Lagarde (BCE) advierte: la crisis con Irán no ha terminado pese al acuerdo

La presidenta del BCE señala que la inflación energética se ha extendido a toda la economía y que la tensión en el estrecho de Ormuz sigue elevando el riesgo de nuevas subidas de precios. España, con una elevada dependencia energética, afronta un escenario de incertidumbre que co

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha advertido este lunes de que la inflación energética se ha trasladado a toda la economía y que la crisis con Irán sigue latente pese al acuerdo de paz.
  • ¿Quién está detrás? La propia Lagarde, durante la cumbre del G7 en Évian-les-Bains, donde ha insistido en la persistencia de riesgos sobre los precios del petróleo y la estabilidad financiera.
  • ¿Qué impacto tiene? Para España, la prolongación de las tensiones en el estrecho de Ormuz mantiene el riesgo de subidas de precios energéticos, lo que forzaría al BCE a mantener los tipos de interés elevados más tiempo de lo previsto.

La presidenta del Banco Central Europeo ha lanzado este lunes una clara señal de alarma en el arranque de la cumbre del G7 en la ciudad francesa de Évian-les-Bains. Apenas 24 horas después del histórico acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán, Christine Lagarde ha afirmado que ‘la inflación energética ya ha permeado toda la economía‘ y que la crisis iraní no está resuelta. Sus palabras sitúan al BCE ante un escenario de tipos altos más prolongado del que los mercados descontaban hace apenas una semana.

El pacto, firmado electrónicamente el domingo por Donald Trump, J.D. Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, despeja la vía para reabrir el estratégico estrecho de Ormuz —por el que transita cerca de un 20% del petróleo mundial— a partir de este viernes. Pero Lagarde ha subrayado que la traslación de los costes energéticos a los precios finales no desaparecerá de la noche a la mañana. De hecho, ha mencionado que los registros de inflación subyacente —la que excluye energía y alimentos frescos— llevan tres meses consecutivos al alza en la eurozona.

La advertencia de Lagarde: inflación energética que se extiende

El mensaje de Fráncfort es nítido. Aunque el Brent ha retrocedido desde los 120 dólares que llegó a tocar durante el pico de la crisis, el BCE observa una propagación de las subidas a otros sectores. Los servicios, la alimentación elaborada y los bienes industriales no energéticos están arrastrando los precios al alza, en buena parte porque las empresas han ido repercutiendo los mayores costes del transporte marítimo y los seguros —encarecidos por las primas de riesgo en la región del Golfo—. La institución maneja encuestas internas que muestran a las compañías europeas muy cautelosas a la hora de rebajar tarifas mientras persista la inestabilidad en el estrecho de Ormuz.

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Este diagnóstico mete presión a la hoja de ruta de bajadas de tipos que los inversores esperaban para la segunda mitad de 2026. En el mercado de futuros del euríbor, la probabilidad de un recorte en septiembre ha caído al 40% tras las declaraciones de Lagarde, frente al 65% de la semana anterior. El Euríbor a 12 meses, referencia para la mayoría de hipotecas en España, podría quedarse estancado en torno al 3,5% durante más tiempo del anticipado.

El frente iraní: Ormuz, peajes y un frágil acuerdo

El optimismo inicial tras el anuncio del domingo se ha ido enfriando a medida que se conocen los detalles. Irán ha insistido este mismo lunes en que cobrará ‘tasas por servicios marítimos’ a los buques que crucen el estrecho, una fórmula que el Gobierno de Teherán interpreta como un peaje encubierto y que el vicepresidente estadounidense JD Vance ha prometido combatir en la mesa de negociación. La cancillería iraní fue explícita: ‘no buscamos recaudar peajes de tránsito, pero se cobrarán tasas por servicios de navegación, protección ambiental, seguros marítimos y otros servicios necesarios’, declaró su portavoz Esmail Baqai.

A esto se suman las exigencias de un ‘cese total’ de los ataques israelíes en Líbano como condición implícita para que el alto el fuego sea sostenible, una demanda que introdujo Abbas Araqchi, el ministro iraní de Exteriores, en llamadas a sus homólogos de Irak, Egipto, Turquía y Arabia Saudí. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, celebró que la guerra ha librado a Israel de una ‘destrucción nuclear’, pero advirtió que sus tropas permanecerán en Líbano, Gaza y Siria ‘todo el tiempo que sea necesario’. La tensión, por tanto, no ha desaparecido.

La inflación energética ya ha permeado la economía entera y los riesgos geopolíticos mantienen abierta la puerta a nuevos repuntes de precios durante los próximos meses.

Mientras tanto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha condicionado el levantamiento de las sanciones europeas a ‘un cambio real sobre el terreno’ tanto en materia de derechos humanos como en los programas nuclear y balístico. Esta postura, compartida con el presidente del Consejo Europeo, António Costa, introduce un nuevo factor de incertidumbre para las empresas que pretendan regresar rápidamente al mercado iraní.

inflación energética

El Eje del Poder Europeo

La tempestad geopolítica tiene una lectura inequívoca para el equilibrio interno de la UE. Los países del sur, con España e Italia a la cabeza, son los grandes damnificados de cada repunte energético porque su dependencia del petróleo y del gas importados sigue siendo mayor que la media comunitaria. Según Eurostat, el 74% de la energía primaria consumida en España procede de fuentes externas, diez puntos por encima del promedio de la Eurozona. Cualquier barrera al tráfico marítimo en Ormuz se traduce, por tanto, en una factura más abultada para las familias y las empresas españolas.

El BCE se encuentra atrapado entre dos fuegos. Una bajada prematura de tipos podría reavivar la inflación si finalmente el acuerdo con Irán se resquebraja o las tasas al tráfico marítimo encarecen el coste de los fletes. Un endurecimiento prolongado castigaría, por otro lado, a economías como la española, cuyo alto endeudamiento encarece con cada punto básico adicional de los tipos de interés. La prima de riesgo española ha repuntado diez puntos básicos en las últimas dos semanas, reflejo de esa inquietud.

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En el tablero europeo, la crisis iraní ha reavivado viejas fracturas. Mientras Francia, a través de Macron, presiona para que la UE ofrezca garantías de estabilidad energética —incluyendo la posibilidad de compras conjuntas de crudo una vez reabierto Ormuz—, los países del norte, con Países Bajos a la cabeza, insisten en mantener las sanciones hasta que haya verificaciones independientes sobre el desmantelamiento nuclear iraní. España, con un pie en cada sensibilidad, debe buscar aliados: el Gobierno de Sánchez ha defendido en privado una postura pragmática que permita asegurar el suministro energético sin blanquear las violaciones de derechos humanos del régimen iraní. No será fácil.

El precedente de la crisis energética de 2022, provocada por la invasión rusa de Ucrania, está muy presente. Entonces, el BCE tardó meses en reconocer que la inflación no era transitoria y pagó un coste reputacional elevado. Lagarde no quiere repetir aquel error. Por eso ha elegido el primer día del G7 para dejar claro que el acuerdo con Irán, pese a su valor diplomático, no es un cheque en blanco para la estabilidad de precios. La próxima reunión del Consejo de Gobierno del BCE, el 15 de julio, será la primera gran prueba de hasta qué punto Fráncfort está dispuesto a ignorar los cantos de sirena del mercado que pide tipos más bajos.