Trump amenaza con aranceles del 100% al vino francés por el impuesto digital europeo

La medida, anunciada antes de la cumbre del G7, eleva la tensión comercial y pone en jaque al sector vinícola francés, cuyas ventas en EE.UU. superan los 2.000 millones de dólares.

Donald Trump ha vuelto a tensar la cuerda comercial con la Unión Europea. El presidente de Estados Unidos amenaza ahora con imponer un arancel del 100% a todos los vinos y champanes franceses si París no elimina su impuesto sobre los servicios digitales, conocido como tasa GAFAM por las iniciales de los gigantes tecnológicos a los que afecta. Un gravamen que recauda unos 700 millones de dólares al año y que Washington considera discriminatorio contra sus empresas.

Claves de la operación

  • Un arancel del 100% sobre 2.000 millones en exportaciones vinícolas. La amenaza busca doblar el brazo de Francia y es la carta más agresiva de Trump en este frente desde 2019.
  • El impuesto GAFAM grava los ingresos brutos, no los beneficios. Afecta a Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft y genera fricciones con la UE desde hace años.
  • La presión estadounidense ya funciona: Canadá derogó su tasa digital en 2025. La Casa Blanca quiere replicar ese patrón y disuadir a otros países, incluidos Reino Unido y España.

La amenaza llega en vísperas de la cumbre del G7, lo que la convierte en munición política de primer orden. “Le pedí a Macron que no recargue a las compañías americanas. Si lo hace, no tengo más remedio que cargar un arancel del 100% a todos los champanes y todos los vinos que salgan de Francia”, declaró el presidente estadounidense al New York Post. La versión de fuentes cercanas al Elíseo es bien distinta: aseguran que el asunto “ya no estaba sobre la mesa”, señal de que París confiaba en haber superado el pulso.

El impuesto francés, aprobado en 2019 bajo un acuerdo con la primera administración Trump, grava el 3% de los ingresos brutos generados por las grandes tecnológicas en el país. Incluso se intentó elevarlo al 6% hace unos meses, pero el Gobierno francés lo vetó por temor a represalias estadounidenses. La industria del vino, mientras tanto, observa con estupor: las ventas de vino y champán a Estados Unidos superan los 2.000 millones de dólares anuales.

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Un arancel del 100% no solo fulminaría las exportaciones de Burdeos y Champaña. Mandaría una señal global de que la Casa Blanca no tolera ningún gravamen selectivo contra sus tecnológicas.

Este episodio se suma a una estrategia bien conocida. Trump esgrime los aranceles como un garrote para forzar a otros países a retirar tasas digitales y regulaciones que afecten a las firmas estadounidenses. La experiencia de Canadá es el precedente más claro: Ottawa eliminó su impuesto digital en 2025 tras la presión de la administración Trump. Otros bloques se resisten: Reino Unido mantiene su propia tasa de servicios digitales del 2%, y España tiene en cartera la reforma de su impuesto sobre determinados servicios digitales para alinearlo con el marco que negocia la OCDE.

El impuesto digital que puede fracturar el G7

La tasa GAFAM se ha convertido en la punta del iceberg de un conflicto más amplio sobre fiscalidad digital. Mientras Francia defiende que las tecnológicas tributen donde crean valor, Washington replica que impuestos como el francés son medidas proteccionistas encubiertas. En 2021, el Tesoro estadounidense ya impuso aranceles a productos franceses como represalia, pero una tregua los dejó en suspenso. La amenaza actual resucita el fantasma de una guerra comercial de ida y vuelta justo cuando la economía europea intenta recuperar ritmo.

El presidente francés, Emmanuel Macron, se enfrenta a un dilema electoral y diplomático: ceder al chantaje supondría dar marcha atrás en una bandera fiscal que cuenta con amplio apoyo popular, pero resistirse puede dinamitar un sector vitivinícola que da empleo a medio millón de personas en Francia. Las próximas sesiones del G7 medirán hasta dónde está dispuesto a tensar la cuerda.

En la práctica, los aranceles del 100% triplicarían el precio de una botella de Borgoña en el mercado estadounidense y dejarían fuera de juego a los productores franceses frente a competidores como Italia o Australia. No es la primera vez que la Casa Blanca utiliza la carta del vino: en 2019, Trump amenazó con tasas punitivas que nunca llegaron a aplicarse, lo que alimenta la duda de si la nueva ofensiva es un farol táctico.

Los precedentes que explican la presión de la Casa Blanca

La retirada canadiense de su tasa digital es el espejo en el que se mira la administración Trump. Apenas seis meses de negociación bastaron para que Ottawa diese marcha atrás, una cesión que Francia no puede permitirse sin fracturar el frente europeo. Si París cede, el impuesto español sobre servicios digitales —que recauda más de 900 millones de euros anuales— quedaría bajo el mismo punto de mira. La Comisión Europea, mientras, observa con cautela porque la armonización fiscal sobre las tecnológicas es uno de los pilares de su autonomía estratégica digital.

En esta redacción entendemos que la ofensiva de Trump no va solo contra Francia. Es un mensaje a todos los países que han diseñado o diseñan figuras tributarias ad hoc para las grandes plataformas. Cuanto más éxito tengan estas amenazas, más difícil será que la UE imponga un impuesto digital armonizado. La próxima cumbre del G7 será el primer termómetro real de la capacidad de resistencia europea.

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