lógica de doble filo que la administración Trump no oculta: defender los derechos humanos y, al mismo tiempo, proteger a la industria americana de una competencia que considera desleal. Como dijo Rob Law, subsecretario de Estrategia del DHS, “la expansión de la Lista de Entidades UFLPA es una herramienta con la que el DHS puede garantizar tanto nuestra seguridad económica como la nacional”.
Esa mezcla de valores y proteccionismo tiene un sólido respaldo en el Partido Republicano, donde el ala trumpista y los sindicatos industriales convergen en la idea de que el libre comercio ha perjudicado al trabajador estadounidense. No es un episodio aislado: ya en 1984 Ronald Reagan impuso aranceles al acero extranjero por razones de seguridad nacional, y George W. Bush hizo lo propio en 2002. La diferencia es que ahora el arma es la ley contra el trabajo forzado, un marco legal que el Congreso aprobó en 2021 con apoyo bipartidista y que el expresidente Joe Biden también utilizó, aunque con menos intensidad.
Para España y la Unión Europea, la enseñanza es clara: Washington no va a esperar a que Bruselas actúe. La lista UFLPA seguirá creciendo, y las empresas europeas que quieran mantener su acceso al mercado estadounidense deberán auditar sus cadenas de suministro con un nivel de escrutinio que hoy no existe. La próxima ventana crítica será la publicación trimestral del DHS, prevista para octubre, en la que podrían añadirse decenas de empresas más.
Ficha del Caso
- El caso: El Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. amplía la lista UFLPA con 43 nuevas empresas chinas sospechosas de utilizar trabajo forzado uigur, bloqueando sus importaciones desde el 1 de agosto de 2026.
- Datos clave: Total de entidades: 187. Envíos ya bloqueados por la CBP: más de 24.300, por valor de casi 1.000 millones de dólares. Sectores afectados: aluminio, confección, cobre, algodón, tomates y derivados.
- Para España: Las empresas españolas que importan insumos chinos de los sectores señalados deben revisar sus proveedores o enfrentarse a bloqueos en aduanas estadounidenses, lo que podría encarecer sus exportaciones al mercado norteamericano y obligar a reestructurar cadenas de suministro.

