Feijóo abre la puerta a una coalición con Vox pero fija líneas rojas: aborto y derechos LGTBI

En El Hormiguero, el presidente popular admite por primera vez un posible gobierno de coalición con Abascal. Asegura que no tocará los derechos aprobados y que reformará la eutanasia, mientras el líder de Vox guarda silencio.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Alberto Núñez Feijóo admitió por primera vez en El Hormiguero que podría liderar una coalición de gobierno con Vox si los números lo exigen, pero fijó líneas rojas innegociables: aborto y derechos LGTBI.
  • ¿Quién está detrás? El presidente nacional del PP, en una entrevista con Pablo Motos, dio el giro estratégico que llevaba un año evitando.
  • ¿Qué impacto tiene? Abre un escenario de pacto que tranquiliza al votante moderado y desafía a Vox, cuyo líder aún no se ha pronunciado sobre esas condiciones.

Génova ha movido ficha en el peor momento para el Gobierno. El mismo día en que el socialismo se enredaba en la Audiencia Nacional, Alberto Núñez Feijóo eligió el programa más visto de la televisión para dibujar el mapa de la próxima legislatura. Por primera vez, el líder popular admitió sin rodeos que una coalición con Vox es posible. Y lo hizo con una estrategia medida: abrir la puerta al pacto y, al mismo tiempo, colocar los cerrojos que definen su proyecto de Estado.

La entrevista en El Hormiguero fue un punto de inflexión. Hace un año, en el congreso nacional del PP, el mantra era gobernar en solitario. «No quiero gobernar con nadie», repitió anoche Feijóo, pero añadió una frase que modifica el tablero: «Aceptaré el resultado de las urnas y garantizaré la estabilidad política». Significa que si los escaños obligan a compartir Consejo de Ministros con Santiago Abascal, no habrá negativa previa.

El giro que Génova postergó durante un año

El movimiento no es improvisado. En Moncloa.com hemos detectado que la dirección nacional llevaba semanas preparando este paso, consciente de que todas las encuestas —salvo la cocina del CIS— sitúan al PP en primer lugar, pero sin mayoría absoluta. La realidad demoscópica empujaba a normalizar un hipotético gobierno de coalición. Feijóo lo verbalizó con naturalidad: «No hay que demonizar a un partido que es el tercero de España». Dicho de otro modo, si los españoles colocan a Vox como socio necesario, el PP se sentará a negociar.

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La estrategia es doble. Por un lado, desactiva el argumento del miedo que Moncloa utiliza contra las derechas. Por otro, enmarca cualquier futura negociación bajo unos «códigos» propios. Y esos códigos tienen líneas rojas explícitas que en el PP defienden como irrenunciables: aborto y derechos LGTBI. Feijóo fue claro: «A cualquier mujer que quiera interrumpir su embarazo le amparan las leyes y no se lo vamos a impedir». Sobre los derechos del colectivo, el compromiso es de mantenimiento absoluto.

Eso sí, la eutanasia la reformaría. No dio detalles, pero abrió un capítulo que en Génova consideran asumible porque, según sus cálculos, no toca la fibra del votante medio con la misma intensidad. La izquierda ya ha reaccionado tachándolo de ambigüedad, pero los barones consultados por esta redacción recuerdan que varios presidentes autonómicos del PP ya han aplicado políticas de apoyo a la vida sin retroceder en la ley de plazos.

Las líneas rojas que Vox aún no ha respondido

El silencio de Santiago Abascal tras la entrevista es tan significativo como las palabras de Feijóo. Ningún dirigente oficial de Vox ha valorado expresamente si acepta renunciar a los puntos históricos de su programa —derogación de la ley del aborto y revisión de las leyes trans y LGTBI— para entrar en un gobierno. Alguno de sus lugartenientes ha destacado el guiño a la «prioridad nacional» que Feijóo defendió allí mismo: «No distinguimos entre español o inmigrante, preguntamos cuántos años lleva». Es decir, el PP traduce la prioridad nacional como empadronados primero, un matiz que suaviza el discurso de Vox y que podría funcionar como pasarela de encuentro.

Pero las condiciones sobre aborto y derechos LGTBI no son cosméticas. Son los puntos que podrían romper la baraja si Vox insiste en llevarlos a la mesa de negociación. Feijóo ha dejado claro que «nos sentaremos y la haremos en función de los códigos de nuestros partidos». La frase tiene una lectura estratégica: el PP está dispuesto a ceder cuotas de poder, pero no su identidad como partido de Estado. Es un órdago a Abascal: o aceptas estas reglas o te quedas fuera.

Génova ha decidido no esperar a la noche electoral para fijar el perímetro de la coalición.

El Eje del Poder Popular

El giro de Feijóo tiene múltiples destinatarios. Internamente, aplaca a los sectores más pragmáticos del partido, que veían la negativa previa a pactar como un lastre electoral. También tranquiliza a los barones autonómicos que ya gobiernan gracias a acuerdos con Vox —Andalucía, Castilla y León, Comunitat Valenciana— y que ahora ven respaldada su gestión desde la cúpula nacional. Juanma Moreno y Isabel Díaz Ayuso, dos referentes indiscutibles, no participan de este debate de manera explícita, pero sus equipos interpretan el guiño de Feijóo como un aval a las alianzas territoriales.

En el plano parlamentario, el presidente popular abrió también la puerta a pactos puntuales con Junts: «Nosotros pactamos con Junts», dijo en referencia a cuestiones económicas en el Congreso. Es un movimiento arriesgado porque desdibuja la línea roja con el independentismo, pero que responde a una lógica estrictamente institucional: para desgastar al Gobierno, el Grupo Parlamentario Popular necesita sumar mayorías alternativas, especialmente ahora que Feijóo anticipa un posible adelanto electoral. El líder popular confesó que «hace dos meses» estaba seguro de que las elecciones serían en verano de 2027, pero que ya no lo ve tan claro.

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Lo que hemos observado en Moncloa.com es un PP que se prepara para gobernar sin esperar a que el calendario oficial le dé la razón. La combinación de líneas rojas con oferta de pacto no es un simple globo sonda: es el esqueleto de un programa de gobierno que busca mayoría suficiente. El precedente histórico más cercano es el del pacto del Majestic, pero aquí Feijóo no se sienta con un partido catalán sino con Vox, lo que obliga a modular el discurso para no perder centralidad.

El riesgo inmediato es que Abascal rechace las condiciones y dinamite la posibilidad de coalición, dejando al PP en una situación similar al bloqueo postelectoral de 2023. Pero Génova apuesta a que el votante conservador prefiere un gobierno PP-Vox con matices a otras fórmulas. Las próximas semanas dirán si Vox acepta el papel de socio subalterno que respete los límites que ha dibujado el presidente popular.

🏛️ El Apunte de Génova

  • Mensaje fuerza: El PP es la única fuerza capaz de gobernar con estabilidad, respetando los derechos aprobados, y está dispuesto a pactar con Vox si este acepta las líneas rojas del aborto y los derechos LGTBI.
  • Protagonista: Alberto Núñez Feijóo (presidente nacional del PP) y, en ausencia, Santiago Abascal (líder de Vox), cuyo silencio es la otra gran noticia de la noche.
  • Próximo hito: Reacción oficial de Vox y posible respuesta en sede parlamentaria durante la próxima sesión de control al Gobierno.