Pierre Schill: la doctrina militar francesa no debe copiar ciegamente las lecciones de Ucrania

El jefe del Estado Mayor del Ejército de tierra defiende un modelo versátil que combine drones y combate cuerpo a cuerpo. Descarta copiar las lecciones de la guerra en Ucrania y aboga por la autonomía estratégica europea.

El jefe del Estado Mayor del Ejército francés, el general Pierre Schill, ha lanzado una advertencia clara: la doctrina militar gala no puede limitarse a copiar las enseñanzas del conflicto ucraniano. En una entrevista concedida a Defense News en vísperas de la feria Eurosatory —que se celebra del 15 al 19 de junio—, Schill reivindicó un modelo de guerra versátil que combine drones y combate cuerpo a cuerpo, y defendió que Francia, como potencia nuclear y pilar de la OTAN, debe mantener una fuerza equilibrada y adaptable.

Por qué Francia no es Ucrania: el riesgo de la falsa analogía

Para Schill, la guerra en Ucrania ofrece lecciones valiosas, pero convertirla en el único patrón de la guerra futura sería un error estratégico. “Lo que Ucrania demuestra es la aceleración de ciertas formas de combate: drones, guerra electrónica, transparencia del campo de batalla o inteligencia artificial”, señaló. Sin embargo, subrayó que las trincheras, el combate urbano puerta a puerta y el desgaste siguen siendo realidades muy presentes.

El general insiste en que la tecnología no sustituye la maniobra, el mando ni la moral. “Francia no es Ucrania. Somos una potencia nuclear, miembro de la OTAN, y no afrontamos una invasión terrestre masiva en las mismas condiciones estratégicas”. Por eso, el Ejército francés debe operar en los tres espacios que estructuran sus compromisos: protección del territorio, operaciones en ultramar y zonas de crisis, y guerra de coalición de alta intensidad, especialmente en Europa.

Publicidad

La doctrina Schill: ni solo drones ni solo trincheras

El enfoque del jefe del Ejército de Tierra se asienta en dos dinámicas complementarias de innovación. La primera, “de abajo arriba”, se basa en el espíritu pionero y la capacidad de las unidades para adaptarse sobre el terreno. La segunda, “de arriba abajo”, está estructurada en torno al Future Combat Command y la coherencia global de capacidades. Los centros exploratorios de brigada y los mecanismos de financiación subsidiaria aceleran la transición de la experimentación al despliegue operativo.

El ejercicio Orion 26 —el mayor de la última década— confirmó, según Schill, que el plan de transformación del Ejército iba por buen camino. Validó la necesidad de formaciones grandes capaces de sostener el mando en el tiempo, operar en coalición y mantener ritmos operativos muy altos. No obstante, las carencias detectadas —fuegos profundos, defensa aérea, guerra electrónica, logística pesada— son precisamente las capacidades más difíciles de improvisar en una crisis.

Un ejército no se improvisa cuando llega la sacudida.

Schill admite que la sorpresa táctica no desaparece, pero cambia de naturaleza. En un campo de batalla cada vez más transparente, la sorpresa dependerá menos de la invisibilidad total y más de la velocidad, el engaño, la dispersión y la saturación. Para lograrlo, Francia debe reforzar su guerra electrónica, reducir la firma de sus plataformas, hibridar las redes de mando y acortar los ciclos de decisión.

El programa Scorpion, que moderniza los vehículos blindados franceses, multiplica la conectividad pero también la complejidad. Schill reconoce el riesgo de sobrecarga: “Los sistemas pueden ser interferidos, degradados o saturados; la acumulación de información también puede abrumar a los soldados”. La respuesta, a su juicio, pasa por usar la inteligencia artificial para priorizar y simplificar, no para crear una dependencia absoluta. “El mando por intención sigue siendo el núcleo de nuestro modelo: el comandante fija el objetivo, pero la iniciativa pertenece a los subordinados”.

Pierre Schill

Equilibrio de Poder

La entrevista de Schill llega en un momento de redefinición del papel europeo dentro de la OTAN. Estados Unidos ha endurecido su mensaje: Europa debe asumir más responsabilidad en su propia defensa. Para el general francés, esto no cuestiona la Alianza, pero sí obliga a fortalecer la capacidad de actuar de manera más independiente. El desafío, dice, es “a la vez operacional, industrial y cultural”. Europa necesita reconstruir capacidad de producción, reservas estratégicas y hábitos de entrenamiento compartido.

Para España, el debate tiene implicaciones directas. Francia es el principal aliado militar en el flanco sur y ejerce un papel de nación marco que podría condicionar la futura arquitectura defensiva europea. Si París acelera su apuesta por la autonomía estratégica —con capacidad de mando de grandes operaciones terrestres sin necesidad de habilitadores estadounidenses—, Madrid se verá presionada a elevar su contribución en capacidades críticas como fuegos profundos, defensa antimisiles o guerra electrónica. El Sahel, donde la presencia francesa se ha reducido y las tensiones migratorias crecen, añade otra capa de urgencia: la protección del territorio nacional dependerá de fuerzas expedicionarias bajo mando europeo.

Publicidad

El paralelismo histórico más evidente es la mecanización de los años treinta: entonces, quienes se prepararon para la guerra anterior pagaron un precio altísimo. Schill insiste en que la clave no está en elegir entre drones o carros de combate, sino en integrarlos en un sistema de sistemas, como anticipa el proyecto Pendragon. Si Europa acierta, podrá disponer de una capacidad de disuasión autónoma en el horizonte de la próxima década. Si falla, el flanco sur de la OTAN y la capacidad de respuesta ante crisis en el Mediterráneo y el Sahel quedarán hipotecadas. La feria Eurosatory que hoy abre sus puertas será el primer banco de pruebas de cuánto de ese discurso se transforma en contratos y en interoperabilidad real.