Siete meses sin rastro del ‘Kisko’, desaparecido en Camas (Sevilla) tras ser rescatado del Guadalquivir

La familia de Francisco López 'Kisko' mantiene la denuncia por desaparición desde el 7 de febrero, sin noticias desde entonces. El hombre recibió el alta en el Virgen del Rocío tras ser rescatado del Guadalquivir.

Francisco López Pérez, de 61 años, permanece desaparecido en Camas (Sevilla) desde el pasado 7 de febrero. La última vez que se le vio fue esa misma jornada, tras recibir el alta en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, según la denuncia presentada por su familia.

El hombre, conocido como ‘Kisko’ entre sus allegados, cayó al río Guadalquivir tras despistarse en las inmediaciones y quedó atrapado en el agua durante una fuerte crecida del caudal, provocada por las intensas lluvias de aquellos días. Agentes de la Policía Nacional lo rescataron a su paso por Camas, de acuerdo con el testimonio de su sobrina, Vanesa López.

El rescate y la última pista del hospital

Tras el rescate, Francisco ingresó en el Hospital Virgen del Rocío con un diagnóstico de «desorientación e hipotermia». Recibió el alta horas después, ese mismo 7 de febrero, y abandonó el centro sanitario solo, según relata la familia.

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Esa salida por su propio pie es el último movimiento conocido de Francisco. Las cámaras del hospital no han aportado información relevante sobre su posible paradero, tal y como explica Vanesa López al canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica.

  • Rescate: 7 de febrero en el Guadalquivir, a su paso por Camas.
  • Alta hospitalaria: el mismo día, con diagnóstico de desorientación e hipotermia.
  • Última referencia: sin pistas de las cámaras del hospital.

La mujer formalizó una denuncia por desaparición en cuanto conoció lo ocurrido. Siete meses después, la búsqueda sigue abierta y la familia mantiene activa la petición de respuestas.

La última imagen confirmada de Francisco es la salida del hospital, y ninguna cámara del centro ha servido para trazar su rumbo.

Quién es Francisco ‘Kisko’: de operario de fundición a una vida desestructurada

Vanesa López describe a su tío como una persona alegre, familiar y trabajadora. Comenzó de joven como operario en una fábrica de fundición de metales y otros materiales en Sevilla. Se levantaba a las cuatro de la madrugada y se acostaba muy pronto, dedicando su vida al trabajo.

Su rutina cambió por completo con la muerte de sus padres. Primero falleció su padre en 2001 por un infarto, con 73 años; luego su madre en 2008, con 81. Francisco había vivido toda la vida con ellos y, tras perderlos, permaneció solo en la misma vivienda familiar.

Para ‘Kisko’, sus padres eran una figura central. El duelo, según la familia, lo llevó a beber cerveza sin control, a relacionarse con malos círculos y a trasnochar. Al poco tiempo dejó el empleo que había mantenido durante décadas, a causa de una incapacidad reconocida.

El deterioro fue progresivo. «Cuando falleció su madre, se perdió como persona. Descuidó por completo su aspecto y cada vez era más habitual verlo por la calle, donde era fácil confundirlo con un vagabundo», relata la sobrina. Estuvo dos años en un centro de desintoxicación, pero recayó.

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Los últimos meses y la situación actual de la búsqueda

Meses antes de desaparecer, su estado fue a peor y protagonizó ausencias sin avisar. En una ocasión, tras perderse durante una semana, la policía lo localizó en casa de un amigo en muy malas condiciones, después de combinar medicamentos con cerveza.

Desde el 7 de febrero no se han vuelto a tener noticias de Francisco. La familia asegura que lleva tres meses sin recibir ninguna actualización policial sobre el caso. No hay indicios que sitúen al hombre fuera de Sevilla.

Francisco no tiene coche ni familiares o amigos fuera de Camas o de la provincia. Por eso, los allegados piden colaboración ciudadana y anuncian que presentarán un escrito en la Policía y otro en la Fiscalía para que se aclaren las actuaciones de búsqueda.

Las fuentes consultadas no detallan ningún avistamiento confirmado con posterioridad al alta médica. La familia sostiene que Francisco no contaba con una red de apoyo fuera de su entorno inmediato, lo que, a su juicio, reduce las posibilidades de un desplazamiento voluntario prolongado sin ayuda.