Alberto Núñez Feijóo se ha estrellado contra una evidencia parlamentaria que el PSOE de Pedro Sánchez conoce bien: no hay mayoría de recambio en el Congreso que no pase por Vox, y Vox es precisamente el factor que aleja a los nacionalistas de cualquier operación de derribo. Este lunes, cuando se cumplen ocho años de la moción de censura que aupó al socialista a la Moncloa en 2018, el líder del PP comprueba que los números hoy son una trampa.
El análisis publicado este mismo lunes por infoLibre —y que consultamos en esta redacción— detalla las capas de la paradoja. Para registrar una moción son necesarias al menos 35 firmas; para que prospere, mayoría absoluta. El PP no alcanza ninguna de esas cotas sin el concurso de los 33 escaños de Vox. Y sin embargo, basta con pronunciar el apellido Abascal para que tanto el PNV como Junts cierren la puerta de golpe.
La aritmética de la moción: 35 firmas y un elefante llamado Abascal
Las cuentas son tercas. La suma de PP (137 escaños), Vox (33) y el díscolo José Ángel Alonso (1) apenas araña los 171 votos, muy lejos de los 176 imprescindibles. Para rozar la mayoría, Feijóo necesitaría convencer a los cinco diputados del PNV o a los siete de Junts. Pero esa conversación se envenena en cuanto el PP reconoce —y es inevitable— que Vox estaría en la foto de la investidura alternativa.
El exportavoz jeltzale Aitor Esteban lo bautizó en 2023 como «la ballena en la piscina». Y su sucesor en el hemiciclo mantiene el mismo discurso. Los nacionalistas vascos no votarán jamás una operación en la que aparezca Santiago Abascal, alguien que ha calificado de racista el origen del PNV y que aboga por liquidar el concierto económico. La dependencia del PP de la ultraderecha , que le permite gobernar comunidades, se convierte en el Congreso en un lastre insalvable.
Con Junts ocurre lo mismo. El secretario general, Jordi Turull, calificó la hipótesis de «broma macabra». Para el partido de Carles Puigdemont, aparecer junto a Vox —la misma formación que les llama terroristas— sería un suicidio electoral en Cataluña, especialmente con la amenaza de Aliança Catalana a las puertas.
PNV y Junts: la ballena en la piscina y la broma macabra

Aunque Esteban afirmó este domingo que sería «irresponsable» que Sánchez siguiera más allá de 2026 sin rumbo y con un caso Zapatero envenenando el ambiente, el PNV no está dispuesto a darle a Feijóo la llave de la Moncloa si el precio es compartir pasillo con Vox. El portavoz del PP, Borja Sémper, replicó que las palabras no bastan, pero desde Génova saben que carecen de palanca.
La trampa se cierra: si Feijóo amaga con una moción instrumental —una posibilidad que ha sobrevolado el discurso de los conservadores—, necesita a Vox; pero si pacta con Vox, pierde a los nacionalistas. Y si no presenta moción, asume que la legislatura seguirá hasta 2027, tal como ha repetido Sánchez. El líder del PP, en suma, está atrapado en un bucle que el PSOE observa con legítima distancia táctica.
La sombra de Abascal convierte cualquier alternativa en una trampa para quien ose entrar en ella.
El Eje del Poder Socialista
El embrollo de la derecha otorga al presidente un balón de oxígeno en una coyuntura judicial y parlamentaria complicada. La denuncia contra el expresidente Zapatero ha elevado la tensión, pero la inexistencia de una mayoría alternativa diluye la presión sobre los socios de investidura para que rompan con el Gobierno. El mensaje que leen en Ferraz es nítido: ningún socio se atreve a dar el salto si la única alternativa viable es una geometría variable que incluya a la ultraderecha.
Este escenario recuerda —salvando las distancias— a lo ocurrido en 2018, cuando la moción de censura de Sánchez prosperó porque el PNV pudo votar con un PSOE que no necesitaba a Vox. Aquella noche, los nacionalistas subrayaron que la diferencia era que el PP había elegido a la extrema derecha como socio. Ocho años más tarde, la lección se repite: la dependencia de Vox impide al PP construir una mayoría de Gobierno, y esa debilidad beneficia directamente al Ejecutivo de coalición.
En el plano territorial, los presidentes autonómicos socialistas —desde Emiliano García-Page hasta Adrián Barbón— ven cómo el foco permanece sobre las contradicciones del principal partido de la oposición. Mientras Feijóo forcejea con el elefante de Abascal, sus marcas de gestión en sanidad, educación y transición ecológica disponen de un margen extra para consolidar políticas sin un acoso parlamentario letal.
El riesgo, para el PSOE, es que la parálisis termine arrastrando la legislatura hacia un final agónico sin Presupuestos. Pero a día de hoy, la lectura de la dirección federal es pragmática: con el PP sin alternativa creíble, las posibilidades de que los socios finalmente cedan en las cuentas públicas aumentan, porque bloquearlo todo equivaldría a allanar el camino a una repetición electoral cuyo único beneficiario claro sería, paradójicamente, el propio Sánchez.
🌹 El Apunte de Ferraz
- Mensaje fuerza: La falta de alternativa parlamentaria del PP, lastrada por su dependencia de Vox, blinda al Gobierno de Sánchez frente a una moción de censura.
- Protagonista: Pedro Sánchez (presidente del Gobierno y secretario general del PSOE).
- Próximo hito: La próxima sesión de control al Gobierno en el Congreso, donde el PP se verá obligado a explicar por qué su estrategia de acoso no se traduce en números.

