Uno de los lugares más sorprendentes de Portugal mezcla senderismo, naturaleza salvaje y pasado industrial

Entre bosques, cascadas y antiguas vías de tren abandonadas, Portugal esconde un rincón que parece sacado de una película y que combina naturaleza salvaje, senderos espectaculares y restos industriales.

Portugal guarda muchísimos rincones que todavía siguen lejos de las rutas más masificadas y, precisamente por eso, conservan una magia difícil de encontrar en otros destinos turísticos más conocidos. Entre bosques, ríos y antiguas construcciones industriales, hay lugares donde la naturaleza parece haberse ido tragando lentamente el paso del tiempo hasta crear paisajes que mezclan aventura, historia y tranquilidad casi en partes iguales.

Uno de esos sitios está en el distrito de Aveiro y sorprende especialmente a quienes disfrutan caminando entre senderos, cascadas y antiguas infraestructuras abandonadas. Portugal tiene en Sever do Vouga uno de esos destinos donde todo parece conectado por el agua, los puentes de piedra y el verde intenso de los bosques. No es casualidad que muchos viajeros lo describan como uno de los rincones más bonitos y desconocidos del centro del país.

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Cascadas, minas abandonadas y paisajes casi cinematográficos en Portugal

“Douro Valley Tour”. Fuente: TripAdvisor

Más allá de la ecopista, Sever do Vouga también es conocido por el Parque de la Cabreia, una zona natural donde el río Mau forma uno de los escenarios más espectaculares de esta parte de Portugal. Allí se encuentra la Cascata de Cabreia, una caída de agua de 25 metros rodeada de vegetación densa y pequeñas áreas de descanso desde donde se escucha constantemente el ruido del agua.

Pero quizá lo más curioso aparece cuando los senderos empiezan a acercarse a las antiguas minas de Braçal. Durante décadas, esta zona fue uno de los grandes centros mineros del norte de Portugal y todavía quedan restos de edificios, instalaciones y estructuras industriales que el bosque ha ido cubriendo poco a poco. Caminar por estos caminos produce una sensación extraña y fascinante al mismo tiempo, porque la naturaleza y el pasado industrial conviven aquí de una forma muy poco habitual.

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