La OTAN ha diseñado una ‘zona autónoma’ en el flanco este donde solo operarán drones, sensores y fuegos de largo alcance para detectar y atacar a las fuerzas rusas en caso de conflicto. La iniciativa, que responde a las lecciones aprendidas en la guerra de Ucrania, pretende que sean las máquinas las que asuman el riesgo en las primeras fases del combate, manteniendo a los soldados aliados fuera de peligro.
Máquinas que asumen el riesgo: así funciona la zona autónoma
El concepto, bautizado internamente como Iniciativa de Disuasión del Flanco Este (EFDI, por sus siglas en inglés), fue detallado por altos mandos de la OTAN durante los ejercicios Crystal Arrow en en Letonia. “No hay secretos, así es como se desarrolla la guerra”, afirmó el general de brigada Chris Gent, jefe adjunto de transformación e integración del Mando Terrestre Aliado, en declaraciones recogidas por Defense News. “Ahora hay una zona delante de ti donde no pondrás humanos en peligro. Se trata de que las máquinas asuman el riesgo y la atrición por ti”.
La idea es sencilla: establecer una franja de territorio donde únicamente operen sistemas no tripulados —drones aéreos, vehículos terrestres, sensores acústicos y electroópticos, y sistemas de fuego de precisión— para detectar, fijar y golpear cualquier columna blindada rusa en los primeros compases de una invasión. En Ucrania, esta “zona de muerte” se ha extendido en algunos puntos hasta 15 kilómetros desde la línea de contacto, según datos del mando aliado, y todo movimiento en ese espacio es detectado y destruido.
Del ejercicio Crystal Arrow a la red de sensores interconectados
Las pruebas en el campo de maniobras de Sēlija han permitido integrar vehículos terrestres no tripulados (UGV) con contramedidas antidrón y una columna vertebral de datos que, una vez desplegada, conectará miles de sensores a lo largo de todo el flanco oriental. “La idea es que los sensores de un país puedan disparar los efectores de otro a través de las fronteras nacionales”, explicó Gent, subrayando que el único escollo pendiente es la disparidad de permisos políticos para autorizar el fuego automático sobre objetivos detectados.
Para el general Chris Donahue, comandante del Ejército estadounidense en Europa y África, la iniciativa “ha cogido un impulso muy rápido” y ya no es una presentación de PowerPoint. “Se trata de poner capacidades sobre el terreno y ejercitarlas para demostrar que funcionan, y asegurarnos de que tenemos disuasión todos los días”, señaló. El ejercicio Crystal Arrow, en el que participó la brigada mecanizada letona, sirvió precisamente para evaluar la operación real de esos medios.
“No estamos hablando de ciencia ficción ni del futuro. Hablamos de una necesidad de hoy”, advierte la OTAN.
El mayor Eduards Šinkūns, jefe del departamento de operaciones de la brigada letona, confirmó que sus tropas entrenan a diario para “asegurar la zona de muerte solo con sistemas no tripulados”, apoyados por infantería y artillería. “Lo que vemos en Ucrania es que ningún vehículo se mueve en la zona gris. Cualquier movimiento es destruido”, añadió. Letonia, que ha sufrido incursiones de drones desde Rusia en el último año, se ha convertido en banco de pruebas de esta nueva doctrina.
Equilibrio de Poder
La creación de una zona autónoma en el flanco este transforma el paradigma de disuasión de la OTAN, que pasa de la mera presencia simbólica de una fuerza de interposición —el antiguo concepto de “tripwire”— a la disuasión por castigo y negación, en palabras del general de brigada Jamie Murray, número dos de la División Estonia. “El primer acto es disuadirles, el segundo detenerles y el tercero obligarles a un relevo de escalones que los haga realmente vulnerables”, resumió.
Desde Washington, la iniciativa encaja con el mensaje recurrente de la Administración Trump de que los aliados europeos deben aumentar el gasto y asumir más responsabilidades en su propia defensa. Sin embargo, la propuesta no es una imposición unilateral; ha sido diseñada y ejecutada por mandos integrados y cuenta con la participación activa de países como Letonia, Estonia, Lituania y Alemania. Para España, la implantación de la zona autónoma tiene consecuencias directas: el batallón multinacional que lidera en Letonia (en el marco de la Presencia Avanzada Reforzada) deberá adaptar sus procedimientos a un entorno donde los medios no tripulados son la primera línea de combate. Fuentes de Defensa consultadas por Moncloa.com reconocen que será necesario adquirir o arrendar sistemas autónomos para integrarse plenamente en la iniciativa, lo que podría abrir oportunidades para la industria española de defensa, especialmente en el segmento de UGV y contramedidas anti-drones.
Para Moscú, la lectura es inevitable: la OTAN está construyendo un cinturón de sensores y fuego automatizado a lo largo de sus fronteras, lo que exigiría a las fuerzas rusas una primera oleada de ataque puramente remota antes incluso de que un solo soldado pueda pisar territorio aliado. Esto incrementa la fricción diplomática en un momento en que los servicios de inteligencia europeos advierten de que Rusia podría amenazar territorio OTAN en los próximos años tras el fin de los combates en Ucrania. El riesgo de escalada accidental, debido precisamente a la automatización parcial y a los umbrales de activación transfronteriza, será uno de los debates más espinosos en el próximo Consejo del Atlántico Norte.
En el sur, el modelo de zona autónoma suscita preguntas. Marruecos, Argelia y los países del Sahel observan con creciente interés y preocupación el desarrollo de estas capacidades, que podrían exportarse a la arquitectura de seguridad del Mediterráneo. Por ahora, la atención está puesta en el flanco este, pero la doctrina sienta un precedente que podría replicarse en otras regiones de interés estratégico para España.
Mientras, en los campos de maniobras letones, las máquinas ya patrullan la frontera. Y, como admiten los generales aliados, no es un ensayo: es la preparación para una guerra que esperan no tener que librar. El próximo paso será la integración plena de la red de sensores y la definición política de los permisos de fuego automático. Hasta entonces, la zona autónoma seguirá siendo un concepto tan prometedor como inquietante.

