La OTAN acaba de lanzar un mercado piloto de sistemas contraréenos no tripulados, los conocidos como C-UAS, con un catálogo inicial de 18 soluciones entre las que los países miembros podrán elegir sin los largos procesos de requisitos que ralentizaban la adquisición de tecnología. La Alianza ha invitado a empresas a presentar propuestas hasta mediados de mayo y prevé tener los primeros contratos firmados este mismo verano, según ha explicado Claudio Palestini, responsable de innovación y adopción tecnológica de la OTAN.
La iniciativa supone un giro doctrinal de calado. Hasta ahora, la compra de sistemas de defensa seguía un modelo basado en especificaciones técnicas detalladas que cada Estado imponía al contratista, lo que podía demorar años la llegada del material a las unidades. La guerra de Ucrania ha comprimido ese ciclo a semanas: los drones evolucionan cada dos o tres semanas, según los datos que maneja la Alianza, y la OTAN quiere que sus miembros se muevan a esa misma velocidad.
Del catálogo cerrado al bazar tecnológico
Palestini lo ha resumido con una analogía tan simple como contundente: “Cuando compramos un teléfono o un portátil, no vamos al fabricante con una lista de requisitos; vamos al mercado y elegimos lo que mejor se ajusta a nuestras necesidades”. Esa es la filosofía que inspira el nuevo mercado C-UAS, al que las empresas han sido convocadas no para responder a un pliego, sino para ofrecer soluciones ya maduras a nueve casos de uso predefinidos.
Los nueve escenarios cubren defensa de punto, de área y de frontera, y para cada uno de ellos la OTAN contratará tanto la solución con mejor relación coste-eficacia como la más barata que cumpla los requisitos técnicos, lo que arroja esas 18 opciones disponibles de salida. Todos los contratos incluirán una modalidad de compra y otra de leasing, lo que permite a los países probar un sistema durante uno o dos meses con financiación común antes de decidir si lo adquieren de forma permanente.
El impacto inmediato sobre el gasto en defensa
La puesta en marcha de este mercado llega apenas once meses después de que los aliados aprobaran el Plan de Acción de Adopción Rápida, en junio de 2025, un mecanismo diseñado para acortar la distancia entre la innovación y el soldado. La OTAN ha implantado ya varios ‘rangos de innovación’ —campos de pruebas donde la industria puede testar sus productos en condiciones reales—, el primero de ellos en Letonia, donde se celebró una sesión inaugural en marzo con 17 empresas, cuatro de ellas ucranianas.
La previsión es que la próxima campaña de ensayos tenga lugar en septiembre, con los 18 sistemas seleccionados sometidos a procedimientos estandarizados. La Alianza aspira a repetir estas pruebas cada seis semanas y a otorgar una especie de “sello de innovación” a los equipos que superen la evaluación, lo que funcionará como certificado de rendimiento para los compradores nacionales. En un entorno donde las tácticas de drones mutan cada quince días, la homologación tradicional resultaba inoperante.
La OTAN está trasladando al mercado de defensa la lógica del consumidor tecnológico: elegir rápido, probar antes de comprar y sustituir con la misma agilidad con la que se cambia de teléfono.
El proyecto piloto contempla además la colaboración directa con empresas ucranianas a través de la iniciativa UNITE-Brave, lanzada en noviembre de 2025, que persigue maridar la capacidad de innovación acelerada de Kiev con la planificación y la interoperabilidad a largo plazo de la Alianza. Para Palestini, el objetivo es claro: “garantizar que los aliados de la OTAN sean capaces de igualar esta velocidad es una consideración vital para nosotros”.
Equilibrio de Poder
El giro hacia una compra basada en desafíos y no en requisitos redefine el papel de la OTAN como intermediario industrial. Hasta ahora, la Alianza fijaba estándares, pero la adquisición corría por cuenta de las capitales, lo que fragmentaba el mercado y encarecía los contratos. El nuevo modelo sitúa a la organización en un rol similar al de una central de compras que negocia en bloque, homologa y financia la fase de prueba, algo que recuerda a los mecanismos que Bruselas ha ensayado para vacunas o gas, pero aplicado al ámbito de la defensa.
Para España, la llegada de este catálogo antidrón tiene una lectura directa sobre la frontera sur y los intereses en el Sahel. Ceuta, Melilla y los destacamentos en Malí o Níger son escenarios donde la amenaza de drones de bajo coste —ya sean comerciales armados o sistemas de fabricación improvisada— ha crecido de forma exponencial desde 2024. Disponer de un menú de soluciones C-UAS ya validadas por la OTAN y financiables mediante esquemas de leasing reduce la barrera presupuestaria y permite dar una respuesta operativa en meses, no en lustros. La base de Morón, además, podría albergar parte de las pruebas en climas cálidos, un entorno que los campos de Letonia no cubren.
La Casa Blanca ha respaldado el plan con la condicionalidad habitual de la administración Trump: apoyo logístico y acceso al mercado estadounidense si los aliados elevan el gasto en defensa al 5% del PIB, una cifra que Sánchez sigue resistiéndose a asumir. El Kremlin, por su parte, observa cualquier aceleración del rearme OTAN en el ámbito de los drones como un intento de neutralizar una de sus pocas ventajas asimétricas en el campo de batalla ucraniano. No es casualidad que Moscú haya multiplicado el despliegue de sistemas Shahed-136 en los últimos meses: cada innovación defensiva de la Alianza dispara una nueva carrera tecnológica en el este.
El riesgo estratégico es que el mercado compartido se quede en un escaparate sin compradores si los presupuestos nacionales no acompañan. Los 18 sistemas estarán listos este verano, pero el Plan de Acción de Adopción Rápida fija metas de contratación que dependen de la voluntad política de cada ministerio de Defensa. Sin una partida específica en los Presupuestos Generales del Estado —y con el debate del 5% enconando el Consejo Europeo—, España podría verse en la paradoja de tener el catálogo más ágil de su historia reciente y no poder usarlo. La cumbre de la OTAN de Vilna 2026, prevista para julio, será el primer examen de esa brecha entre la doctrina y la chequera.
La velocidad de la innovación ha dejado de ser una opción. Ahora es un requisito de supervivencia.

