Casa Blanca condiciona el acuerdo nuclear saudí al reconocimiento de Israel

Washington vincula la cooperación nuclear civil a la adhesión de Riad a los Acuerdos de Abraham, aunque la Casa Blanca no mencionó esta condición el miércoles. Riad insiste en que el reconocimiento de Israel pasa por avances hacia un Estado palestino.

La Casa Blanca ha vinculado el histórico acuerdo de cooperación nuclear entre Estados Unidos y Arabia Saudí a que Riad reconozca a Israel y se sume a los Acuerdos de Abraham, según ha confirmado esta semana la portavoz presidencial, Karoline Leavitt. La declaración endurece las condiciones del pacto esbozado el miércoles, cuando no se había hecho pública ninguna exigencia sobre la normalización de relaciones con el Estado hebreo.

El giro de Washington: condición explícita tras la ambigüedad inicial

El acuerdo, que permitiría a Arabia Saudí construir reactores nucleares con tecnología estadounidense para su programa civil, queda ahora supeditado a la entrada de Riad en el círculo diplomático creado durante el primer mandato de Donald Trump. Leavitt fue clara: «Este acuerdo depende de esta condición en lo que respecta al presidente, así que seguiremos hablando con nuestros homólogos saudíes para cerrar el trato y esperamos verles unirse a los Acuerdos de Abraham muy pronto».

El giro revela una estrategia de presión máxima por parte de una administración que, en solo 24 horas, ha pasado de presentar un pacto de cooperación nuclear neutro a convertirlo en una herramienta de política exterior. Los Acuerdos de Abraham, suscritos hasta ahora por Israel, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán, buscan rediseñar las alianzas en Oriente Próximo aislando a Irán; añadir a Arabia Saudí, el mayor país del Golfo, sería un golpe geoestratégico de primera magnitud.

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Riad mantiene su postura: sin Estado palestino no habrá reconocimiento

Sin embargo, la posición saudí no ha variado. El príncipe heredero Mohamed bin Salmán ha reiterado que el reconocimiento de Israel solo llegará si se producen avances tangibles hacia la creación de un Estado palestino. La Casa Real saudí sostiene que cualquier acercamiento debe ir acompañado de un camino político creíble para los territorios ocupados, una demanda que choca frontalmente con el actual gobierno israelí, el más derechista de su historia.

En el pasado, el heredero saudí ya advirtió de que si Irán adquiriese el arma nuclear, él haría lo mismo. «Si Irán desarrolla una bomba nuclear, la desarrollaremos nosotros también», declaró en 2023. El actual acuerdo no exige a Riad que adopte el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que permite inspecciones más intrusivas para detectar actividades nucleares no declaradas. Esta omisión ha disparado las alarmas entre los expertos en no proliferación y en el Capitolio, donde varios legisladores temen que Arabia Saudí pueda enriquecer uranio en secreto y utilizarlo más adelante para un programa militar.

Acuerdos de Abraham

El pacto permite a Riad enriquecer uranio sin las inspecciones del Protocolo Adicional: una licencia peligrosa para un programa militar encubierto.

Equilibrio de Poder

La decisión de Washington de atar el acuerdo nuclear al reconocimiento de Israel es un movimiento con consecuencias en múltiples tableros. Para Estados Unidos, supone tratar de capitalizar su influencia tecnológica para forzar lo que la diplomacia no ha logrado: que el peso pesado del Golfo legitime la presencia de Israel en la región. Sin embargo, el envís debilita la ya frágil narrativa de un compromiso con la solución de dos Estados, que tanto la Casa Blanca como Bruselas defienden públicamente. A ojos de Riad, la exigencia de normalizar relaciones sin avances reales en Palestina es una concesión desigual, y la monarquía no puede permitirse un déficit de legitimidad interno si se percibe que ha abandonado la causa palestina.

Para la UE, y en concreto para España, el escenario es complejo. España mantiene una relación estratégica con Arabia Saudí —contratos de defensa como los buques Avante 2200 o el sistema de artillería en la base de Tabuk— y, a la vez, es uno de los socios europeos más explícitos en la defensa de los dos Estados. El posible enriquecimiento de uranio por parte de Riad, sin un mecanismo de supervisión robusto, abre la puerta a una escalada nuclear en el Mediterráneo que afectaría directamente a la seguridad de la frontera sur europea y a las rutas energéticas. Egipto o Turquía podrían sentir la tentación de replicar el modelo, desencadenando una carrera de armamento que el Statu quo del Tratado de No Proliferación (TNP) apenas puede contener.

El eco histórico de este pacto recuerda al acuerdo nuclear civil que Estados Unidos firmó con la India en 2008. Aquella decisión, que también permitía el enriquecimiento sin el Protocolo Adicional, fue criticada por saltarse las reglas del Grupo de Suministradores Nucleares y debilitar el régimen de no proliferación. Hoy, Washington corre un riesgo similar: reforzar a un aliado frente a Irán a costa de legitimar un programa nuclear sin las salvaguardas completas.

La próxima parada del acuerdo es el Congreso de Estados Unidos, donde los legisladores podrían enmendarlo o bloquearlo si consideran que los términos son demasiado laxos. A medio plazo, la viabilidad del pacto depende de si Riad logra avances en la cuestión palestina o si la presión estadounidense se flexibiliza. Lo que está claro es que el equilibrio nuclear en Oriente Próximo pende de un hilo más fino que hace una semana.

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