Irán cierra el estrecho de Ormuz y acusa a EE.UU. e Israel de violar el alto el fuego en Líbano

La Guardia Revolucionaria anuncia el bloqueo del paso marítimo vital para el tránsito petrolero mundial. Washington niega haber incumplido el acuerdo y busca una nueva tregua en Líbano.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? Irán ha anunciado el cierre del estrecho de Ormuz como represalia por las supuestas violaciones del alto el fuego en Líbano. La Guardia Revolucionaria acusa a EE. UU. e Israel de incumplir el acuerdo que pausó las hostilidades.
  • ¿Quién está detrás? El Cuartel General Conjunto Khatam al-Anbiya, órgano militar de la República Islámica, es el que emite la amenaza. La negociación directa con Washington estaba en marcha hasta ayer.
  • ¿Qué impacto tiene? El bloqueo del estrecho por donde transita un quinto del suministro mundial de petróleo amenaza con disparar los precios del crudo y la inestabilidad en los mercados energéticos globales, con repercusión directa en los surtidores y la calefacción en España.

Irán ha anunciado este sábado el cierre del estrecho de Ormuz como represalia directa por las supuestas violaciones del alto el fuego en el Líbano que atribuyen al Gobierno de Estados Unidos y a Israel. La decisión, comunicada por el mando militar conjunto Khatam al-Anbiya, tensa al máximo el ya frágil armisticio que las partes habían alcanzado apenas una semana atrás. «Ante la mala fe de Washington y su evidente incumplimiento del primer artículo del memorando que puso fin a la guerra, el estrecho de Ormuz quedará cerrado al paso de buques», subrayaba el comunicado. El gesto devuelve al mundo a una dinámica de presión energética que hace doce meses parecía superada.

La maniobra se produce en un momento crítico. Las conversaciones para consolidar la tregua quedaron suspendidas el viernes en Suiza, justo después de que Israel prosiguiera con sus bombardeos contra posiciones de Hezbolá, la milicia chií respaldada por Teherán. Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, ya había advertido que su país no se retiraría del sur del Líbano —la zona que ejerce de colchón frente a Hezbolá— sin importar lo que el acuerdo entre Washington y Teherán estipulara. La cláusula de alto el fuego universal, que cubría también el frente libanés, es ahora mismo una promesa en el papel.

La administración estadounidense se encuentra en una encrucijada diplomática. El memorando de entendimiento firmado con Irán buscaba congelar todos los frentes abiertos, pero Israel nunca lo firmó y, por tanto, se considera fuera de sus compromisos. Los intentos de Washington por recolocar las piezas este mismo fin de semana —incluyendo un viaje de urgencia del secretario de Estado, Marco Rubio, del que no han trascendido detalles— reflejan la dificultad de mantener un alto el fuego con un aliado que no comparte las reglas del juego. Mientras, Hezbolá y las Fuerzas de Defensa de Israel continúan cruzándose ataques, cada cual acusando al otro de romper primero la tregua.

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La petrolera española Repsol y los operadores del sector energético siguen con lupa cada movimiento en el Golfo Pérsico. El estrecho de Ormuz canaliza unos 20 millones de barriles diarios, aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo, y cualquier amenaza de corte prolongado envía señales de pánico a los mercados. Los contratos de futuros del barril de Brent ya se movían al alza en la sesión asiática del domingo, y los analistas anticipan subidas de entre 5 y 8 dólares si el cierre se materializa de forma efectiva. Para un país como España, que importa más del 60% de su energía primaria, un barril más caro impacta directamente en los precios del transporte y la calefacción.

Madrid ha seguido el pulso desde la cautela. Fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores han confirmado a esta redacción que se mantienen en contacto con los aliados europeos y con la Casa Blanca, pero por ahora no se contempla ninguna medida de intervención en los mercados. El Gobierno español confía en que la tregua pueda reencauzarse antes de que el despliegue naval iraní obstruya físicamente el paso. No obstante, la posibilidad de una espiral alcista en los carburantes llega en un momento políticamente incómodo, a las puertas del verano y con una inflación subyacente que no acaba de remitir.

El estrecho de Ormuz es la arteria por la que respira la economía mundial, y Teherán lo sabe mejor que nadie.

La Lógica de Washington

Washington no tiene otra opción que intentar salvar un acuerdo que puso fin a una guerra directa con Irán que ha durado meses. El memorando del alto el fuego, negociado con una intensidad diplomática que recuerda a los canales secretos abiertos por Obama en 2013, era la pieza central de la estrategia de la Administración Trump para rebajar la tensión en Oriente Medio sin ceder en su alianza con Israel. La contradicción estructural siempre estuvo ahí: el pacto exigía una calma que Israel, en plena campaña contra Hezbolá, no estaba dispuesto a conceder. Netanyahu considera que el sur del Líbano es una línea roja existencial, y desde Jerusalén se interpreta el acuerdo como una concesión intolerable a la República Islámica. El Pentágono y el Departamento de Estado están ahora mismo atrapados entre dos lealtades: la del aliado histórico y la del armisticio que evita una confrontación abierta con Irán.

El impacto para España es inmediato y de doble filo. Por un lado, la subida del petróleo encarecerá la factura energética nacional justo cuando el precio de la luz estaba dando un respiro. Por otro, la interrupción del flujo por Ormuz podría acelerar la diversificación de suministros que las grandes energéticas españolas ya estaban ensayando —más compras de Nigeria, Argelia y EE. UU.—, lo que a la larga reduciría la dependencia del Golfo. Pero esa transición no es gratis ni rápida. A corto plazo, lo que importa es la próxima ventana de negociación en Ginebra y si Rubio consigue arrancar un compromiso israelí que desactive la amenaza iraní. Si no, la gasolina volverá a ser un quebradero de cabeza en las próximas semanas.

Ficha del Caso

  • El caso: La Guardia Revolucionaria iraní anuncia el cierre del estrecho de Ormuz tras acusar a Washington y Tel Aviv de violar el alto el fuego en Líbano. Es la segunda vez en este conflicto que Teherán recurre a la estrangulación energética como herramienta de presión.
  • Datos clave: Por Ormuz pasa el 20% del petróleo mundial (20 millones de barriles diarios). Los futuros del Brent se disparaban más de un 4% en las primeras horas de la amenaza. España importa anualmente unos 60 millones de toneladas de productos petrolíferos, una cuarta parte de las cuales suele transitar por la ruta del Golfo.
  • Para España: Precios más altos de los combustibles y un foco de inestabilidad geopolítica que obliga al Gobierno a buscar alternativas de suministro mientras la diplomacia europea se alinea con los esfuerzos de la Casa Blanca por salvar la tregua.