La maquinaria de la Comunidad de Madrid ha entrado en fase de aceleración electoral con diecisiete meses por delante hasta las autonómicas de mayo de 2027. Isabel Díaz Ayuso aprieta la gestión en los frentes que más preocupan a los madrileños —sanidad, fiscalidad y vivienda— mientras desde Vox le recuerdan que ninguna mayoría absoluta está garantizada por mucho que las encuestas sigan sonriendo al PP.
La gestión como vector de la mayoría absoluta
En la Puerta del Sol se ha instalado un argumentario que mezcla orgullo por las cifras de 2023 —70 escaños, a solo dos de la mayoría absoluta— con la advertencia de que la segunda legislatura no puede ser una repetición mecánica. Ayuso ha ordenado a sus consejerías que intensifiquen la actividad normativa y que los logros se comuniquen en clave de servicio público tangible. La última bajada de impuestos, la reducción de listas de espera quirúrgicas y la construcción de nuevas promociones de vivienda pública son las patas de ese discurso, que el PP madrileño traslada a las juntas de distrito con una precisión casi quirúrgica.
La apuesta por la gestión no es nueva, pero sí la intensidad con que se despliega en un momento en que Génova mira a Madrid como el principal banco de pruebas de lo que podría ser una campaña nacional en 2027. En el equipo de la presidenta son conscientes de que una reedición de la mayoría absoluta pasa por atraer al electorado que en 2023 votó útil al PP para frenar a la izquierda y que ahora observa con cierta distancia la evolución del Gobierno de coalición en la Comunidad. La consigna es clara: gobernar sin mirar de reojo a Vox, pero sin despreciarles.
El aviso de Vox y la experiencia andaluza
El mensaje de Vox, recogido por ABC, es directo: «Que tome nota de Andalucía». Se refieren, claro, a la creciente implantación de la formación de Santiago Abascal en territorios donde el PP creyó haber domesticado el espacio a su derecha. En la Comunidad de Madrid, Vox obtuvo el 7,3 % de los votos en 2023 —diez escaños— y, aunque las encuestas internas del PP no le otorgan un crecimiento explosivo, sí detectan que una parte de su electorado tradicional puede sentirse tentada por un discurso más radical si Ayuso no mantiene el pulso identitario que tanto rédito le dio en la pasada legislatura.
La lección andaluza, según fuentes populares consultadas por Moncloa.com, no es tanto la amenaza electoral de Vox como la fragilidad de los pactos poselectorales. En Madrid, con una mayoría tan ajustada, un trasvase de apenas dos o tres puntos del PP hacia Vox podría situar al gobierno en minoría y forzar una negociación de legislatura que a día de hoy nadie en Sol quiere ni imaginar. Por eso el giro hacia la gestión: demostrar que el PP tiene proyecto propio y que no necesita muletas parlamentarias.
La cúpula territorial del PP de Madrid ha pisado el acelerador en medidas de calado, como la reducción del impuesto de sucesiones o la nueva ley de medidas contra la okupación, que en las últimas semanas han sido defendidas con vehemencia por consejeros y alcaldes populares. La consigna es no dar un respiro a la oposición ni a Vox, que se ve obligada a apoyar buena parte de la agenda legislativa para no quedar descolgada del centro-derecha real.

El Eje del Poder Popular
El tablero autonómico popular es hoy un mosaico de mayorías absolutas y coaliciones más o menos incómodas. Madrid y Galicia como bastiones de la mayoría propia, mientras Andalucía, Castilla y León o la Comunidad Valenciana escriben capítulos distintos con Vox como socio necesario. La lectura que hacen en Génova es que Ayuso no puede permitirse un traspié en la capital: sería la señal de que el PP, incluso en su feudo más simbólico, empieza a pagar el desgaste del ciclo político nacional y la judicialización del debate público.
No hay ninguna batalla interna abierta entre Génova y Sol —más bien lo contrario—, pero sí se percibe un prudente juego de distancias. Ayuso reivindica su agenda autonómica con un marcado acento madrileño, mientras Alberto Núñez Feijóo busca en esa gestión el argumentario para una oposición nacional que aspira a ser alternativa de Gobierno. La coincidencia de calendarios electorales —las generales y las autonómicas madrileñas podrían celebrarse en un intervalo de apenas unos meses— obliga a un encaje de discursos casi milimétrico.
La lección que extraemos es clara: una mayoría absoluta no se conserva con inercia, sino con gestión, y el riesgo de que Vox se convierta en imprescindible es real incluso en la Plaza de la Villa.
Hace cuatro años, el PP de Madrid logró una victoria histórica tras una campaña en la que el perfil de Ayuso conectó con las clases medias urbanas hastiadas del Gobierno central. Hoy, el reto es distinto: gobernar siendo ya la fuerza hegemónica y demostrar que la promesa de «libertad» se traduce en resultados concretos. Los diagnósticos internos del partido apuntan a que la gestión sanitaria y la movilización en las calles fueron los dos grandes vectores del éxito de 2023; para 2027 necesitan añadir la vivienda y la seguridad como bisagras del nuevo contrato electoral.
Lo que está en juego no es solo la continuidad de Ayuso al frente de la Comunidad, sino la credibilidad del modelo popular de gobierno en solitario. Cada cifra de lista de espera o de presión fiscal es, en el fondo, un argumento que Génova utilizará después en el debate nacional. Por eso en Sol no se fían de los halagos de las encuestas y han activado un plan de choque legislativo que, en palabras de un alto cargo del ejecutivo autonómico, «no dejará ni una semana sin un anuncio relevante».
🏛️ El Apunte de Génova
- Mensaje fuerza: La mayoría absoluta de 2027 se gana gobernando ahora: gestión, bajada de impuestos y defensa de la identidad madrileña frente al Gobierno central.
- Protagonista: Isabel Díaz Ayuso (presidenta de la Comunidad de Madrid).
- Próximo hito: Pleno monográfico sobre vivienda en la Asamblea de Madrid, previsto para el 3 de junio de 2026.
