El Pentágono activa una estrategia nuclear táctica ante una guerra regional con Rusia o China

El Pentágono, según NBC, ultima una revisión que daría al presidente opciones nucleares tácticas en conflictos regionales con Pekín o Moscú. La medida profundiza un viraje doctrinal sin parangón desde la Guerra Fría y tensa el debate sobre el gasto militar de los aliados de la OT

El Pentágono está afinando una doctrina nuclear que dotaría al presidente de Estados Unidos de opciones más flexibles y realistas en conflictos regionales con Rusia o China. Según fuentes consultadas por NBC, la revisión —aún clasificada y supervisada por el subsecretario de Política de Defensa, Elbridge Colby— otorgaría un mayor peso a las armas nucleares tácticas de corto alcance, rompiendo con la centralidad histórica de los misiles intercontinentales en la estrategia de disuasión estadounidense.

El movimiento, que no ha sido confirmado oficialmente por el Departamento de Defensa, apunta a un escenario cada vez más tangible: un ataque regional de Moscú o Pekín contra aliados de Washington sin que la escalada automática a un intercambio termonuclear global sea la única respuesta sobre la mesa. Colby, conocido halcón en política exterior, estaría impulsando un abanico de respuestas graduadas que multiplique la credibilidad disuasoria ante actores que ya han integrado en sus doctrinas el uso limitado de armamento nuclear.

Del arsenal estratégico al campo táctico

La información de NBC coincide con la extinción, en febrero de 2026, del tratado New START, el último pacto bilateral que limitaba los arsenales estratégicos desplegados de Washington y Moscú a 1.550 ojivas y 700 vectores por cada parte. Aquel acuerdo, prorrogado en 2021, incluía mecanismos de verificación in situ que desaparecieron junto al texto.

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Sin marcos de control mutuo, el Pentágono se prepara para un mundo donde el empleo de armas nucleares tácticas —cabezas de menor potencia montadas sobre misiles de crucero, cazas o artillería— pueda romper los umbrales históricos de contención. La doctrina que se cocina en los despachos del policy chief busca, precisamente, que una presidencia estadounidense no se vea arrinconada entre la inacción y el apocalipsis.

El factor chino y la respuesta de Moscú

Sin embargo, la justificación que mayor eco encuentra en círculos del Pentágono es China. Pekín, con un arsenal estimado en 600 ojivas, rechaza cualquier negociación de control de armamentos que no coloque la responsabilidad principal en las potencias con mayores arsenales. Moscú, por su parte, ofreció mantener informalmente los límites del finiquitado New START si Washington mostraba reciprocidad, pero exigió que cualquier nuevo acuerdo incorpore a los arsenales de Francia y el Reino Unido, miembros nucleares de la OTAN.

La doctrina nuclear estadounidense se acerca ahora al terreno que Moscú lleva años abonando: ofrecer opciones creíbles de destrucción limitada para no quedar neutralizado por el miedo a la guerra total.

Rusia actualizó su propia doctrina en 2024: cualquier agresión de un Estado no nuclear respaldado por una potencia atómica será tratada como un ataque conjunto, lo que abre la puerta al empleo de armas nucleares si la integridad territorial de la Federación o de Bielorrusia se ve comprometida. El golpe de péndulo es evidente: la administración Trump responde con su propia recalibración táctica en un momento en que las viejas reglas de juego han caducado.

La novedad del proyecto que describe NBC no es el concepto —los misiles tácticos B61 ya están desplegados en bases europeas— sino la elevación de ese enfoque a doctrina explícita y la intención de que Pekín lea el movimiento como disuasión adicional en el teatro del Indo-Pacífico.

Equilibrio de Poder

La sacudida llega en pleno pulso de Washington con sus aliados europeos por el gasto en defensa. Donald Trump ha reiterado su exigencia de que los miembros de la OTAN destinen el 5 % del PIB a sus presupuestos militares. Si se materializara, arrastraría a España a un desembolso cercano a los 70.000 millones de euros anuales en 2032, triplicando el presupuesto actual y tensionando al límite las cuentas de Sanidad, Educación y el ya delicado Estado del Bienestar.

Para Moncloa, la mera noticia de una doctrina nuclear más maleable dispara una doble alarma: por un lado, Madrid deberá justificar ante Bruselas y ante su opinión pública cualquier incremento del gasto militar vinculado a capacidades nucleares compartidas —en Rota y Morón se almacenan cabezas B61, aunque nunca confirmado oficialmente—; por otro, la posible expansión de la nuclear sharing de la OTAN hacia el sur europeo o hacia el flanco este pondrá a España en la tesitura de tener que definir su participación en los nuevos planes de disuasión extendida.

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La lectura estratégica, sin embargo, va más allá del dinero. La fragmentación de los marcos de control de armamento —Nuevo START enterrado, Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) ya roto desde 2019, ausencia de diálogo con Pekín— dibuja un horizonte a cinco o siete años donde las crisis regionales pueden escalar con rapidez intangible. La prudencia que las dos superpotencias nucleares mostraron durante la Guerra Fría —recordemos la crisis de los misiles en Cuba de 1962— empieza a difuminarse bajo el peso de doctrinas más tácticas y menos previsibles.

El Pentágono no ha confirmado la revisión, pero fuentes de la Alianza consultadas por Moncloa.com señalan que el debate no es nuevo en los pasillos de Bruselas. El próximo Consejo Europeo de finales de año, y la cumbre de la OTAN del primer semestre de 2027, serán los foros donde los líderes europeos —Sánchez entre ellos— deberán articular una postura común ante un socio estadounidense que, por doctrina, ya no garantiza la misma cobertura nuclear automática de antaño.