Ataque drones Moscú: Ucrania lanza 127 UAV, tres civiles muertos en el mayor asalto

La refinería de la capital rusa resultó dañada y se cancelaron 200 vuelos en los tres principales aeropuertos. Doce personas resultaron heridas en el ataque, el mayor contra Moscú en más de un año.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Un enjambre de 127 drones ucranianos atacó Moscú en la madrugada, causando tres muertos, doce heridos y daños en la refinería de la capital.
  • ¿Quién está detrás? Aunque Kiev no ha reivindicado oficialmente el ataque, fuentes militares ucranianas señalan que es parte de su campaña de golpes en profundidad contra infraestructura rusa.
  • ¿Qué impacto tiene? Es el mayor ataque con drones sobre Moscú en más de un año y provoca la cancelación de 200 vuelos en los tres principales aeropuertos. Rusia amenaza con represalias contundentes.

La madrugada del 17 de mayo de 2026, Moscú ha sufrido el ataque con drones más masivo en territorio ruso desde el inicio de la guerra. Un total de 127 vehículos aéreos no tripulados (UAV) de largo alcance, lanzados por Ucrania, impactaron en distintos puntos de la capital, según confirmó el alcalde Sergei Sobyanin a través de su canal de Telegram. El saldo provisional es de tres civiles muertos y doce heridos, además de daños significativos en la refinería de Moscú.

Un enjambre de 127 drones y tres víctimas mortales en la capital rusa

El ataque comenzó alrededor de las 3:00 hora local, cuando las sirenas antiaéreas irrumpieron en la noche moscovita. De acuerdo con el Ministerio de Defensa ruso, los sistemas de defensa aérea interceptaron la mayoría de los aparatos, pero un número indeterminado logró alcanzar sus objetivos. Los primeros reportes hablaban de explosiones en varios distritos residenciales del sur de la ciudad. Tres personas fallecieron al derrumbarse parte de un edificio de viviendas alcanzado por los restos de un dron interceptado, mientras que otras doce resultaron heridas de diversa consideración, según fuentes oficiales rusas.

Kiev no ha emitido un comunicado oficial reivindicando la autoría, pero fuentes del Estado Mayor ucraniano consultadas por medios internacionales confirmaron que la operación fue planificada y ejecutada como parte de la estrategia de desgaste de la retaguardia enemiga. El uso masivo de drones de largo alcance —modelos como el UJ-22, de fabricación ucraniana, o drones kamikaze modificados— evidencia una capacidad industrial que pocos anticipaban hace un año. Las autoridades rusas insisten en que la ofensiva tuvo «un carácter terrorista» y viola todas las normas del derecho internacional.

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Uno de los impactos directos afectó a la refinería de Moscú, una instalación clave para el suministro de combustible de la región. Las imágenes difundidas por canales de Telegram rusos mostraban una columna de humo negro elevándose sobre la planta. El Ministerio de Situaciones de Emergencia informó que el incendio fue controlado al cabo de tres horas, pero no precisó el alcance de los daños en la capacidad de producción. Analistas de energía señalan que, si las instalaciones quedan fuera de servicio, el precio del combustible en el centro de Rusia podría dispararse temporalmente. El ataque a la refinería de Moscú constituye un punto de inflexión en la campaña de Kiev: hasta ahora, los golpes se habían centrado en infraestructura militar o en regiones fronterizas como Bélgorod.

La defensa antiaérea rusa falla y Moscú cancela 200 vuelos

La oleada de drones puso a prueba los sistemas de defensa antiaérea de la capital, entre ellos los Pantsir-S1 y los S-400. A pesar de que el Kremlin afirma haber derribado más de cien aparatos, la penetración de varias decenas de UAV en el espacio aéreo de Moscú evidencia falencias en la cobertura. Especialistas en OSINT apuntan a que los drones ucranianos habrían volado a baja altitud para eludir los radares, una táctica ya empleada en ataques previos sobre bases aéreas rusas. La Agencia Federal de Transporte Aéreo se vio obligada a cancelar 200 vuelos en los tres principales aeropuertos de la capital: Vnukovo Domodedovo y Sheremetyevo. Decenas de vuelos fueron desviados a San Petersburgo y otras ciudades, generando escenas de caos en las terminales durante toda la mañana.

El alcalde Sobyanin calificó la situación de «grave», mientras que el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, prometió «una respuesta contundente e inmediata». En paralelo, el Ministerio de Defensa ruso anunció el refuerzo de las defensas antiaéreas en el área metropolitana, aunque reconoció que la magnitud del ataque superó los planes de contingencia actuales. No se registraba un asalto con tantos drones sobre Moscú desde febrero de 2025, cuando una incursión de 80 aparatos causó daños menores y puso en jaque la percepción de seguridad en la capital.

Moscú no sufría un ataque de esta magnitud desde febrero de 2025. La ofensiva deja al descubierto las brechas en la cobertura antiaérea rusa y eleva la presión sobre el Kremlin para responder de forma contundente.

Equilibrio de Poder

El bombardeo con drones sobre Moscú altera sustancialmente el tablero estratégico de la guerra. Ucrania demuestra, por primera vez, capacidad para golpear el corazón político de Rusia con un número de UAV que satura las defensas más avanzadas. Esta escalada cualitativa obliga al Kremlin a plantearse represalias que podrían incluir ataques masivos contra infraestructura crítica en Kiev o en otras grandes ciudades ucranianas, replicando el patrón de bombardeos del invierno de 2024. En el ámbito diplomático, la Casa Blanca del presidente Trump, centrada en la renegociación de la contribución europea a la OTAN, guarda un silencio incómodo: cualquier condena sería interpretada como un alineamiento automático con Moscú, pero una crítica a Kiev tensaría aún más la relación con los aliados europeos.

Bruselas se enfrenta a un dilema similar. La Comisión Europea ha evitado pronunciarse oficialmente sobre el ataque, aunque fuentes comunitarias reconocen en privado que «Ucrania ejerce un derecho legítimo a la autodefensa que incluye objetivos en la retaguardia enemiga». Para España, la implicación más directa se materializa en el terreno energético. Cualquier interrupción prolongada en la producción de la refinería moscovita puede afectar los mercados internacionales de combustible y, por extensión, los precios del crudo Brent, del que España es importador neto. En un contexto en el que el Gobierno de Sánchez ya lidia con una inflación energética persistente, la volatilidad adicional llega en el peor momento. Además, el precedente sienta las bases para que la OTAN reabra el debate sobre la necesidad de un escudo antimisiles común que proteja también a las capitales europeas, una propuesta que exigiría un incremento del gasto en defensa que Moncloa aún tiene pendiente negociar con Washington.

La lectura a medio plazo es inquietante. Si Ucrania consolida la capacidad de lanzar enjambres de drones contra Moscú con regularidad, la credibilidad disuasoria del Kremlin se resentirá no solo ante sus rivales externos, sino también ante la propia población rusa. La respuesta más probable será una nueva oleada de represalias asimétricas, como el lanzamiento de misiles hipersónicos Kinzhal contra centros de decisión en Kiev. Para España y el resto de la OTAN, el verdadero riesgo estriba en que un error de cálculo —un dron ucraniano que se desvíe hacia el espacio aéreo polaco, por ejemplo— desencadene una crisis del Artículo 5. Los próximos días serán críticos para medir la temperatura de la escalada y el verdadero umbral de tolerancia del Kremlin.

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