Nunca pensé que comprar una ensaladilla en el súper me pusiera en el dilema de si estaba traicionando al bar de la esquina. Pero la realidad es que los pasillos de Mercadona ya no son solo de tránsito: muchas tiendas se han convertido en auténticos ‘restaurantes’ de bajo coste. Y la hostelería barcelonesa ha dicho basta.
El Gremio de Restauración de Barcelona ha interpuesto una denuncia contra 30 establecimientos de Mercadona en la ciudad. ¿El motivo? Lo que llaman ‘mercaurantes’: zonas equipadas con microondas, mesas, cubiertos y hasta máquinas de café, donde los clientes pueden consumir los platos preparados de la sección ‘Listo para comer’. La asociación patronal presentó la reclamación a principios de junio de 2026, señalando a una treintena de supermercados repartidos por toda la ciudad. Para el sector, no son simples áreas de descanso.
Las claves del conflicto
- Un modelo que se replica: En estos espacios, el cliente encuentra todo lo necesario para comer in situ: vasos, servilletas, salsas y un microondas. No hay camareros, pero la experiencia se asemeja a un autoservicio de restauración rápida.
- La Ordenanza municipal en el punto de mira: La normativa de comercio alimentario de Barcelona prohíbe utilizar “la zona entre cajas y salida para cualquier actividad comercial”. El Gremio sostiene que estos puntos de consumo la infringen de forma flagrante.
- Mercadona se defiende: La cadena asegura que son zonas de descanso sin personal dedicado y que no cobran por su uso. No obstante, no han ocultado su apuesta por la comida preparada.
Roger Pallarols, director del Gremio, lo resumió con claridad: “No son zonas de descanso, tienen surtido de vasos y hasta microondas. Ahora el supermercado es una especie de restaurante low cost y esto es intrusismo”. Mercadona replica que sus establecimientos cumplen escrupulosamente la ley.
“No son zonas de descanso, tienen surtido de vasos y hasta microondas. Ahora el supermercado es una especie de restaurante low cost y esto es intrusismo”
La Ordenanza de establecimientos y centros de comercio alimentario de Barcelona es tajante: “La zona comprendida entre las cajas de cobro y las puertas de salida no se utilizará para ninguna actividad comercial o de servicios”. Para el Gremio, la mera existencia de microondas y cubiertos ya convierte esa zona en un punto de restauración.
Además, las 30 tiendas denunciadas cuentan con hasta 30 plazas de asiento cada una, según los inspectores del gremio. No es un servicio improvisado: está diseñado para que el cliente se quede y consuma.
De momento, el Ayuntamiento no se ha pronunciado, pero el Gremio ya ha anunciado que ampliará la denuncia a otras cadenas como Carrefour o Alcampo, que también ofrecen zonas similares. Se espera que la presión normativa fuerce a los supermercados a modificar sus espacios.
La polémica no es nueva, pero la denuncia formal en Barcelona marca un antes y un después. El ‘Listo para comer’ de Mercadona ya factura cerca de 700 millones de euros al año en toda España, una cifra que le pisa los talones a las grandes cadenas de fast food. Y el segmento de platos preparados en supermercados ha crecido un 55% desde 2022. Los expertos apuntan a que la comida preparada seguirá ganando cuota: cada vez menos cocinas en los hogares, y el tiempo se ha convertido en un lujo. Pero este nuevo hábito no debería construirse a costa de la hostelería de proximidad.
Lo que para el consumidor es una opción rápida y económica, para el hostelero supone competir en desigualdad: locales con alquileres y personal frente a un modelo que no tiene que servir mesas ni cumplir las exigencias de un bar o restaurante.
Más allá del pulso legal, lo cierto es que los hábitos de consumo han cambiado. La comida preparada gana terreno, y los supermercados han visto el filón. Pero la pregunta que queda en el aire es si las administraciones actuarán o si el ‘mercaurante’ se consolidará como un formato híbrido que desdibuja las fronteras entre comercio y hostelería.
Alternativas y maridaje
Mientras el Ayuntamiento decide, los consumidores tenemos ante nosotros un dilema. Si optamos por el ‘Listo para comer’, ¿estamos contribuyendo a vaciar los bares del barrio? Tal vez la solución pase por un modelo mixto: zonas de consumo reguladas que no desplacen al pequeño comercio, pero que reconozcan una nueva realidad.
En otras ciudades, como Madrid o Valencia, los ‘mercaurantes’ también proliferan sin una normativa clara. De hecho, algunos establecimientos ya han empezado a cobrar por el uso del microondas o a limitar el tiempo de estancia, pequeños ajustes que evidencian la tensión.
Para el hostelero tradicional, la receta no es demonizar al súper, sino reivindicar el valor del servicio y la calidad que un microondas no puede replicar. Y para el consumidor, la clave está en elegir con conciencia.
