Las aerolíneas europeas (IAG, Ryanair) pierden un 25% de beneficio por la crisis de Irán y el queroseno

IATA prevé que el sobrecoste mundial del queroseno ascienda a 85.000 millones de euros en 2026. Mientras las aerolíneas españolas capean mejor la tormenta, las del Golfo Pérsico entran en pérdidas y el precio de los billetes subirá para los consumidores europeos.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La IATA ha anunciado hoy en su reunión anual de Río de Janeiro que las aerolíneas europeas verán recortado su beneficio neto un 25% en 2026, hasta los 8.300 millones de euros, debido a la guerra de Irán y al encarecimiento del queroseno.
  • ¿Quién está detrás? La Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), presidida en su último año de mandato por el español Luis Gallego, consejero delegado de IAG.
  • ¿Qué impacto tiene? El grupo IAG (Iberia, Vueling) afronta un sobrecoste de 1.300 millones de euros; el precio de los billetes subirá y las aerolíneas del Golfo Pérsico entrarán en números rojos, lo que podría beneficiar la conectividad directa de España con Asia.

Las cifras que ha presentado hoy la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA) durante su cumbre anual en Río de Janeiro no dejan lugar a dudas: la guerra de Irán está golpeando de lleno a las aerolíneas europeas. El beneficio neto conjunto de grupos como IAG, Ryanair, Air France-KLM, Lufthansa, easyJet y WizzAir caerá un 25% este año, hasta los 8.300 millones de euros (9.600 millones de dólares), frente a los 13.000 millones de dólares de 2025. Una rebaja de 3.400 millones que la patronal mundial aérea atribuye, sobre todo, al encarecimiento del queroseno y a las restricciones geopolíticas.

85.000 millones de euros de sobrecoste en queroseno: el gran lastre para el sector

El combustible es el principal centro de costes para una aerolínea, y el conflicto en Oriente Próximo lo ha disparado. IATA calcula que el sobrecoste mundial en queroseno alcanzará este año los 85.000 millones de euros (casi 100.000 millones de dólares), un 40% más del gasto habitual en apenas unas semanas. La factura para las compañías europeas se verá parcialmente amortiguada por las coberturas (cerca del 70% del consumo), pero a medida que esos contratos venzan, el impacto se dejará sentir con más fuerza, como ya se observó en los resultados del primer trimestre.

La crisis energética no se limita al precio. Las aerolíneas europeas tienen una ‘alta dependencia’ del queroseno procedente de Oriente Próximo, según la IATA, una circunstancia que España logra esquivar gracias a rutas de suministro alternativas. Aun así, el grupo IAG —matriz de Iberia, British Airways, Vueling y Level— asume un sobrecoste específico de 1.300 millones de euros, una cantidad que presionará sus márgenes y que justifica la revisión a la baja de las perspectivas para 2026.

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IAG, Ryanair y el dilema de la conectividad española

La parte positiva para las aerolíneas que operan en España es doble. Por un lado, la guerra de Irán ha erosionado la posición de los grandes hubs del Golfo (Dubái, Doha), cercanos al conflicto y con instalaciones que han sufrido incidentes. Esto favorece los vuelos directos entre la Península y Asia, una oportunidad que Iberia y otras compañías europeas pueden capitalizar si logran mantener rutas estables. Por otro, la propia IATA reconoce que la demanda de viajes aéreos sigue creciendo, aunque a un ritmo menor: aumentará un 2,8% en 2026, la mitad del 5,3% de 2025, mientras que la oferta apenas subirá un 1,3%.

Pero la contrapartida es inevitable. El beneficio neto por pasajero transportado se desplomará de 10,3 dólares a 7,5 dólares, una caída del 27% que se traducirá en en billetes más caros para los consumidores. Las aerolíneas intentarán trasladar parte del sobrecoste al precio final, algo que, según el director general saliente de IATA, Willie Walsh, no bastará para mantener la rentabilidad del ejercicio anterior. ‘Algunos de los costes adicionales se están recuperando ajustando precios y mejorando la eficiencia, pero no será suficiente’, ha advertido Walsh en Río.

IAG beneficios

El Eje del Poder Europeo

La tormenta perfecta no es solo energética: se suma un cóctel, de regulaciones onerosas —mandatos de combustibles sostenibles (SAF), elevadas tasas de navegación y aeroportuarias— y huelgas de controladores que afligen al sector en el continente. En ese tablero, la reacción de British Airways denota un malestar creciente. Su consejero delegado, Sean Doyle, ha puesto el foco en los impuestos británicos al turismo, que, a su juicio, desvían tráfico hacia España y Francia. ‘Si miras a Francia y España, nos han superado con creces. Nuestros pasajeros son los que pagan más impuestos en todo el mundo’, ha afirmado en declaraciones a The Telegraph.

La frase no es baladí: en el momento en que el Reino Unido aspira a alcanzar 50 millones de visitantes en 2030 (frente a los 37 millones actuales estancados), el alza de la Seguridad Social y una eventual tasa turística municipal agravan la posición de sus aerolíneas. IAG, con dos patas en España y una en el Reino Unido, se convierte en un actor clave de ese pulso fiscal. Mientras, las aerolíneas de Oriente Próximo, que pasarán de un beneficio de 7.200 millones de dólares a unas pérdidas de 4.300 millones, dejan espacio a las europeas para recuperar tráfico intercontinental si logran esquivar el golpe del combustible.

El encarecimiento del queroseno no es un accidente pasajero: está redibujando el mapa de la aviación mundial, y España puede salir ganando si juega bien sus cartas en conectividad y fiscalidad.

La patronal mundial también ha renovado su alerta sobre la falta crónica de aviones. Los pedidos a Airbus y Boeing suman 18.100 unidades, la mitad de la flota mundial en servicio, pero las entregas se acumulan con retrasos que disparan los gastos de combustible y mantenimiento. En ese contexto, la reunión de Río pasa el testigo de la presidencia de IATA a un nuevo mandato: Luis Gallego cierra doce meses al frente del consejo y deja el cargo en un momento en que la aviación europea se enfrenta a uno de sus mayores desafíos recientes.

Con la demanda resistiendo, pero los costes desbocados, 2026 se convierte en un año de transición forzosa para las aerolíneas europeas. La factura del queroseno, la guerra y la regulación marcarán el ritmo. Y, como recuerdan en IATA, los grupos más pequeños, con balances más débiles, serán los primeros en notarlo.

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