La sal lleva años cargando con una mala fama casi automática, pues en los consejos de alimentación muchas veces se escucha que hay que reducirla. Sin embargo, cada vez más expertos recuerdan que el problema no siempre es la sal en sí, sino el exceso y, sobre todo, el contexto en el que se consume. El neurocientífico Andrew Huberman volvió a poner este tema sobre la mesa al explicar que el sodio cumple funciones mucho más importantes de lo que la mayoría imagina, especialmente en el cerebro y en el equilibrio de líquidos del cuerpo.
Durante un episodio de su pódcast, Huberman habló de cómo la sal participa en procesos básicos que ocurren constantemente dentro del organismo y que muchas veces pasan desapercibidos. Desde la sensación de sed hasta la comunicación entre neuronas, el sodio está implicado en mecanismos esenciales para que el cuerpo funcione con normalidad. Por eso insiste en que ni consumir demasiada ni eliminarla casi por completo resulta una buena idea, ya que el cerebro necesita mantener un equilibrio muy preciso para trabajar correctamente.
1La sal y el cerebro están mucho más conectados de lo que parece
Cuando se habla de la sal, muchas personas piensan únicamente en la presión arterial o en la retención de líquidos, pero el cerebro también depende de ella. Según explicó Huberman, las neuronas necesitan sodio para generar impulsos eléctricos y poder comunicarse entre sí, algo fundamental para funciones tan cotidianas como pensar, concentrarse o reaccionar rápidamente.
El especialista contó además que el cerebro tiene regiones específicas dedicadas a vigilar constantemente los niveles de sodio en la sangre. Una de ellas es la llamada OVLT, una estructura capaz de detectar cuándo algo empieza a desequilibrarse. Si el nivel baja demasiado o sube más de la cuenta, el organismo activa distintas respuestas automáticas para corregir la situación antes de que aparezcan problemas mayores.

