EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? La Fuerza Terrestre de Autodefensa de Japón lanzó, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, dos misiles antibuque Tipo 88 desde la isla filipina de Luzón. Uno alcanzó y hundió un viejo buque de la Armada filipina a 47 millas de distancia.
- ¿Quién está detrás? El ejercicio Balikatan 2026, liderado por el III Regimiento Litoral de Marines de EE.UU. Participan 17 000 soldados de siete países, con Japón y Filipinas como actores principales.
- ¿Qué impacto tiene? Consolida la cooperación militar entre Tokio y Manila y envía una señal directa a Pekín: la Primera Cadena de Islas se arma con misiles antibuque capaces de negar el acceso al mar de China Meridional y al Pacífico occidental.
Dos misiles antibuque Tipo 88 de la Fuerza Terrestre de Autodefensa de Japón impactaron y hundieron un buque filipino fuera de servicio en el mar de China Meridional, durante el ejercicio Balikatan 2026. Se trata del primer lanzamiento de combate de tropas japonesas desde suelo filipino desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un gesto cargado de simbolismo y de cálculo estratégico.
El disparo tuvo lugar el pasado 6 de mayo desde las dunas cercanas a Laoag, en el noroeste de Luzón. Las fuerzas japonesas utilizaron el sistema Tipo 88, un misil antibuque de corto alcance desarrollado por Mitsubishi Heavy Industries. Según información de Defense News, el primer proyectil recorrió 47 millas en seis minutos antes de impactar contra el exdragaminas BRP Rizal —un casco de la Segunda Guerra Mundial cedido para la ocasión— y lo envió al fondo.
No fue un ejercicio meramente simbólico. En la misma jornada, un lanzacohetes HIMARS del Ejército de Estados Unidos disparó un cohete GMLRS, mientras que el sistema antibuque NMESIS del Cuerpo de Marines y un misil C‑Star de la Armada filipina simularon ataques complementarios. El III Regimiento Litoral de Marines, con base en Hawái, se encargó del mando y control de toda la operación de golpe marítimo.
El vector japonés y la artillería que cambia el mapa
La presencia de los Tipo 88 no es casual. Este misil, con un alcance de unos 150 km, puede ser disparado desde plataformas terrestres en configuración costera, y su versión mejorada —el Tipo 12— está en fase de despliegue en las islas del suroeste de Japón. El mensaje táctico es claro: si Pekín intentara una invasión de Taiwán, los misiles situados al norte y al sur del estrecho —en las islas japonesas y ahora en Filipinas— podrían cerrar los pasos marítimos a la flota china.
Tokio tiene además un incentivo adicional: la recién relajada política de venta de armamento letal, que el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, abordó con su homólogo filipino, Gilberto Teodoro Jr., el día anterior al disparo. Manila ya planea adquirir equipo de segunda mano japonés, como aviones ligeros Beechcraft King Air y destructores de la clase Abukuma. La convergencia entre ambos socios va más allá del ejercicio anual.
La Primera Cadena de Islas, de concepto a realidad disparando
Si se traza una línea imaginaria desde el norte de Japón hacia el sur, esta pasa por Taiwán y continúa por Filipinas. Lo que los planificadores militares denominan Primera Cadena de Islas no es una teoría de salón: ahora tiene misiles reales apuntando al mar. La importancia del Balikatan 2026 reside precisamente en haber convertido ese concepto en una imagen concreta: dos misiles japoneses elevándose desde arena filipina y alcanzando un blanco a 47 millas.
Desde que Manila y Tokio ratificaron el pasado 11 de septiembre de 2025 un acuerdo de acceso recíproco, unos 1 400 soldados japoneses han ejercitado en Filipinas. La legislación japonesa que permitió el despliegue de tropas en operaciones de combate en el extranjero sigue siendo políticamente sensible, pero el gobierno de Tokio ha sorteado esa barrera con la excusa de un ejercicio multilateral. La realidad estratégica, sin embargo, es otra.
En tiempos de conflicto, quien controle los estrechos marítimos de la Primera Cadena de Islas decidirá qué fuerzas entran o salen del Pacífico occidental. Los misiles antibuque situados en estos puntos de estrangulamiento —Filipinas, las islas Ryūkyū o las Yaeyama— pueden negar la libre navegación a la Armada del Ejército Popular de Liberación, o al menos ralentizarla lo suficiente para que la fuerza de respuesta estadounidense y sus aliados llegue a tiempo.
La imagen de un misil japonés impactando desde suelo filipino tras una trayectoria de seis minutos resume, mejor que cualquier comunicado, el cierre progresivo de la Primera Cadena de Islas.
Filipinas dispone de su propio sistema antibuque, el BrahMos de origen indio, aunque en esta ocasión no participó en el fuego real. La decisión de que fuera un misil japonés —y no uno indio o estadounidense— el que protagonizase el hundimiento tiene su propia lectura: Tokio ya no es un mero espectador en la contención de China, sino un actor de primera línea.
Equilibrio de Poder
La foto de Laoag tiene ramificaciones que van más allá del teatro Indo‑Pacífico. Observamos un escenario donde Estados Unidos —a través de la III División Litoral de Marines— está facilitando activamente que sus aliados asiáticos asuman un papel más ofensivo dentro de la arquitectura de seguridad liderada por Washington. No se trata solo de ejercicios conjuntos: se está tejiendo una red de interdicción marítima que, en caso de crisis, convertiría el mar de China Meridional en una zona A2/AD (anti‑acceso/denegación de área) de facto, operada por Tokio y Manila pero respaldada por sistemas C4ISR estadounidense.
Para Moscú, el movimiento es un recordatorio de que la contención de Pekín no busca solo alejar a China de Taiwán; los mismos misiles Tipo 88, si se despliegan en las islas Kuriles o en Hokkaido, podrían complicar el acceso de la Flota del Pacífico rusa al océano abierto. Pekín, mientras tanto, ha reaccionado con el silencio oficial que caracteriza sus quejas cuando un ejercicio aliado toca fibras sensibles.
La Unión Europea —y, con ella, España— observa este nuevo giro con interés renovado. La Comisión Europea no tiene un papel directo en la Primera Cadena de Islas, pero el endurecimiento de la competencia estratégica con China afecta a las rutas comerciales y a la libertad de navegación, un principio que Bruselas defiende desde el Mediterráneo hasta el Pacífico. Para España, la lección es doble: demuestra cómo los acuerdos de acceso recíproco pueden proyectar poder sin necesidad de un despliegue permanente, y subraya la relevancia de mantener bases como Rota, que podrían servir de escala logística en una crisis del Indo‑Pacífico, aunque esta quede a miles de millas de nuestro territorio.
De cara a los próximos diez años, la tendencia es clara: los aliados asiáticos de Estados Unidos están invirtiendo en artillería de negación marítima y en acuerdos bilaterales que evitan los largos procesos de la OTAN. El Balikatan 2026, con su fuego real japonés desde suelo filipino en en las arenas de Laoag, es un hito en esa arquitectura. El siguiente paso lógico será la integración de sensores y sistemas de mando bajo un mismo paraguas, y la posibilidad de que misiles filipinos BrahMos, japoneses Tipo 12 y HIMARS estadounidenses coordinen disparos simultáneos. Pekín lo sabe, y su margen de maniobra se estrecha cada ejercicio.

