CENTCOM completa 13 noches de ataques contra Irán mientras Trump sopesa un ataque masivo y Teherán rechaza el alto el fuego

El Mando Central de EE.UU. ha bombardeado centros de mando y drones iraníes durante casi dos semanas. El presidente Donald Trump evalúa una ofensiva 'más grande que cualquier cosa anterior', según la Casa Blanca.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ha completado 13 noches consecutivas de ataques de precisión contra Irán, destruyendo centros de mando, infraestructura de drones y redes de comunicaciones.
  • ¿Quién está detrás? La ofensiva, ordenada por el presidente Donald Trump, llega mientras la Casa Blanca evalúa un ataque masivo sin precedentes y Teherán rechaza la propuesta de alto el fuego respaldada por Washington.
  • ¿Qué impacto tiene? La escalada militar tensa el mercado del petróleo y amenaza la seguridad energética de España, que depende del crudo y gas que transita por el estrecho de Ormuz.

La madrugada de este viernes, los misiles y drones estadounidenses volvieron a iluminar el cielo sobre territorio iraní. Donald Trump lo venía advirtiendo desde hace semanas: la única respuesta posible a la negativa de Teherán a negociar es una presión militar sostenida. Y la ha cumplido. El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó que ha ejecutado ya trece noches consecutivas de bombardeos selectivos contra objetivos militares de la República Islámica, en la que constituye la campaña aérea más intensa contra Irán en más de dos décadas.

La operación ha golpeado centros de mando y control, fábricas de drones, redes de comunicaciones y capacidades navales de la Guardia Revolucionaria iraní. Según fuentes del Pentágono citadas por la prensa estadounidense, la intención es degradar la capacidad de represalia del régimen antes de una posible ofensiva terrestre limitada o un ataque masivo a sus infraestructuras nucleares que, según ha dejado caer la Casa Blanca, podría ser inminente.

Trump, en declaraciones improvisadas durante un acto en Ohio, aseguró que está sopesando “un ataque masivo, más grande que cualquier cosa que hayáis visto antes”. Inmediatamente después, su equipo de seguridad nacional matizó que todas las opciones siguen sobre la mesa, incluida una campaña de bombardeos más selectiva si Teherán accede a un alto el fuego. Pero esa posibilidad se desvaneció ayer mismo: el régimen iraní rechazó la propuesta de tregua impulsada por Washington y advirtió de que el conflicto podría extenderse a toda la región.

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Un goteo quirúrgico que allana el camino a un golpe masivo

La estrategia de las trece noches de ataques obedece a una lógica militar precisa. CENTCOM está taladrando las defensas aéreas y los nodos de comunicación del enemigo antes de lanzar una operación de mayor envergadura. Cada noche, los cazas y bombarderos se centran en un conjunto distinto de blancos: el primer día fueron las baterías antiaéreas; el tercero, las fábricas de drones Shahed; anoche, las patrulleras rápidas que Irán utiliza para amenazar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Hay un patrón: inutilizar primero los sensores, luego las armas ofensivas y, finalmente, las rutas de represalia.

El objetivo final, según analistas del CSIS, no es otro que convencer a Teherán de que no puede ganar una guerra prolongada, o bien inutilizar por completo su capacidad de respuesta antes de lanzar el golpe definitivo contra sus instalaciones nucleares de Natanz y Fordow. Y aunque la Casa Blanca insiste en que la diplomacia sigue siendo una opción, lo cierto es que cada noche de bombardeos acerca el reloj a un punto de no retorno.

España, en la sombra del petróleo y el gas del Golfo

La crisis llega en el peor momento para los consumidores y las empresas españolas. Aunque España no tiene una dependencia directa del crudo iraní —las sanciones internacionales lo mantienen fuera del mercado europeo desde hace años—, cualquier cierre del estrecho de Ormuz dispararía el precio del barril de Brent a niveles que no se ven desde la guerra de Irak. La razón: por ese cuello marítimo pasa el 20% del petróleo mundial y casi un tercio del gas natural licuado que consume el sur de Europa.

Para un país que sigue soportando una inflación subyacente superior al 3,5% y cuyas empresas exportadoras aún se recuperan del shock arancelario, un nuevo repunte del crudo supondría un lastre para el crecimiento y un balón de oxígeno para el populismo económico que ya recorre media Europa. Iberdrola, Repsol y Naturgy tienen contratos de suministro a largo plazo, pero los precios al contado del gas natural licuado en la terminal de Barcelona se dispararían automáticamente si la tensión interrumpe el tránsito en el estrecho de Ormuz.

La diplomacia española, como suele hacer en estos episodios, se alinea con el eje franco-alemán: prudencia retórica, rechazo a la escalada y llamadas a la desescalada desde La Moncloa y la Comisión Europea. Pero la realidad es que ni Bruselas ni Madrid tienen capacidad alguna de influir en el proceso de toma de decisiones de una administración Trump que ya ha dejado claro que actuará unilateralmente si lo considera necesario.

Trump ataque masivo

La Lógica de Washington

Conviene no mirar esta escalada con los ojos de la prensa europea tradicional. Hay una lógica interna en Washington que explica por qué Trump aprieta ahora el acelerador militar. Tiene que ver con las elecciones de mitad de mandato de noviembre, con la doctrina de “paz por la fuerza” y con la necesidad de demostrar que Estados Unidos no va a tolerar que Irán siga financiando milicias en Irak, Siria o Yemen sin pagar un precio intolerable.

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El presidente republicano sabe que su base electoral aplaude la mano dura contra un régimen que amenaza las rutas comerciales globales y que sigue enriqueciendo uranio a niveles cercanos al uso militar. En 2020, el asesinato del general Qasem Soleimani le reportó un repunte de popularidad; ahora necesita una victoria contundente que desvíe la atención de la inflación interna y del desgaste acumulado tras dos años de gobierno. La estrategia de las trece noches de bombardeos es un clásico de la doctrina estadounidense: los bombardeos “quirúrgicos” de la operación Rolling Thunder en Vietnam, la campaña “Shock and Awe” de Irak en 2003 o la destrucción de las defensas aéreas libias en 2011. Primero se ciega al enemigo, luego se le golpea donde más le duele.

Aquí no hay improvisación: hay un plan militar trazado desde hace meses y un calendario político que fuerza el desenlace. Si Irán cede y acepta el alto el fuego, Trump lo venderá como una victoria diplomática sin precedentes. Si no cede, el ataque masivo se convertirá en el legado militar de su segundo mandato, con repercusiones que tardaremos años en medir. La única certeza es que, mientras suenan las sirenas en Teherán, los surtidores de las gasolineras españolas contienen los decibelios.

Lo que está ocurriendo estos días frente a las costas de Irán no es solo una operación militar: es una exhibición de fuerza que determinará el precio del petróleo en los próximos tres años.

Ficha del Caso

  • El caso: Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha intensificado su campaña de bombardeos contra Irán tras 13 noches consecutivas de ataques. Trump amenaza con un ataque masivo mientras Teherán rechaza cualquier alto el fuego, elevando el riesgo de un conflicto regional total.
  • Datos clave: CENTCOM ha destruido centros de mando, fábricas de drones y capacidades marítimas iraníes. La Casa Blanca mantiene sobre la mesa un ataque sin precedentes. Irán rechazó la propuesta de tregua y advierte de una expansión del conflicto.
  • Para España: La posibilidad de un cierre del estrecho de Ormuz dispararía los precios del petróleo y del gas natural licuado, encareciendo la factura energética de hogares y empresas, y frenando la recuperación económica española.