Las riadas en Ourense y sur de Lugo arrasan aldeas: el alcalde de Viana do Bolo pide la intervención de la UME

Las tormentas que descargaron sobre el terreno quemado en 2025 anegaron viviendas y cortaron carreteras en Valdeorras y sur de Lugo. El alcalde de Viana do Bolo exige la intervención de la UME ante el riesgo de nuevos desbordamientos.

Las tormentas del miércoles han anegado aldeas y cortado carreteras en el este de Ourense y sur de Lugo, y el alcalde de Viana do Bolo pide la UME.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Trombas de agua con 5.000 rayos inundaron bajos, cortaron la N-120 y la OU-533 y arrastraron toneladas de tierra y árboles desde zonas quemadas en 2025.
  • ¿Quién está detrás? La gestión de la emergencia corresponde a la Xunta, pero el alcalde de Viana do Bolo califica la situación de “dantesca” y solicita a la Unidad Militar de Emergencias (UME).
  • ¿Qué impacto tiene? Varias aldeas están incomunicadas; si llueve de nuevo, los puentes corren riesgo de derrumbe por los restos acumulados.

La tarde del miércoles dejó un espectáculo eléctrico sin precedentes en el interior gallego. MeteoGalicia (el servicio meteorológico de la Xunta) contabilizó cerca de 5.000 rayos, concentrados sobre todo en las provincias de Lugo y Ourense en la franja de siete a ocho de la tarde. Las trombas de agua no solo fueron violentas: cayeron sobre un paisaje todavía herido por los incendios de agosto de 2025, cuando Valdeorras sufrió el fuego más extenso registrado nunca en Galicia. La tierra calcinada, sin vegetación que la sujete, se convierte en un torrente de lodo, piedras y ramas en cuanto la lluvia aprieta.

Así ocurrió en varios puntos de Viana do Bolo y A Gudiña, donde el agua arrastró toneladas de sedimentos hasta anegar bajos y cortar carreteras. La N-120, a la altura de Arcos, quedó interceptada al desbordarse el río Farelos, y la comarcal OU-533 entre A Gudiña y Viana do Bolo quedó intransitable por la acumulación de troncos y piedras. En las aldeas, los vecinos tuvieron que refugiarse en las plantas altas mientras el agua subía en las cocheras y los portales.

Publicidad

El arrastre de los incendios de 2025: cuando el fuego pasado alimenta las crecidas

La imagen de Pradocabalos, con la carretera convertida en un canal de barro y troncos, retrata la vulnerabilidad del rural gallego. “Es dantesco, un auténtico desastre”, ha declarado el alcalde, Germán García-Ávila, que reclama la intervención inmediata de la Unidad Militar de Emergencias. Toneladas de restos vegetales y piedras obstruyen los arroyos y amenazan con convertir cualquier nueva lluvia en una riada aún más destructiva.

El regidor teme además por uno de los puentes del municipio, que podría ceder si no se retira la maraña de ramas y lodo acumulada en sus pilares. La Xunta, a través de la Consellería de Medio Rural, aún no ha detallado las actuaciones previstas, más allá del seguimiento meteorológico. Mientras, los vecinos de parroquias como Pradocabalos o Vilamartín de Valdeorras limpian el barro a cubos, con la sensación de que la próxima tormenta puede repetir la escena.

La lluvia de este miércoles ha sido el castigo de una tierra que ardió hace diez meses y que aún no ha podido retener sus sedimentos.

MeteoGalicia anuncia para este jueves nuevas tormentas fuertes en la montaña de Lugo, entre A Fonsagrada y Folgoso do Courel, con actividad especialmente intensa entre las tres y las nueve de la tarde. La alerta mantiene en vilo a los ayuntamientos del oriente ourensano, donde cualquier aviso de lluvia se traduce ya en miedo a que la corriente arrastre más escombros y acabe por derrumbar lo que aún queda en pie.

Viana do Bolo clama por la UME mientras las infraestructuras ceden

La solicitud de García-Ávila tiene un calado político evidente. La actuación de la UME requiere la autorización del Gobierno central, lo que implica un reconocimiento de que los recursos autonómicos no bastan. El alcalde no ha dudado en elevar el tono para que la Xunta y la Delegación del Gobierno agilicen el envío de efectivos. “No es una inundación cualquiera: es la consecuencia de tener el monte como un polvorín”, ha lamentado.

En el sur de Lugo, Monforte también ha sufrido anegamientos, aunque de menor entidad. La sensación general es la de asistir a una concatenación de catástrofes que arranca en los incendios de 2025, pasa por la falta de regeneración del suelo y desemboca en riadas que arrasan pequeños núcleos rurales sin apenas capacidad de defensa.

El Laboratorio Gallego

Las crecidas de Viana do Bolo no se entienden sin la memoria reciente del fuego. Galicia cerró 2025 con el incendio más grande de su historia registrada, y ahora comprueba que el riesgo no se apaga al liquidar las llamas. La política forestal de la Xunta, basada en la prevención de incendios mediante desbroces y la promoción de especies resistentes, está siendo cuestionada por el BNG y el PSdeG, que reclaman una inversión mayor en restauración hidrológico-forestal. El dato de los 5.000 rayos en una sola tarde añade una nueva variable: la intensidad de las tormentas multiplica la capacidad destructiva del suelo degradado.

Publicidad

La lectura nacional de Galicia cobra fuerza aquí. Alberto Núñez Feijóo ha presentado a menudo la gestión forestal gallega como un modelo exportable al resto de España, con medidas como la ley de montes y el refuerzo de los consorcios de extinción. Pero lo ocurrido en Valdeorras evidencia que la fase post-incendio, la restauración de cuencas, sigue siendo la gran asignatura pendiente. Si el PP nacional aspira a replicar ese esquema, las imágenes de carreteras convertidas en ramblas deberían servir de aviso sobre las consecuencias de una prevención incompleta.

Más allá de la coyuntura, la proyección apunta a la próxima reunión de la Comisión de Interior del Parlamento de Galicia, donde la oposición pedirá explicaciones al conselleiro de Presidencia sobre la coordinación con la UME. También pone en el punto de mira el Plan de Recuperación de Zonas Afectadas por Incendios, cuyas partidas los grupos de la oposición consideran insuficientes. Mientras tanto, las previsiones meteorológicas amenazan con nuevas tormentas y el rural aguarda con el temor de que el agua vuelva a recordar, con furia, lo que ardió hace diez meses.

Ficha del Caso

  • El caso: Las tormentas del 17 de junio de 2026 descargaron sobre el terreno quemado en 2025 y provocaron riadas que anegaron aldeas en Valdeorras, Viana do Bolo y sur de Lugo.
  • Datos importantes: Cerca de 5.000 rayos registrados por MeteoGalicia; corte de la N-120 y la OU-533; toneladas de lodo y troncos arrastrados; el alcalde de Viana do Bolo califica la situación de “dantesca” y solicita la UME.
  • Resumen: El episodio ilustra la fragilidad del rural gallego ante fenómenos extremos y la necesidad de una política de restauración forestal que evite que las cenizas del fuego se conviertan en el barro que todo lo arrasa.