Italia y Suecia optan por material militar europeo: compran Airbus A330 MRTT y fragatas FDI

Roma cierra la compra de seis aviones cisterna por 1.400 millones de euros, abandonando a Boeing tras 15 años. Estocolmo encarga cuatro fragatas a Naval Group por 4.200 millones, en un giro que refuerza la Base Industrial y Tecnológica de Defensa Europea.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Italia ha formalizado la compra de seis aviones cisterna Airbus A330 MRTT por 1.400 millones de euros, y Suecia ha seleccionado cuatro fragatas FDI de Naval Group por 4.200 millones de dólares, optando ambas por equipos de defensa europeos en lugar de la oferta estadounidense.
  • ¿Quién está detrás? Los Ministerios de Defensa italiano y sueco, en un contexto de creciente desconfianza hacia Washington y apuesta por la soberanía industrial europea.
  • ¿Qué impacto tiene? Refuerza la capacidad de producción de la industria de defensa continental, con beneficio directo para España —donde se transforman los A330 MRTT— y marca un punto de inflexión en la relación transatlántica de defensa.

Italia y Suecia han materializado esta semana dos contratos que, por separado, confirmarían una tendencia; juntos, marcan un punto de inflexión. La apuesta por material militar europeo —aviones cisterna Airbus A330 MRTT y fragatas FDI— relega a un segundo plano la oferta estadounidense y fortalece la Base Industrial y Tecnológica de Defensa Europea (BITDE).

El Consejo de Ministros italiano, a través de la plataforma pública de contratación TED de la UE, ha desvelado la adquisición de seis aeronaves multirrol de transporte y reabastecimiento A330 MRTT por un valor total de 1.400 millones de euros (unos 1.600 millones de dólares). El contrato incluye una década de soporte logístico y descarta de facto la alternativa estadounidense, el Boeing KC-46 Pegasus, que en 2024 Italia suspendió por “necesidades imprevistas y cambiantes”.

Este movimiento es la culminación de un vaivén de preferencias. Durante quince años la Fuerza Aérea italiana ha operado cuatro aviones cisterna basados en el Boeing 767, y en 2021 aún planeaba modernizarlos y adquirir dos KC-46 adicionales. El giro hacia Airbus no es menor: el Airbus A330 MRTT se ha convertido en el estándar de la OTAN en Europa —Francia, Reino Unido, España y la propia flota multinacional de la Alianza ya lo emplean— y su cadena de montaje final se encuentra en Getafe, Madrid. Allí, las instalaciones de Airbus Defence and Space transforman el avión comercial en una plataforma de reabastecimiento en vuelo con capacidad para trasvasar hasta 50 toneladas de combustible a cazas como el Eurofighter, el Rafale o el F-35.

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El A330 MRTT se impone al KC-46: un giro italiano con historia

Detrás de la elección italiana hay razones industriales, de coste y de calendario. El programa KC-46 ha arrastrado sobrecostes y retrasos que generaron recelos entre varios socios europeos, mientras que el A330 MRTT ofrece una plataforma probada con miles de horas de vuelo y economías de escala. Para Italia, la decisión supone un ahorro estimado de 300 millones de euros respecto al pedido inicial de los KC-46 y garantiza la compatibilidad con las flotas de sus aliados continentales.

La importancia estratégica para España es directa. Cada A330 MRTT que sale de la factoría de Getafe sostiene miles de empleos cualificados y refuerza un polo industrial que el Ministerio de Defensa español considera crítico. El pedido italiano llega en un momento en el que la cartera de Airbus en este segmento ya incluye a Francia, Reino Unido, la propia flota multinacional de la OTAN y a países como Australia y Singapur, lo que asegura carga de trabajo hasta bien entrada la próxima década.

Suecia apuesta por las fragatas FDI: interoperabilidad naval con sello francés

Casi en paralelo, la Administración de Material de Defensa sueca (FMV) ha comunicado su intención de adquirir cuatro fragatas FDI (Frégate de Défense et d’Intervention) al astillero francés Naval Group, en un contrato valorado en 4.200 millones de dólares. Estocolmo busca reemplazar sus corbetas clase Visby con buques de mayor tonelaje y capacidad de combate, y la FDI —con un desplazamiento de 4.500 toneladas, radar multifunción Sea Fire y capacidad antiaérea de área— se adapta a los requisitos de la Marina sueca para operar tanto en el Báltico como en el Atlántico Norte.

Airbus A330 MRTT

La elección sueca refuerza una dinámica que Moncloa.com viene siguiendo desde hace meses: los países nórdicos y bálticos, tradicionalmente inclinados al equipamiento estadounidense, están girando hacia soluciones europeas. Naval Group ya ha vendido cuatro FDI a Grecia y compite en otros mercados, en abierta rivalidad con las fragatas FFG-62 estadounidenses y las MEKO alemanas.

Desde Moncloa.com observamos que la adquisición conjunta de sistemas europeos ya no es una declaración de intenciones: es una realidad que está reconfigurando el mercado de defensa del continente y que, en última instancia, afecta a la propia arquitectura de seguridad transatlántica.

Equilibrio de Poder

Las dos operaciones comparten un denominador común: la creciente desconfianza hacia la fiabilidad de Washington como proveedor estratégico bajo la Administración Trump. Los aranceles al acero, las presiones para elevar el gasto militar al 5% del PIB y los reiterados desaires a la Alianza Atlántica han acelerado un proceso de “europeización” de las compras de defensa que hasta ahora avanzaba a paso lento. Bruselas aplaude este giro, que ve como una oportunidad para consolidar la tan ansiada autonomía estratégica; el Pentágono, en cambio, observa con preocupación cómo clientes históricos buscan alternativas a los F-35, los Patriot o los tanques M1 Abrams.

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Para España, el impacto va más allá de Getafe. Aunque Naval Group es francés, la competencia con los astilleros españoles es real, y Navantia podría verse beneficiada si la tendencia europea se traduce en una mayor colaboración industrial entre socios de la UE. La construcción de las fragatas F-110 para la Armada española y la apuesta por sistemas de combate como el SCOM o el propio Sea Fire refuerzan la posición de la industria nacional. El riesgo a medio plazo es que cada país tire por su lado y no se articulen programas multinacionales que eviten duplicidades y sobrecostes; la historia del Eurofighter o del A400M demuestra que la unidad europea en defensa es posible, pero exige consensos que no siempre son fáciles.

A 5-10 años vista, las decisiones de Italia y Suecia marcan un precedente. Si el eje franco-alemán —con España como socio industrial clave— logra estandarizar plataformas como el A330 MRTT, las fragatas FDI o el futuro caza FCAS, la dependencia europea de Estados Unidos en material de defensa se reducirá notablemente. Aun así, la protección del flanco este y la disuasión nuclear seguirán requiriendo del paraguas estadounidense, por lo que el equilibrio transatlántico no desaparecerá, sino que se redefinirá. El próximo paso relevante será la cumbre de la OTAN en Vilna, donde los compromisos de gasto y la preferencia industrial volverán a estar sobre la mesa.