La Junta de Andalucía ha desactivado la fase de emergencia del Plan ante el Riesgo Sísmico de Granada tras 1.700 terremotos. Ahora pide al Gobierno central que declare la zona gravemente afectada.
EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Junta de Andalucía ha desactivado la fase de emergencia del Plan ante el Riesgo Sísmico de Granada tras casi 1.700 temblores y ha solicitado la declaración de zona gravemente afectada.
- ¿Dónde y quién? La consejera de Vivienda, Juventud y Ordenación del Territorio, Rocío Díaz, se ha reunido con la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo.
- ¿Qué supone para los ciudadanos? Un plan de respuesta de 46,2 millones de euros para reparar centros de salud, colegios, infraestructuras municipales y la Alhambra.
La desactivación del plan y la petición al Gobierno central
La desactivación llega después de que el área metropolitana de Granada registrara cerca de 1.700 terremotos desde el episodio sísmico iniciado en agosto. La medida no significa que el riesgo haya desaparecido: la Junta mantiene la vigilancia y el seguimiento técnico del Plan ante el Riesgo Sísmico, a través del organismo de protección civil andaluz, aunque da por concluida la fase aguda de la emergencia.
La petición al Gobierno central se formalizó este lunes durante la visita institucional de la consejera Rocío Díaz al Ayuntamiento de Granada. La titular de Vivienda, Juventud y Ordenación del Territorio defendió que, ante situaciones excepcionales, la política debe servir para unir esfuerzos y ofrecer soluciones. Subrayó, además, que la Junta, el Ayuntamiento y la Diputación han trabajado desde el primer momento de forma coordinada.
El plan de respuesta: 46,2 millones de euros para la reconstrucción
El plan de respuesta frente a los movimientos sísmicos contempla 46,2 millones de euros, según ha detallado la propia Junta de Andalucía. De esa cantidad, más de 10,2 millones se destinarán a reparar daños en centros de salud y otras infraestructuras sanitarias. Otros 7 millones irán a los ayuntamientos para arreglar instalaciones e infraestructuras municipales, y un millón adicional se reserva para los centros educativos.
La Alhambra recibirá más de 4 millones de euros para asegurar, estabilizar y consolidar elementos patrimoniales. En concreto, las actuaciones se centrarán en Comares, la muralla oriental de la Alcazaba y las torres del Homenaje y Quebrada. Son daños que preocupan especialmente en una ciudad donde el conjunto monumental es motor cultural y turístico.
El plan de respuesta moviliza 46,2 millones de euros para reparar desde centros de salud hasta la Alhambra, el monumento más visitado de Andalucía.
La Lectura Andaluza
La lectura de este episodio tiene un contexto andaluz muy concreto. Granada concentra una de las mayores peligrosidades sísmicas de la península ibérica, con terremotos históricos como el de Arenas del Rey en 1884 que han condicionado su urbanismo y su patrimonio. Los 1.700 temblores acumulados en pocas semanas, la mayoría de baja magnitud, han vuelto a recordar que la convivencia con el riesgo sísmico es una característica permanente de la provincia. La respuesta institucional ha buscado convertir esa amenaza en un protocolo de actuación con presupuesto y calendario.
Para los vecinos de Granada y su área metropolitana, el plan se traduce en centros de salud que volverán a estar operativos antes, colegios con garantías de seguridad e instalaciones municipales reparadas. La declaración de zona gravemente afectada que se reclama al Gobierno central permitiría activar ayudas estatales complementarias para aliviar a las administraciones locales y, sobre todo, a las familias que aún arrastran daños. La proyección inmediata pasa por la respuesta del Ejecutivo central y por el inicio de las obras en los próximos meses.
Andalucía demuestra en Granada que sabe leer sus riesgos. Que una comunidad con una historia sísmica tan intensa cuente con un plan regional, presupuesto asignado y coordinación entre administraciones no es un detalle: es la diferencia entre la emergencia y la reconstrucción. Mientras tanto, la ciudad del Darro mira a sus torres y a su Alhambra con la tranquilidad de saber que los daños se repararán. El reto ahora es que la burocracia no enfríe la urgencia.

